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Low, variable cohesion between Bennu regolith particles indicated by atomic force microscopy of returned samples

La microscopía de fuerza atómica de partículas de regolito prístino del asteroide Bennu revela una cohesión interpartícula extremadamente baja (~1.25 nN), lo que sugiere que los asteroides carbonáceos cercanos a la Tierra son débilmente resistentes a la disrupción rotacional y que sus superficies carecen de partículas de escala milimétrica debido a estas fuerzas cohesivas mínimas.

Autores originales: Keanna Jardine, Christian Hoover, Ronald-Louis Ballouz, Anthony Woolson, Paul Sánchez, Jens Biele, Andrew Ryan, Robert Macke, Harold Connolly, Dante Lauretta

Publicado 2026-09-14
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Autores originales: Keanna Jardine, Christian Hoover, Ronald-Louis Ballouz, Anthony Woolson, Paul Sánchez, Jens Biele, Andrew Ryan, Robert Macke, Harold Connolly, Dante Lauretta

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Los mundos pequeños y rocosos que derivan por el sistema solar interior a menudo parecen montones de grava sueltos, mantenidos unidos por nada más que su propia y débil gravedad. Estos son asteroides de tipo "pila de escombros", cuerpos tan frágiles que un giro suave podría, teóricamente, lanzar sus piedras superficiales al espacio. Sin embargo, muchos de estos asteroides giran sorprendentemente rápido sin despedazarse, lo que lleva a los científicos a preguntarse qué pegamento invisible podría estar manteniéndolos unidos. En el vacío del espacio, donde no hay aire ni agua para crear puentes pegajosos entre los granos, la única fuerza capaz de actuar sobre las diminutas partículas de polvo es una sutil atracción conocida como fuerza de van der Waals. Esta es una débil atracción electromagnética que ocurre cuando los átomos en la superficie de una partícula interactúan brevemente con los átomos de otra. Si bien esta fuerza es insignificante para las rocas grandes, puede convertirse en la fuerza dominante para los granos microscópicos, actuando potencialmente como un cemento microscópico que estabiliza todo el asteroide contra el empuje centrífugo de su propia rotación.

Para comprender qué tan fuerte es realmente este pegamento cósmico, los investigadores recurrieron a un regalo poco común: el polvo y los guijarros devueltos por la nave espacial OSIRIS-REx desde el asteroide Bennu. A diferencia de los meteoritos que han caído a la Tierra, que a menudo están alterados por nuestra atmósfera y humedad, estas muestras permanecieron prístinas, preservando las condiciones exactas de su mundo de origen. Un equipo de científicos llevó estas partículas devueltas a un entorno de laboratorio especializado y seco, y utilizó un instrumento altamente sensible llamado microscopio de fuerza atómica para medir la fuerza necesaria para separar dos granos individuales. Al unir una partícula diminuta a una aguja microscópica y ponerla en contacto con otra partícula sobre una superficie plana, pudieron sentir directamente la fuerza de la unión entre ellas. Los resultados revelaron que la conexión entre los granos de Bennu es increíblemente débil, con una fuerza de separación promedio de solo 1.25 nanonewtons. Esta fuerza minúscula se traduce en una resistencia a la tracción de 0.001 pascales, un valor tan pequeño que sugiere que la superficie del asteroide está mantenida por la atracción mínima posible.

Las mediciones mostraron que esta débil cohesión no es uniforme; varía dependiendo de la forma, textura y composición específicas de los granos. Algunas partículas se adherían un poco más que otras, probablemente debido a diferencias en su rugosidad superficial o composición mineral, pero la imagen general era de fragilidad. Cuando los investigadores compararon estas muestras prístinas de Bennu con meteoritos de apariencia similar encontrados en la Tierra, encontraron una diferencia marcada. Los meteoritos, que habían estado expuestos a la atmósfera y al agua de la Tierra, exhibieron fuerzas de cohesión de dos a diez veces más fuertes. Esta discrepancia sugiere que los meteoritos que estudiamos en laboratorios no son analogos perfectos para las superficies reales de los asteroides, ya que el entorno terrestre probablemente ha alterado sus propiedades químicas y los ha vuelto más pegajosos de lo que realmente son en el espacio.

Estos hallazgos tienen implicaciones profundas para nuestra comprensión de la estabilidad de los asteroides. Debido a que la fuerza cohesiva entre las partículas de Bennu es tan baja, el asteroide es mucho más vulnerable a desintegrarse por rotación de lo que predecían los modelos anteriores. Los datos sugieren que el débil pegamento entre los granos es insuficiente para mantener unidos los grandes bloques de roca, lo que ayuda a explicar por qué la superficie de Bennu parece carecer de muchas rocas pequeñas de tamaño milimétrico; es probable que estén demasiado débilmente unidas para sobrevivir al estrés de la rotación del asteroide o al impacto de micrometeoritos. Además, el estudio indica que los asteroides ricos en carbono como Bennu son mucho menos resistentes a la disrupción rotacional que sus primos rocosos y pétreos. Esta diferencia en la resistencia del material puede explicar por qué vemos menos de estos asteroides oscuros y ricos en carbono cerca del Sol, donde los efectos de calentamiento del sol pueden acelerar su giro hasta que se rompen. En última instancia, el experimento confirma que la integridad estructural de estos pequeños mundos depende de un equilibrio muy delicado, donde el más tenue susurro de atracción atómica es lo único que evita que los escombros se dispersen en el vacío.

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