Direct measurement of Enhanced octupole collectivity in 148Dy
Utilizando el espectrómetro GRIFFIN en TRIUMF, los investigadores midieron una fuerza de transición de octupolo eléctrico aumentada de 46(3) u.w. en Dy, proporcionando evidencia directa de una colectividad octupolar significativa más allá de y extendiendo los límites conocidos de este fenómeno lejos de los tradicionales números mágicos de octupolo.
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En el corazón de cada átomo se encuentra un núcleo, un cúmulo denso de protones y neutrones que suele tener una forma perfectamente redonda o ligeramente achatada. Durante décadas, los físicos han sabido que, bajo condiciones específicas, estos núcleos pueden estirarse en una forma de pera, donde un extremo es ligeramente más pesado que el otro. Esta forma inusual surge de un sutil juego de tracción y arrastre entre las partículas en su interior, creando una distorsión que rompe la simetría de la esfera. Los científicos están profundamente interesados en estos núcleos con forma de pera porque podrían contener la clave para comprender por qué el universo está hecho de materia en lugar de antimateria. Para encontrarlos, los investigadores buscan combinaciones específicas de protones y neutrones donde esta forma de pera es más probable que aparezca, a menudo cerca de ciertos números "mágicos" que actúan como peldaños estables en una escalera.
Un equipo de investigadores ha dado ahora un paso significativo hacia adelante en el mapeo de dónde existen estas formas de pera. Se centraron en un isótopo del elemento disprosio, específicamente un átomo con 66 protones y 82 neutrones. Al estudiar cómo decae este átomo, pudieron medir una propiedad llamada fuerza de transición octupolar eléctrica. En términos sencillos, esta medición nos dice con qué facilidad el núcleo puede pasar de una forma de pera de nuevo a una forma redonda, o con qué fuerza vibra en ese modo similar al de una pera. Cuanto más fuerte es esta señal, más pronunciada es la forma de pera dentro del núcleo. Esta medición específica es notoriamente difícil de realizar porque las señales son tenues y fácilmente ahogadas por otros tipos de decaimiento nuclear más comunes.
Para capturar esta señal elusiva, el equipo creó un haz de átomos de disprosio en una importante instalación de investigación en Canadá. Bombardearon un blanco con protones de alta energía para crear una versión rara e inestable del elemento, la cual luego filtraron y ralentizaron hasta que fue adecuada para la observación. Estos átomos fueron implantados en un sistema de cinta rodeado por un sofisticado conjunto de detectores. A medida que los átomos decaían, emitían rayos gamma, que son destellos de luz de alta energía. Los investigadores utilizaron una técnica de temporización especializada para medir exactamente cuánto tiempo esperó el núcleo excitado antes de liberar su energía. Al combinar esta temporización precisa con un recuento de cuántas veces el núcleo eligió liberar energía directamente a su estado fundamental frente a tomar un desvío a través de un paso intermedio, pudieron calcular la fuerza de la vibración octupolar.
Los resultados fueron impactantes. El equipo determinó que la fuerza de transición para este isótopo de disprosio es de 46 unidades, un valor que es el más grande jamás medido en esta cadena específica de elementos. Este hallazgo confirma que la tendencia a formar formas de pera no se detiene en el límite previamente conocido de 64 protones, sino que se extiende más allá, alcanzando al menos los 66 protones. Los datos sugieren que la región de la tabla atómica donde estas formas son más prominentes es más grande de lo que se pensaba, ampliando los límites de donde esperamos encontrarlas. Esta medición no es solo un número; es evidencia directa de una colectividad octupolar aumentada en este átomo específico, lo que indica una fuerte vibración de tipo pera, aunque si esto representa una deformación permanentemente estable sigue siendo una cuestión abierta en esta región.
Los investigadores compararon sus resultados experimentales con complejas simulaciones por computadora diseñadas para predecir el comportamiento nuclear. Si bien algunos de los modelos teóricos se acercaron, ninguno predijo plenamente la magnitud de la fuerza que observaron en el átomo de disprosio. Las simulaciones sugirieron que el efecto sería más débil, o no lograron capturar el aumento agudo visto en los datos. Esta brecha entre la teoría y la medición resalta que nuestra comprensión actual de cómo interactúan los protones y neutrones para crear estas formas es aún incompleta. Los modelos necesitan ser refinados para dar cuenta de las formas específicas en que estas partículas se mueven a través de brechas de energía que anteriormente se pensaba que eran menos significativas.
Este trabajo hace más que simplemente añadir un punto de dato a una tabla; redefine los límites de dónde debemos buscar estas formas exóticas. El descubrimiento implica que la región de "forma de pera" se extiende más hacia los elementos más pesados de lo que los científicos habían anticipado. También sugiere que otros isótopos cercanos, que aún no han sido estudiados con este nivel de precisión, podrían poseer características de forma de pera aún más fuertes. Los hallazgos proporcionan una dirección clara para futuros experimentos, instando a los investigadores a mirar hacia elementos aún más pesados para ver si esta tendencia continúa. Al determinar exactamente dónde son más fuertes estas formas, el estudio nos acerca a la comprensión de las fuerzas fundamentales que dan forma a la materia que nos rodea, sin depender de conjeturas o indicios indirectos.
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