Strategies for Teaching Store-and-Forward Teledermatology: A Survey of U.S. Dermatologists
Una encuesta nacional de 2024 realizada a educadores de dermatología en los EE. UU. identificó que las estrategias más utilizadas y efectivas para la enseñanza de la teledermatología de almacenamiento y transmisión a los residentes son solicitar diagnósticos diferenciales, revisar la morfología relevante y describir enfoques sistemáticos para el diagnóstico y el manejo.
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En la práctica médica moderna, la capacidad de ver la condición de la piel de un paciente sin estar en la misma habitación se ha convertido en una herramienta estándar, especialmente para los especialistas que se enfocan en la salud de la piel. Este método, conocido como teledermatología de almacenamiento y envío (store-and-forward), funciona haciendo que un médico local o un paciente tome una fotografía de un problema de la piel y la envíe a un especialista. El especialista luego revisa la imagen, realiza un diagnóstico y sugiere un plan de tratamiento, todo sin una videollamada en vivo o una visita presencial. Este enfoque ha crecido rápidamente, particularmente después de la crisis de salud mundial de principios de la década de 2020, ya que permite a los médicos llegar a personas en áreas remotas o a aquellas que no pueden viajar fácilmente a una clínica. Sin embargo, aunque la tecnología en sí es ahora común, una pregunta significativa permanecía sin respuesta: ¿cómo enseñan los médicos experimentados a la próxima generación de especialistas cómo usar esta herramienta de manera efectiva? La formación médica tradicionalmente se ha basado en ver pacientes cara a cara, y el cambio a la revisión de imágenes estáticas requiere un conjunto de habilidades diferente y una forma de pensar distinta. Sin una guía clara, los programas de residencia corren el riesgo de dejar a los futuros dermatólogos sin preparación para una práctica que depende cada vez más de las imágenes digitales.
Para abordar esta brecha, un equipo de investigadores de la Universidad de California, San Francisco, y la Universidad de Stanford se propusieron descubrir cómo están enseñando estas habilidades los educadores en dermatología. Se centraron en el momento específico en que un profesor y un estudiante se sientan a revisar un caso juntos, un proceso llamado "sign-out" (entrega de turno). En este entorno, el educador y el aprendiz observan la misma imagen, discuten lo que ven y deciden un curso de acción. Los investigadores querían saber qué métodos de enseñanza funcionaban mejor. Diseñaron una encuesta detallada y la enviaron a 127 dermatólogos en todo Estados Unidos que eran conocidos por enseñar este tema. La encuesta preguntó a estos educadores sobre sus programas y, lo que es más importante, sobre las técnicas específicas que utilizaban para ayudar a los residentes a aprender. El objetivo era ir más allá de simplemente preguntar si se estaba enseñando teledermatología y comprender exactamente cómo se estaba enseñando.
La encuesta llegó a una audiencia amplia, con respuestas provenientes de todas las regiones geográficas principales del país. En total, 52 médicos participaron, representando una mezcla diversa de centros académicos y hospitales, incluyendo muchos que atienden a veteranos. Estos educadores informaron que sus programas variaban ampliamente en cómo integraban esta tecnología. Algunos residentes pasaban solo unas pocas horas a la semana revisando estos casos como parte de sus deberes regulares, mientras que otros dedicaban meses enteros a rotaciones de tiempo completo enfocadas únicamente en la teledermatología. A pesar de estas diferencias en horario y entorno, los investigadores encontraron una consistencia sorprendente en los métodos que los profesores utilizaban para educar a sus estudiantes.
El estudio identificó tres estrategias específicas en las que los educadores se apoyaban con mayor frecuencia, y estas mismas tres estrategias también fueron calificadas como las más efectivas. El primer enfoque, y el más común, consistía en pedir al aprendiz que observara la imagen y propusiera una lista de posibles condiciones, conocida como un diagnóstico diferencial, antes de revelar la respuesta final. Esto obliga al estudiante a interactuar activamente con la evidencia visual en lugar de recibir la información de forma pasiva. La segunda estrategia clave fue una revisión detallada de la apariencia física de la condición de la piel, o morfología. Los profesores señalaban formas, colores y patrones específicos en la imagen, ayudando al estudiante a aprender a reconocer el lenguaje visual de las enfermedades de la piel. La tercera técnica principal consistía en que el educador describiera su propio enfoque sistemático para resolver el caso. Esto significaba guiar al estudiante a través de los pasos lógicos de cómo pasar de ver una imagen a formar un diagnóstico y luego crear un plan de manejo.
Estos métodos no solo eran populares; los educadores creían que funcionaban. Casi todos los encuestados que utilizaban la estrategia de pedir un diagnóstico diferencial lo calificaron como bastante o extremadamente efectivo. Del mismo modo, la gran mayoría encontró que revisar las características visuales específicas de la piel y modelar un proceso de diagnóstico paso a paso eran formas muy exitosas de enseñar. En contraste, el estudio encontró que un hábito de enseñanza común era rara vez utilizado y considerado menos útil: pedir al estudiante que estableciera sus propios objetivos de aprendizaje para esa sesión específica. Los investigadores sospechan que esto se debe a que las sesiones suelen estar impulsadas por el volumen de casos que deben revisarse, dejando poco tiempo para el establecimiento de metas individuales, o porque los objetivos de aprendizaje generales ya están establecidos por el currículo más amplio.
Más allá de la mecánica del diagnóstico, el estudio también destacó cómo los educadores se están adaptando a la realidad de tratar a una población diversa. Cuando se les preguntó cómo enseñan a los estudiantes a cuidar a pacientes con diferentes tonos de piel, los educadores describieron técnicas específicas. Mencionaron la revisión de cómo las mismas condiciones de la piel se ven diferentes en pieles más oscuras, la discusión sobre las barreras que impiden que algunos pacientes accedan a la atención y el uso de recursos especializados, como archivos digitales, para estudiar casos en personas de color. Este enfoque asegura que la formación prepare a los médicos para reconocer enfermedades con precisión a través de todo el espectro de la piel humana, en lugar de limitarse a un rango estrecho de tonos.
Los investigadores reconocieron que sus hallazgos conllevan ciertas limitaciones. Debido a que el estudio se basó en lo que los profesores dijeron que hacían, en lugar de observar directamente cada sesión o probar el conocimiento de los estudiantes, los resultados reflejan las percepciones de los educadores. Además, la tasa de respuesta significó que algunos estilos de enseñanza podrían estar subrepresentados. Sin embargo, la consistencia de las respuestas en un grupo tan grande y variado de médicos sugiere un fuerte consenso sobre lo que funciona. El estudio no pretende haber resuelto todos los problemas en la educación médica, pero proporciona un punto de partida claro y basado en evidencia. Desplaza la conversación de si se debe enseñar teledermatología a cómo hacerlo bien.
Para los programas que apenas están comenzando a incorporar esta tecnología, o para aquellos que lo han estado haciendo sin un plan estructurado, estos hallazgos ofrecen una hoja de ruta práctica. El camino más efectivo implica involucrar a los estudiantes en el razonamiento activo, enseñarles a ver los detalles de la imagen y mostrarles cómo abordar un caso sistemáticamente. Al adoptar estas estrategias probadas, los educadores médicos pueden asegurar que la próxima generación de dermatólogos esté lista para usar esta herramienta vital para cuidar a los pacientes, independientemente de dónde se encuentren esos pacientes o cómo sea su piel. El trabajo de estos investigadores convierte un conjunto de hábitos de enseñanza individuales en un estándar compartido, ayudando a construir un futuro más consistente y competente para el cuidado de la piel.
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