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Imagina que el fútbol no es solo un juego de 11 personas corriendo detrás de un balón, sino una orquesta gigante. En una orquesta, si un violinista toca una nota perfecta, es genial. Pero si esa nota es parte de una sinfonía increíble donde el director, los otros violines y los metales trabajaron juntos para crear una melodía hermosa, el valor de esa nota es mucho mayor.
El problema es que, hasta ahora, los analistas de fútbol solo miraban al violinista que tocó la nota final (el gol) y decían: "¡Qué gran violinista!". Se olvidaban de todo el trabajo previo.
Este artículo propone una nueva forma de medir a los jugadores, como si fuera un sistema de justicia para el trabajo en equipo. Aquí te explico cómo funciona, paso a paso, con analogías sencillas:
1. El problema: El "Goleador" vs. El "Equipo"
Tradicionalmente, medimos a los jugadores por goles o asistencias. Es como si en una empresa solo pagáramos al vendedor que firmó el contrato, ignorando a quien hizo el diseño, al que negoció el precio y al que arregló el coche de la empresa.
Existe una métrica llamada xG (Goles Esperados) que intenta predecir la probabilidad de que un tiro sea gol. Pero el xG solo mira el último segundo: "¿Estaba cerca del arco? ¿Qué ángulo tenía?". Ignora cómo llegó el balón ahí. ¿Fue un pase largo de 50 metros? ¿Fue una combinación de 10 pases? El xG no lo sabe.
2. La solución: El "xGA" (La Calidad de la Acción)
Los autores crearon una nueva métrica llamada xGA (Goles Esperados de la Acción).
- La analogía: Imagina que el gol es el pastel final. El xG solo mide qué tan bueno es el pastel. El xGA mide toda la receta: la calidad de los ingredientes (los jugadores), la habilidad del chef (el pase inicial) y la coordinación del equipo para hornearlo.
- El xGA no solo mira el tiro, sino todo el camino: cuántos jugadores participaron, cuántos pases hubo y cómo se movieron. Si un equipo hace una jugada compleja de 10 pases antes de tirar, el xGA le da más valor a esa jugada que a un tiro desordenado.
3. La magia matemática: El "Shapley Restringido" (El Reparto Justo)
Aquí es donde entra la parte más interesante. Una vez que sabemos que la jugada valía mucho (gracias al xGA), ¿cómo repartimos ese valor entre los 10 o 11 jugadores que participaron?
Usan una idea de la teoría de juegos llamada Valor de Shapley, pero adaptada al fútbol.
- La analogía del equipo de construcción: Imagina que construyes una casa.
- Si el arquitecto trabaja solo, no construye nada.
- Si el albañil trabaja solo, tampoco.
- Pero si trabajan juntos, construyen una casa.
- El Valor de Shapley pregunta: "¿Cuánto aporta cada persona extra cuando se une al grupo?".
- El problema en el fútbol: En un partido real, no todos los 11 jugadores pueden estar en todas las jugadas. A veces son 3, a veces 5. No es posible que todos los equipos posibles se formen al azar.
- La solución (Restringido): Los autores dicen: "No vamos a imaginar equipos que nunca existen. Vamos a mirar solo los equipos que realmente se formaron en el campo". Llamamos a esto Valor de Shapley Restringido (PRS). Es como decir: "Mira, en esta jugada específica, estos 5 jugadores trabajaron juntos. ¿Cuánto añadió cada uno a la calidad de esa jugada?".
4. ¿Qué nos dice esto? (Los Resultados)
Aplicaron esto a la liga italiana (Serie A) de la temporada 2022/23, analizando miles de jugadas. Descubrieron cosas fascinantes:
- No todos los que tocan el balón son iguales: Algunos jugadores tienen un "PRS" muy alto. Esto significa que, aunque no siempre marquen gol, su participación hace que la jugada sea mucho más peligrosa y probable de terminar en gol. Son los "maestros de la orquesta".
- El caso de Osimhen (Napoli): Fue el jugador con el valor más alto. No solo marcaba muchos goles, sino que su presencia y movimiento hacían que todo el ataque de su equipo fuera de alta calidad.
- Los "Invisibles": Hubo jugadores con valores negativos. No es que fueran malos, sino que cuando ellos participaban en una jugada, la calidad de esa jugada bajaba un poco respecto al promedio.
- La paradoja del delantero: En el gráfico final, vieron jugadores que eran excelentes terminando goles (eficientes) pero que no ayudaban a construir la jugada (bajo PRS). Y viceversa: jugadores que construían jugadas increíbles pero fallaban al final.
En resumen
Este paper nos dice que para entender realmente a un jugador de fútbol, no basta con contar goles. Necesitamos entender cómo contribuye al trabajo en equipo.
Es como si en una empresa de software, en lugar de solo premiar al programador que arregló el error final, premiáramos también a quien diseñó la arquitectura, al que escribió el código base y al que ayudó a depurar. Gracias a esta nueva fórmula, los entrenadores y los clubes pueden encontrar a los jugadores que realmente hacen que el equipo funcione mejor, incluso si no son los que firman el gol en el último minuto.
La lección clave: En el fútbol, como en la vida, el éxito rara vez es un acto solitario; es el resultado de una cadena de cooperación, y ahora tenemos una herramienta matemática para valorar a cada eslabón de esa cadena.