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Does the Elasticity of Substitution Between Capital and Energy Bolster Economic Growth? Ves Approach

Este artículo analiza datos de 58 países para demostrar que el capital y la energía actúan como complementos en la producción, lo que implica que asegurar suministros de energía eficientes y renovables es esencial para sostener el crecimiento económico a largo plazo.

Autores originales: Celil AYDIN, Reyhan Demir Onay

Publicado 2026-10-15
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Autores originales: Celil AYDIN, Reyhan Demir Onay

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El crecimiento económico suele imaginarse como una máquina que funciona con un único combustible, pero en realidad es un sistema complejo donde diferentes ingredientes deben trabajar juntos. Para construir una casa, se necesita tanto madera como clavos; tener más madera no ayuda si se acaban los clavos, y tener clavos de sobra es inútil sin la madera. En la economía global, dos de los ingredientes más críticos son el capital físico —las máquinas, fábricas e infraestructura que posee un país— y la energía, la potencia que hace que esas máquinas funcionen. Durante décadas, los economistas han debatido cómo se relacionan estos dos ingredientes entre sí. Algunos han argumentado que, si un país sufre una escasez de energía, puede simplemente reemplazarla con más máquinas o tecnología, de forma muy parecida a como se intercambia una herramienta por otra. Otros sospechan que la energía y las máquinas están ligadas en una relación más estrecha, donde una no puede funcionar verdaderamente sin la otra. Comprender esta relación es vital para los responsables de la formulación de políticas que desean asegurar que sus naciones crezcan de manera constante sin quedarse sin potencia o dañar el medio ambiente.

Un nuevo estudio de los investigadores Celil Aydin y Reyhan Demir Onay ofrece una nueva perspectiva sobre esta cuestión al examinar datos de 58 países durante un periodo que abarca desde 1975 hasta 2017. En lugar de asumir que la relación entre la energía y el capital es fija, los autores utilizaron una herramienta matemática flexible llamada función de producción de elasticidad de sustitución variable. Este enfoque permite que la relación entre los dos factores cambie con el tiempo y dependiendo de cuánto de cada uno utilice un país, ofreciendo una imagen más realista que los métodos antiguos que asumían una relación constante. Para que sus hallazgos fueran más significativos, los investigadores no se limitaron a observar a los países como un solo bloque. Los clasificaron en cuatro grupos distintos basados en dos características específicas: qué tan eficientemente utilizan la energía para producir bienes, y si producen más energía de la que consumen o si dependen de las importaciones de otras naciones. Esta clasificación permitió observar si las reglas del crecimiento económico difieren para un país que quema mucha energía frente a uno que la utiliza con moderación, o para una nación que exporta petróleo frente a una que debe comprarlo.

Los investigadores analizaron los datos para ver si la energía y el capital actúan como sustitutos, donde uno puede reemplazar fácilmente al otro, o como complementos, donde deben utilizarse juntos. Sus hallazgos fueron claros y consistentes en los cuatro grupos de países: la energía y el capital son complementos. En términos sencos, esto significa que las máquinas y la potencia son socios que se necesitan mutuamente para producir resultados. El estudio encontró que cuando un país tiene más energía disponible, esto fomenta la acumulación de más capital, lo que a su vez impulera el crecimiento económico a largo plazo. Por el contrario, si un país enfrenta una escasez de energía, no puede compensarlo simplemente añadiendo más máquinas; la falta de potencia frenará todo el sistema. Los datos mostraron que esta relación de complementariedad es particularmente fuerte en los países que utilizan la energía de forma intensiva. En estas naciones, el vínculo entre la energía y el capital es más estrecho, lo que sugiere que cualquier interrupción en el suministro de energía tendría un impacto más severo en su crecimiento económico que en los países que utilizan la energía de manera más eficiente.

El estudio también reveló que la facilidad para acceder a la energía influye en esta relación. Los países que son exportadores netos de energía, es decir, que producen más de lo que consumen, mostraron un vínculo de complementariedad más fuerte entre la energía y el capital en comparación con los países que deben importar su energía. Esto sugiere que tener un suministro de energía seguro y fácil fortalece la asociación entre la potencia y la maquinaria, permitiendo que la economía funcione de manera más fluida. Sin embargo, los investigadores señalaron que incluso en países con altos niveles de tecnología y eficiencia, la necesidad fundamental tanto de energía como de capital permanece. Los resultados desafían la idea de que los países pueden simplemente cambiar al uso de más máquinas para superar la escasez de energía. En cambio, los hallazgos sugieren que el crecimiento sostenible depende de mantener un flujo de energía constante y eficiente.

Para los responsables de la formulación de políticas, estos resultados ofrecen un camino claro a seguir. Dado que la energía y el capital funcionan mejor juntos, la estrategia más eficaz para el crecimiento a largo plazo no es intentar reemplazar la energía con otra cosa, sino asegurar un suministro fiable de la misma. El estudio sugiere que centrarse en la eficiencia energética y en la transición hacia fuentes de energía renovables puede ayudar a los países a alcanzar sus objetivos económicos al tiempo que cumplen con sus metas ambientales. Al asegurar un flujo estable de energía, las naciones pueden apoyar la acumulación de capital e impulsar el crecimiento sin el riesgo de verse frenadas por la escasez de energía. La investigación confirma que, en el motor de la economía moderna, la energía no es solo un combustible que pueda ser intercambiado; es un socio esencial que debe nutrirse junto con las máquinas que alimenta.

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