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The Energetic Cost of Building Human Skeletal Muscle

Este estudio presenta el primer modelo cuantitativo de tipo bottom-up que estima que la construcción de un kilogramo de músculo esquelético humano requiere una ingesta total de energía metabolizable de aproximadamente 14.570 kJ (3.481 kcal), contabilizando la energía del tejido almacenado, los costos de síntesis, la eficiencia de deposición fisiológica, el mantenimiento durante la acreción y la termogénesis inducida por la dieta.

Autores originales: Nikolaidis, M. G., Paschalis, V., Margaritelis, N. V.

Publicado 2026-08-20✓ Author reviewed
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Autores originales: Nikolaidis, M. G., Paschalis, V., Margaritelis, N. V.

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

Durante décadas, atletas, entrenadores y cualquier persona interesada en el rendimiento humano han operado bajo una creencia simple e intuitiva: para construir músculo, se debe comer más de lo que se quema. La lógica es sólida. Si el cuerpo ha de construir nuevo tejido, necesita materias primas y combustible. Sin embargo, aunque el principio general es aceptado, el costo específico del proyecto ha permanecido en el misterio. Nadie ha calculado explícitamente cuánta energía se requiere realmente para construir un kilogramo de músculo esquelético humano desde cero. Este vacío existe porque el proceso está oculto dentro de la compleja maquinaria del cuerpo. No es solo una cuestión de apilar ladrillos; implica el ensamblaje químico de proteínas, el almacenamiento de grasas y azúcares, el calor generado por el propio trabajo del cuerpo y la energía necesaria para mantener ese nuevo tejido vivo mientras se construye. Sin un número claro, es difícil saber si los masivos superávits de alimentos que a menudo se recomiendan para el crecimiento muscular son biológicamente necesarios o simplemente un margen de seguridad contra la subestimación de las necesidades del cuerpo.

Un equipo de investigadores de Grecia ha abordado esta pregunta construyendo un modelo contable detallado. En lugar de intentar medir la energía de una sola sesión de construcción de músculo, lo cual es casi imposible de aislar, calcularon el costo desde la base. Comenzaron con la composición química conocida de un kilogramo de músculo humano húmedo, descomponiéndolo en sus ingredientes primarios: proteína, grasa y glucógeno, que es la forma almacenada de azúcar en los músculos. Luego añadieron la energía requerida para ensamblar estos ingredientes, la energía extra que el cuerpo quema mientras realiza el trabajo de deposición, el costo de mantener el nuevo músculo vivo durante el periodo de crecimiento y, finalmente, la energía perdida como calor al digerir el alimento adicional necesario para alimentar el proceso. Al sumar estas cinco capas distintas, llegaron a una estimación precisa del precio metabólico total por construir músculo.

El cálculo comienza con la energía almacenada dentro del propio tejido. Un kilogramo de músculo esquelético húmedo contiene aproximadamente 177 gramos de proteína, 30 gramos de grasa y 20 gramos de glucógeno. La energía química encerrada dentro de estas moléculas suma unos 5.670 kilojulios. Esta es la energía que obtendrías si pudieras quemar el tejido muscular como combustible, pero no es el costo de construirlo. Para ensamblar estas moléculas, el cuerpo debe gastar energía. Los investigadores calcularon que el trabajo bioquímico de unir aminoácidos en proteínas y ensamblar grasas y azúcares añade otros 670 kilojulios. Cuando combinas la energía almacenada con el costo de ensamblaje, el total asciende a aproximadamente 6.340 kilojulios. Esta cifra representa la energía mínima absoluta requerida si el cuerpo fuera una máquina perfectamente eficiente, que no lo es.

En la realidad, el cuerpo dista mucho de ser perfecto. El proceso de retención de nueva proteína muscular es ineficiente, lo que significa que el cuerpo quema significativamente más energía de la que contiene el producto final. Los investigadores utilizaron datos de estudios sobre el crecimiento y la retención de proteínas para estimar esta eficiencia. Determinaron que por cada unidad de energía que el cuerpo dedica a mantener la nueva proteína muscular, solo alrededor del 46 por ciento se retiene realmente en el tejido. El resto se pierde en el calor de los procesos biológicos como el transporte de aminoácidos, el plegamiento de proteínas en sus formas correctas y la reparación de estructuras dañadas. Cuando se factoriza esta ineficiencia, el requerimiento energético aumenta drásticamente. El costo total para depositar el tejido, considerando estas pérdidas biológicas, asciende a aproximadamente 10.830 kilojulios por kilogramo. Este es el costo fisiológico del trabajo de construcción en sí.

La historia no termina con la construcción. A medida que el músculo crece, el cuerpo también debe mantener el nuevo tejido mientras se está construyendo. Los investigadores asumieron un cronograma de crecimiento realista donde se gana un kilogramo de músculo en aproximadamente 84 días. Durante este periodo, el cuerpo sostiene constantemente un promedio de medio kilogramo de nueva masa muscular. Este mantenimiento requiere un flujo constante de energía para las funciones celulares básicas. Añadir este costo de reposo eleva el requerimiento de energía total a unos 13.110 kilojulios. Finalmente, los investigadores consideraron el costo de comer. Digerir y procesar alimentos genera calor, un fenómeno conocido como termogénesis inducida por la dieta. Para asegurar que la suficiente energía utilizable llegue a los músculos después de esta pérdida de calor, el cuerpo debe consumir aún más alimento. Cuando se añade esta última capa, la ingesta de energía adicional total requerida para construir un kilogramo de músculo esquelético húmedo es de aproximadamente 14.570 kilojulios, o unas 3.481 calorías.

Este número proporciona un punto de referencia crucial para comprender el crecimiento muscular. Es significativamente mayor que la energía almacenada en el propio músculo, confirmando que la construcción de tejido es un proceso biológico costoso. Sin embargo, es mucho menor que los superávits de energía diarios que a menudo se recomiendan en la nutrición deportiva, que pueden oscilar entre 1.260 y 2.090 kilojulios por día. Si un atleta sigue una dieta estándar de alto superávit durante un periodo de 84 días, consumirá una cantidad masiva de energía extra, excediendo con creces los 14.570 kilojulios necesarios para construir un kilogramo de músculo. Esto sugiere que los grandes superávits comúnmente aconsejados no son estrictamente necesarios para pagar el músculo en sí. En cambio, probablemente sirven como un amortiguador para cubrir los costos de energía del entrenamiento, la recuperación y la inevitable incertidumbre al estimar cuánto músculo ganará realmente una persona, permitiendo también algo de ganancia de grasa.

Los investigadores advierten cuidadosamente que su cifra es una estimación basada en un modelo, no una medición directa de un sujeto humano. El cálculo se basa en supuestos sobre la composición muscular y la eficiencia de la retención de proteínas, que se derivan de estudios en infantes y animales en lugar de humanos adultos. La eficiencia de la deposición de proteínas es la parte más incierta de la ecuación, ya que el crecimiento muscular en adultos involucra mecanismos biológicos diferentes a los del crecimiento rápido observado en los niños. A pesar de estas limitaciones, el modelo ofrece la primera estimación cuantitativa integrada del costo energético de la construcción de músculo esquelético humano. Aclara que, si bien el crecimiento muscular es energéticamente demandante, el cuerpo no requiere los enormes superávits de energía diarios que se prescriben habitualmente para lograrlo. El verdadero costo es una cantidad específica y calculable que se sitúa en algún punto entre la energía almacenada en el tejido y los excesos calóricos masivos de los planes de dieta tradicionales.

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