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🔬 optics

Attosecond delay metrology beyond the photon coherence time with spectrally resolved Hong-Ou-Mandel interferometry

Este artículo demuestra que la interferometría de Hong-Ou-Mandel espectralmente resuelta permite la detección de retardo de trayectoria con precisión de attosegundos en una sola medición sobre un rango dinámico que excede el tiempo de coherencia de los fotones por dos órdenes de magnitud, ofreciendo una técnica de metrología cuántica robusta y libre de calibración para aplicaciones del mundo real.

Autores originales: Yingwen Zhang, Kyle Jordan, Duncan England, Vincenzo Tamma, Ebrahim Karimi, Benjamin Sussman

Publicado 2026-07-21
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Yingwen Zhang, Kyle Jordan, Duncan England, Vincenzo Tamma, Ebrahim Karimi, Benjamin Sussman

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina que estás intentando medir la distancia entre dos amigos que están de pie en un campo con niebla. Si usas una linterna estándar, solo puedes saber si están cerca si sus sombras se superponen perfectamente; una vez que se separan demasiado, la niebla se traga la señal y pierdes el rastro de ellos. Así es como funcionan las herramientas tradicionales de medición de luz: dependen de la "coherencia" de la luz, una forma elegante de decir cuánto tiempo permanecen las ondas de luz en fase entre sí. Si la diferencia de trayectoria es mayor que este paso, la medición falla. Pero, ¿qué pasaría si pudieras usar un tipo especial de linterna que no solo proyecta un haz, sino que envía un par de gemelos perfectamente sincronizados? En el mundo de la física cuántica, estos fotones "gemelos" están entrelazados, lo que significa que sus destinos están vinculados sin importar lo lejos que estén el uno del otro. Los científicos han utilizado estos gemelos durante mucho tiempo para medir distancias diminutas con una precisión increíble, pero se toparon con un muro: solo podían medir distancias menores que el "tiempo de coherencia" de los gemelos, que es como una ventana de oportunidad muy corta antes de que los gemelos pierdan su conexión. Esta limitación ha mantenido la superprecisión cuántica encerrada en el laboratorio, incapaz de medir objetos más gruesos o distancias más largas sin ajustes constantes y complicados.

Un equipo de investigadores ha encontrado una forma ingeniosa de romper esa pared de niebla. No se limitaron a observar cuándo llegaban los gemelos; observaron los colores de los gemelos a medida que llegaban. Al analizar las "franjas" espectrales específicas (piensa en ellas como rayas o ondulaciones coloridas) creadas cuando estos fotones gemelos interfieren, el equipo descubrió que podían medir retrasos mucho más allá del límite tradicional. Es como darse cuenta de que, incluso si los gemelos caminan kilómetros de distancia, el patrón de sus huellas todavía contiene un código secreto que te dice exactamente cuánto caminaron, siempre y cuando sepas leer el ritmo de sus pasos. Este avance significa que ahora podemos usar luz cuántica para medir cosas con precisión de attosegundos (eso es un milmillonésimo de un milmillonésimo de segundo) en distancias cientos de veces mayores que antes, sin necesidad de recalibrar constantemente la máquina.

La regla cuántica que nunca necesita calibración

En este artículo, los investigadores demuestran una nueva forma de medir retrasos temporales y distancias utilizando una técnica llamada interferometría de Hong–Ou–Mandel (HOM) espectralmente resuelta. Para entender lo que hicieron, primero veamos la forma antigua. Tradicionalmente, los científicos utilizan la interferometría HOM para medir cuánto tiempo tarda la luz en recorrer cierta distancia. Envían dos fotones idénticos a un divisor de haz (un espejo que divide la luz). Si los fotones llegan exactamente al mismo tiempo, se "agrupan" y salen por el mismo lado, creando un descenso en el número de veces que se detectan por separado. Este descenso es la "regla" que utilizan. Sin embargo, esta regla es muy corta; solo funciona si la diferencia de trayectoria está dentro del "tiempo de coherencia" del fotón (el ancho de ese descenso). Si el objeto es demasiado grueso o el retraso es demasiado largo, el descenso desaparece y la medición falla.

Los autores de este artículo argumentan que no necesitamos depender de la profundidad de ese descenso. En su lugar, demuestran que si observas los colores (frecuencias) de los fotones, ves un patrón diferente: una serie de franjas de interferencia que parecen un código de barras. Estas franjas persisten incluso cuando la diferencia de trayectoria es enorme, mucho más allá del límite tradicional. El hallazgo clave es que la frecuencia (qué tan rápido se repiten las rayas) de estas franjas espectrales está directamente ligada al retraso temporal. Al medir qué tan "apretadas" o "sueltas" son estas rayas de color, los investigadores pueden calcular el retraso con extrema precisión, independientemente de qué tan lejos hayan viajado los fotones.

Los resultados: viendo lo invisible

El equipo construyó una configuración personalizada utilizando una cámara especial que puede etiquetar el tiempo y el color exactos de fotones individuales. Generaron pares de fotones entrelazados y enviaron uno a través de una trayectoria que podía ajustarse para crear un retraso. Esto es lo que encontraron:

  • Rompiendo el límite: Lograron medir retrasos de trayectoria que van desde -300 µm hasta 300 µm, e incluso hasta 1 mm. Este es un rango masivo, que excede el ancho del "descenso HOM" tradicional (que era de solo 5.7 µm) en más de dos órdenes de magnitud (más de 100 veces mayor).
  • Precisión inigualable: Cuando recolectaron datos de un millón de pares de fotones detectados, lograron una precisión de retraso temporal de 20 attosegundos, lo que corresponde a una precisión de distancia de 6 nanómetros. Incluso en operación de "tiempo real" (procesando datos a medida que llegan a 1 Hz), mantuvieron una precisión de 330 attosegundos (o 100 nanómetros).
  • Sin más recalibración: Una de las partes más emocionantes es que este método es "robusto". En los métodos antiguos, si perdías algunos fotones (debido a una lente sucia o una muestra gruesa) o si la interferencia no era perfecta, tenías que detenerte y recalibrar la máquina. Debido a que este nuevo método depende de la periodicidad (el ritmo) de las franjas en lugar del número absoluto de fotones, funciona perfectamente incluso si la señal es débil o la visibilidad disminuye. Lo demostraron midiendo el espesor de un cristal de 300 µm e incluso introduciendo pérdidas de fotones con filtros; la medición se mantuvo precisa sin necesidad de ninguna recalibración.

Por qué esto es importante

Los autores descartan explícitamente la idea de que sea necesario escanear el interferómetro o calibrar el "descenso" para obtener estos resultados. Demuestran que la información del retraso está codificada en las franjas espectrales, las cuales permanecen estables y legibles en un rango vasto. Este es un paso significativo porque traslada la metrología cuántica de un delicado experimento de laboratorio a una herramienta práctica.

Para demostrar que funciona en el mundo real, utilizaron su configuración para medir el espesor de un objetivo transmisivo de 300 µm (un cristal BBO) con precisión nanométrica en una sola toma. Encontraron que el cristal tenía un espesor de 309,716 ± 30 nm. Esto demuestra que la técnica puede manejar objetos del mundo real sin necesidad de las condiciones perfectas y estériles que suelen requerirse para las mediciones cuánticas.

Si bien el sistema actual está limitado por la velocidad de su cámara y la eficiencia de sus detectores (que solo captan alrededor del 8% de los fotones), los autores sugieren que las futuras actualizaciones con mejores detectores podrían hacer esto aún más rápido y preciso. Prevén que esta tecnología pueda utilizarse para cosas como la medición del espesor de materiales, la tomografía de coherencia óptica cuántica (una versión de alta tecnología de la imagen médica) y la detección de desplazamiento de largo alcance en entornos donde la pérdida de luz es inevitable.

En resumen, este artículo muestra que, al escuchar la "canción de color" de los fotones entrelazados en lugar de simplemente contarlos, podemos medir el mundo con precisión cuántica sobre distancias que antes se consideraban imposibles, todo ello sin necesidad de constantes ajustes y recalibraciones.

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