Demonstration of a 10-metre-long discharge plasma source for plasma wakefield acceleration
Este artículo informa sobre la exitosa caracterización experimental y la validación basada en haces de una fuente de plasma de descarga de CC pulsada de 10 metros de longitud como una alternativa reproducible y uniforme al vapor ionizado por láser para impulsar la aceleración de wakefield de plasma en el experimento AWAKE.
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Para comprender la ambición detrás de este trabajo, primero hay que comprender el desafío de construir la próxima generación de aceleradores de partículas. Las máquinas tradicionales, como los enormes anillos que circundan la Tierra, dependen de ondas de radio para empujar las partículas hacia adelante. Aunque son eficaces, estas ondas solo pueden proporcionar un cierto impulso antes de romperse, lo que obliga a los científicos a construir máquinas de cientos de kilómetros de longitud para alcanzar las energías más altas necesarias para investigar los secretos fundamentales del universo. Una alternativa más compacta consiste en utilizar plasma, un gas caliente y cargado eléctricamente, para crear campos de estela (wakefields). Imagine un bote moviéndose a través del agua; deja un rastro de ondas tras de sí. Si un grupo de partículas viaja a través del plasma, crea una estela similar. Si un segundo grupo de partículas cabalga esta estela en el momento justo, puede ser acelerado a velocidades increíbles en una distancia muy corta. El inconveniente es que, para alcanzar los niveles de energía requeridos para la física de altas energías, esta aceleración debe ocurrir en un tramo de plasma mucho más largo de lo que jamás se ha creado con éxito en un único tubo uniforme.
El experimento descrito en este artículo, realizado en el CERN en Ginebra, aborda este obstáculo específico. Los investigadores, que forman parte de la colaboración AWAKE, han probado con éxito un nuevo método para crear una columna de plasma de diez metros de largo que sea lo suficientemente estable y uniforme como para ser utilizada para estas aceleraciones de alta velocidad. Durante años, el equipo ha dependido de un láser para ionizar el vapor de rubidio, convirtiéndolo en plasma. Si bien este método funciona bien para distancias cortas, el propio láser se convierte en un factor limitante cuando se intenta extender la columna de plasma a las decenas o cientos de metros necesarios para las futuras máquinas. El equipo necesitaba un enfoque diferente que pudiera escalar sin perder el control preciso necesario para mantener las partículas en su trayectoria. Se decantaron por una descarga eléctrica, un proceso similar a la formación de un rayo, pero cuidadosamente controlado y repetido.
Los investigadores construyeron un tubo de vidrio de diez metros de largo y lo llenaron con gases nobles, específicamente helio, argón y xenón. En lugar de utilizar un láser, aplicaron un pulso eléctrico de alto voltaje al gas. Este pulso desprende los electrones de los átomos de gas, transformando instantáneamente el gas en plasma. La clave de su éxito fue una técnica de "doble pulso". El primer pulso actúa como una chispa para encender el gas, mientras que un segundo pulso, ligeramente más largo, calienta el plasma hasta un estado estacionario. Este proceso de dos pasos permite que el plasma se forme de manera fiable y constante, evento tras evento. El equipo puso en marcha este sistema miles de veces, probando su rendimiento con cada uno de los tres gases diferentes. Descubrieron que la descarga eléctrica podía producir consistentemente densidades de plasma adecuadas para la aceleración, que oscilaban entre cien billones y un cuatrillón de electrones por centímetro cúbico.
Para verificar que el plasma se comportaba exactamente como se esperaba, los investigadores no se limitaron a observar el gas; utilizaron el propio haz de partículas como herramienta de medición. Dispararon haces de protones de alta energía desde el Super Proton Synchrotron a través del plasma. Cuando estos protones viajan a través del plasma, se dividen naturalmente en un tren de diminutos micro-paquetes, un fenómeno conocido como automodulación. La velocidad a la que se forman estos micro-paquetes está directamente ligida a la densidad del plasma. Al medir la frecuencia de este patrón, los científicos pudieron calcular la densidad del plasma dentro del tubo. Compararon estas mediciones basadas en el haz con mediciones independientes de laboratorio realizadas mediante interferometría láser, una técnica que mide cómo se desplazan las ondas de luz al pasar a través del gas. Ambos métodos coincidieron notablemente bien, confirmando que la descarga eléctrica estaba creando un plasma con la densidad correcta.
Quizás el hallazgo más crítico fue la consistencia del sistema. Para que un acelerador de partículas funcione, el plasma no puede fluctuar salvajemente de un momento a otro; debe ser reproducible. El equipo midió la variación en la densidad del plasma de una descarga eléctrica a la siguiente y descubrió que era inferior al uno por ciento. Este nivel de estabilidad es comparable al rendimiento del sistema basado en láser que están reemplazando, demostrando que la descarga eléctrica es una alternativa viable. El sistema funcionó de forma fiable durante un periodo de tres semanas y más de veinte mil ciclos de descarga, mostrando que puede soportar los rigores de una operación continua. Además, los investigadores demostraron que, simplemente ajustando el tiempo entre el pulso eléctrico y la llegada del haz de protones, podían acceder a diferentes densidades de plasma dentro del mismo tubo, ofreciendo una forma flexible de ajustar el experimento sin cambiar el hardware.
Este trabajo establece que una fuente de plasma de diez metros de largo impulsada por descarga eléctrica no solo es posible, sino también robusta y reproducible. Abre la puerta a escalar estas fuentes a longitudes aún mayores, alcanzando potencialmente los cientos de metros necesarios para los futuros colisionadores de alta energía. Si bien el diseño actual está adaptado a las necesidades específicas del experimento AWAKE, el principio subyacente de utilizar descargas eléctricas para crear columnas de plasma largas y uniformes podría aplicarse a otros proyectos de aceleración basados en plasma. El éxito de este prototipo de diez metros sugiere que el camino hacia la construcción de aceleradores de partículas mucho más grandes, potentes y compactos se está aclarando, pasando de conceptos teóricos a una tecnología tangible y funcional.
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