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Tracheocele: a rare life-threatening condition in pediatric surgery – A case report

Este reporte de caso describe un caso raro de traqueocele con microperforación con riesgo vital en una niña de 5 años tras un procedimiento de Sistrunk, el cual fue manejado con éxito mediante tratamiento conservador que condujo a la resolución espontánea.

Autores originales: Enrica Antonelli, Marianna Squame, Daniela Delle Donne, Luigia D'Amato, Ugo de Luca

Publicado 2026-10-18
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Autores originales: Enrica Antonelli, Marianna Squame, Daniela Delle Donne, Luigia D'Amato, Ugo de Luca

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La tráquea humana es un tubo robusto que transporta aire hacia los pulmones, reforzado por anillos de cartílago que la mantienen abierta, mientras que una pared posterior flexible y muscular permite que se expanda y contraiga durante la deglución. Por lo general, esta estructura es continua, pero en casos raros, puede desarrollarse un punto débil en esa pared posterior. Cuando la presión aumenta dentro de la vía respiratoria, el revestimiento interno blando puede empujar a través de este defecto, formando un saco. Esta condición, conocida como traqueocele, es tan poco común en niños que los médicos a menudo no saben cómo manejarla cuando causa problemas repentinosamente. Debido a que la condición es oculta e impredecible, un niño sin problemas de salud previos puede parecer perfectamente sano un momento y enfrentarse a una emergencia potencialmente mortal al siguiente, dejando a los equipos médicos en una carrera contra el tiempo para comprender qué ha salido mal y cómo solucionarlo sin causar más daño.

En un informe reciente de un hospital infantil en Italia, un equipo de cirujanos y anestesiólogos describió precisamente un evento de este tipo involucrando a una niña de cinco años. La niña había sido ingresada para una cirugía electiva de rutina para extirpar un quiste de su cuello, un procedimiento que típicamente conlleva un riesgo muy bajo. Ella estaba sana, no tenía antecedentes de problemas respiratorios y no mostraba signos de ninguna anomalía en las vías respiratorias antes de que comenzara la operación. Sin embargo, inmediatamente después de la cirugía, mientras aún estaba bajo los efectos de la anestesia y acababa de despertar, comenzó a luchar por respirar. Su cuello y la parte superior de su pecho se llenaron rápidamente de aire atrapado bajo la piel, una condición llamada enfisema subcutáneo, que la hizo lucir hinchada y le causó una angustia severa. Las radiografías tomadas en el lugar revelaron que el aire se había escapado de sus pulmones y estaba llenando el espacio alrededor de ellos en ambos lados, una situación conocida como neumotórax, así como el medio de su pecho.

El equipo médico actuó rápidamente para estabilizar a la niña. Colocaron un tubo en su garganta para asegurar su vía aérea e insertaron un tubo de drenaje en su pecho para dejar que el aire atrapado escapara, permitiendo que sus pulmones se reinflaran. También usaron pequeñas agujas para liberar el aire atrapado bajo la piel de su cuello. Una vez que su respiración se estabilizó, los médicos usaron una cámara especializada para mirar dentro de su tráquea. Este examen reveló la fuente de la crisis: un gran saco, de unos tres centímetros de largo, se había formado en la pared posterior de su tráquea. Este saco, el traqueocele, tenía un pequeño orificio en su base por donde el aire se filtraba. Los médicos se dieron cuenta de que la presión del tubo de respiración utilizado durante su cirugía probablemente había forzado el aire a través de este punto débil, causando que el saco se inflara y finalmente se rompiera, lo que provocó las peligrosas fugas de aire que habían amenazado su vida.

A pesar de la gravedad de la situación, el equipo decidió no realizar una cirugía inmediata para reparar el orificio. En su lugar, eligieron un enfoque cuidadoso y conservador. La mantuvieron en la unidad de cuidados intensivos, la monitorearon de cerca y la trataron con antibióticos para prevenir infecciones. Durante los siguientes días, su condición mejoró lentamente. Las fugas de aire cesaron, sus pulmones se mantuvieron inflados y la hinchazón en su cuello disminuyó. Después de ocho días, pudo respirar por sí misma sin el tubo de respiración y fue trasladada a una sala de hospital regular. Fue dada de alta dieciocho días después de la cirugía con buena salud. Cuando los médicos miraron dentro de su tráquea nuevamente un mes después, el gran saco se había encogido significamente por sí solo, dejando solo un remanente pequeño e inofensivo.

Este caso resalta una lección crítica para los profesionales médicos: incluso en un niño con un historial de salud impecable, una debilidad oculta en la tráquea puede convertir una cirugía de rutina en una crisis. El informe sugiere que, aunque los traqueoceles son raros, deben ser considerados cuando un paciente desarrolla fugas de aire súbitas y severas tras la intubación. Los autores enfatizan que reconocer el problema tempranamente y manejar las complicaciones, como el drenaje del aire y el aseguramiento de la vía aérea, puede salvar una vida. Además, el resultado de este caso específico sugiere que, en algunos niños, el cuerpo puede sanar estos defectos por sí mismo sin la necesidad de una cirugía invasiva, ofreciendo un camino esperanzador para pacientes similares en el futuro.

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