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A novel rapid screening method for identifying aflatoxin B₁-degrading Agaricales

Este estudio presenta un método de cribado rápido y de bajo costo utilizando agar de leche de coco y fluorescencia UV para identificar cepas de Agaricales capaces de degradar la aflatoxina B₁, lo cual fue validado mediante HPLC-DAD y reveló que diez de las quince cepas probadas lograron la degradación completa de la toxina, incluyendo algunas a través de actividad enzimática extracelular.

Autores originales: Juan Martín Suarez, Agustina Magalí Lucero, Diana Ramirez Albuquerque, Andrea Patriarca, Bernardo Ernesto Lechner

Publicado 2026-09-19
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Autores originales: Juan Martín Suarez, Agustina Magalí Lucero, Diana Ramirez Albuquerque, Andrea Patriarca, Bernardo Ernesto Lechner

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La seguridad alimentaria depende de una batalla constante e invisible contra las toxinas naturales. Entre las más peligrosas se encuentran las aflatoxinas, sustancias venenosas producidas por ciertos mohos que pueden contaminar cultivos como el maíz, los frutos secos y los cereales. Estas toxinas son notoriamente difíciles de eliminar porque no se descomponen fácilmente con el calor o los métodos de cocción estándar. Una vez que entran en la cadena alimentaria, representan una seria amenaza para la salud humana, siendo capaces de causar daños hepáticos y aumentar el riesgo de cáncer. Durante décadas, los científicos han buscado formas de neutralizar estas toxinas sin destruir el alimento mismo. Una vía prometedora implica el uso de organismos vivos, específicamente hongos, para comer o descomponer el veneno. Si bien algunos hongos son conocidos por producir estas toxinas, otros podrían poseer la capacidad de destruirlas, actuando como un equipo de limpieza natural para nuestros sistemas alimentarios.

En un estudio reciente, investigadores de Argentina se propusieron encontrar qué tipos de setas podrían servir como esta defensa natural. Se centraron en un gran grupo de hongos conocidos como Agaricales, que incluye muchos de los hongos comestibles que consumimos, como los champiñones o las setas de ostra, así como muchas variedades silvestres. El equipo quería probar si estos hongos podían no solo sobrevivir en presencia de la aflatoxina, sino realmente degradarla. Para lograrlo, desarrollaron una nueva forma rápida de cribar docenas de cepas de hongos sin necesidad de equipos costosos para cada prueba individual. Reunieron quince cepas diferentes, incluyendo especímenes silvestres recolectados de diversas regiones de Argentina y algunas variedades cultivadas comercialmente. El objetivo era ver cuáles podían sobrevivir y prosperar mientras descomponían la toxina.

Los investigadores cultivaron estas cepas de hongos en un alimento especial de consistencia gelatinosa hecho de leche de coco. Prepararon dos juegos de este alimento: uno plain (natural) y otro mezclado con una cantidad específica de aflatoxina. Colocaron un pequeño trozo de cada hongo en ambos tipos de placas y los dejaron crecer durante veinte días en la oscuridad. Para observar qué estaba sucediendo, iluminaron las placas con una luz ultravioleta especial. La aflatoxina brilla naturalmente de color azul bajo esta luz. Si un hongo simplemente estaba creciendo en la placa sin afectar a la toxina, el brillo azul permanecería brillante. Sin embargo, si el hongo estaba descomponiendo la toxina, ese brillo azul se desvanecería o desaparecería por completo. Este cambio visual sirvió como una señal rápida y de bajo costo de que el hongo estaba haciendo su trabajo.

Los resultados revelaron una diferencia clara entre los hongos que podían tolerar el veneno y aquellos que realmente podían destruirlo. Cuando la toxina estaba presente, cada una de las cepas de hongos creció más lentamente que en el alimento natural, lo que demostró que el veneno era estresante para ellos. Sin embargo, la prueba visual mostró que diez de las quince cepas fueron capaces de eliminar completamente el brillo azul, lo que indica que habían descompuesto la toxina hasta niveles indetectables. Otras tres cepas redujeron el brillo significativamente pero no lo eliminaron por completo, mientras que dos cepas mostraron casi ningún efecto sobre la toxina. Para estar absolutamente seguros, los investigadores tomaron muestras de las placas y las analizaron con una máquina precisa que mide concentraciones químicas. Este análisis detallado confirmó la prueba visual: las diez cepas que parecían haber despejado la toxina habían reducido, de hecho, la misma en más del noventa y nueve por ciento.

Quizás el descubrimiento más sorprendente fue cómo algunos de estos hongos lograron esta hazaña. Dos cepas específicas, una conocida como Cyclocybe cylindracea y otra de la familia Stropharia, lograron descomponer la toxina por completo a pesar de que no mostraron un crecimiento visible en la placa. Por lo general, los científicos esperan que un hongo esté creciendo activamente y extendiendo sus filamentos para limpiar una toxina. El hecho de que estas dos cepas pudieran degradar el veneno sin crecer sugiere que estaban liberando enzimas en el alimento que trabajaban independientemente del cuerpo del hongo. Esta es una distinción crucial, ya que implica que el poder de limpieza podría provenir de las herramientas que el hongo fabrica más que del hongo mismo, abriendo posibilidades para el uso directo de estas enzimas en el procesamiento de alimentos.

El estudio también destacó que la capacidad de limpiar la aflatoxina no es algo que se pueda predecir simplemente mirando el nombre de un hongo o dónde se encontró. Algunas cepas de la misma familia se comportaron de manera muy diferente; por ejemplo, un tipo de hongo Stropharia limpió la toxina eficazmente, mientras que uno estrechamente relacionado no lo hizo. Esto significa que los científicos no pueden simplemente asumir que todo un grupo de hongos funcionará; deben probar cada cepa individualmente. Además, los investigadores señalaron que, aunque la toxina desapareció, el proceso podría dejar tras de sí otras sustancias químicas que aún no se comprenden del todo. El estudio confirmó que el nuevo método de cribado era altamente preciso y fiable, coincidiendo casi perfectamente con los resultados de las pruebas de la máquina costosa.

Este trabajo proporciona una forma práctica y asequible de encontrar nuevas herramientas biológicas para la seguridad alimentaria. Al identificar cepas específicas de hongos que pueden neutralizar la aflatoxina, incluso sin crecer visiblemente, los investigadores han abierto un camino hacia formas más sostenibles de proteger nuestro suministro de alimentos. El método que desarrollaron permite la prueba rápida de muchos hongos diferentes, lo que facilita la búsqueda de los mejores candidatos para su uso futuro. Si bien se necesita más investigación para comprender exactamente cómo estos hongos descomponen el veneno y para asegurar que los subproductos sean seguros, los hallazgos confirman que el mundo de los hongos posee un potencial significativo, aunque todavía poco aprovechado, para mantener nuestros alimentos libres de toxinas peligrosas.

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