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Universality and Predictability of Technology Diffusion

Al analizar 120 tecnologías maduras, este artículo demuestra que un proceso de Bertalanffy-Richards universal puede pronosticar con precisión la difusión de tecnologías en curva S con décadas de antelación, revelando que la energía solar y la eólica probablemente alcanzarán el dominio global para 2050 mucho antes de lo que predicen los escenarios climáticos actuales.

Autores originales: Benjamin Wagenvoort, François Lafond, Joel Dyer, James Doyne Farmer

Publicado 2026-08-24
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Autores originales: Benjamin Wagenvoort, François Lafond, Joel Dyer, James Doyne Farmer

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada nueva tecnología parece tener su propia historia única. Algunas llegan silenciosamente, otras estallan en la escena y la mayoría termina asentándose en un ritmo constante a medida que se convierten en parte de la vida diaria. Durante décadas, científicos y economistas han intentado encontrar una regla única que explique este patrón, una ley universal que prediga con qué rapidez una nueva invención se extenderá de un puñado de usuarios a todo el mundo. Esta cuestión no es solo una curiosidad académica; es una cuestión de supervivencia para nuestro planeta. Mientras la humanidad compite por reemplazar los combustibles fósiles con energía renovable, saber exactamente con qué rapidez se pueden desplegar los paneles solares y las turbinas eólicas es la diferencia entre alcanzar los objetivos climáticos y fracasar en ellos. Sin embargo, los intentos pasados de pronosticar estas transiciones han sido a menudo erróneos, dejando a los planificadores adivinando si una tecnología despegará o se desvanecerá.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford ha abordado ahora esta incertidumbre analizando la historia no como una colección de historias únicas, sino como un enorme conjunto de datos de patrones. Recopilaron información sobre 120 tecnologías diferentes que ya han alcanzado la madurez, desde canales antiguos hasta teléfonos móviles modernos. Al estudiar estos trayectos completados, descubrieron que, a pesar de sus diferentes orígenes y propósitos, todas estas tecnologías siguen una forma notablemente similar a medida que crecen. Esta forma, a menudo llamada curva en S, comienza con un crecimiento lento, se acelera hacia un auge rápido y luego se ralentiza de nuevo a medida que el mercado se satura. Los investigadores descubrieron que este patrón es tan consistente que puede describirse mediante un único proceso matemático, el cual llaman el modelo de Bertalanffy-Richards. Este modelo actúa como un mapa fiable, permitiéndoles predecir la trayectoria futura de una nueva tecnología con un nivel de precisión conocido, incluso cuando solo disponen de una pequeña cantidad de datos iniciales.

Para probar si este mapa funciona, el equipo utilizó un método llamado pronóstico bayesiano, que permite actualizar sus predicciones a medida que llega nueva información. Ejecutaron miles de simulaciones, fingiendo que estaban en el pasado e intentando pronosticar el futuro basándose únicamente en los datos disponibles en ese momento. Descubrieron que su modelo podía predecir el tamaño final de la adopción de una tecnología con una precisión sorprendente. Incluso observando una tecnología que solo había alcanzado el cinco por ciento de su mercado potencial, el modelo podía pronosticar su tamaño futuro dentro de un factor de dos. Esto significa que, si una tecnología finalmente alcanza los 100 millones de usuarios, el modelo predeciría un número entre 50 millones y 200 millones, un nivel de precisión que es raro en los pronósticos a largo plazo. Los investigadores también compararon su método con otras herramientas de pronóstico populares y descubrieron que esos métodos más antiguos a menudo producían resultados que eran sistemáticamente demasiado bajos o demasiado seguros, pasando por alto el verdadero potencial de la tecnología.

El equipo aplicó entonces este nuevo y validado método a las dos tecnologías más críticas para nuestro futuro energético: los paneles solares fotovoltaicos y las turbinas eólicas. Los resultados desafían la sabiduría predominante que se encuentra en muchos informes climáticos importantes. Mientras que los escenarios actuales de grupos como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y la Agencia Internacional de la Energía suelen asumir un crecimiento moderado para ambos, el análisis del equipo de Oxford sugiere un resultado muy diferente para la energía solar. Su pronóstico mediano indica que, para 2050, la energía solar podría suministrar aproximadamente 85 exavatios de energía útil anualmente. Esta es una cifra que eclipsa las expectativas actuales; es aproximadamente equivalente a la cantidad total de energía útil consumida por toda la sociedad humana hoy en día. En contraste, su pronóstico para la energía eólica es más modesto, prediciendo un suministro de unos 5 exavatios, lo que es significativamente inferior a los escenarios optimistas presentados a menudo en documentos de políticas.

El estudio sugiere que el mundo probablemente verá una transición mucho más rápida hacia la energía solar de lo que se cree ampliamente, cumpliendo potencialmente los ambiciosos objetivos climáticos antes de lo previsto. Los investigadores señalan que este rápido crecimiento no está garantizado únicamente por la política, sino que es impulsado por la dinámica inherente de cómo se propagan las tecnologías exitosas. Encontraron que la energía solar se encuentra actualmente en una fase en la que su crecimiento es todavía indistinguible de un rápido aumento exponencial, lo que dificulta saber exactamente cuándo comenzará a ralentizarse. Sin embargo, los datos sugieren fuertemente que los límites superiores de la adopción solar son mucho más altos de lo que asumen los modelos actuales. Esto no significa que la transición vaya a ser fácil o que todos los obstáculos vayan a desaparecer, pero sí proporciona una razón científicamente fundamentada para el optimismo. El estudio concluye que, al comprender las leyes universales de la difusión tecnológica, podemos ir más allá de las conjeturas y tomar decisiones de inversión y planificación basadas en una imagen más clara y precisa de lo que es posible.

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