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Migrants' Remittances and Climate Change Adaptation among Maize and Cassava Producers in Rural Togo

Utilizando datos de 5.806 productores rurales en Togo, este estudio emplea un modelo probit de conmutación endógena para demostrar que las remesas de los migrantes mejoran significativamente la adaptación al cambio climático y la productividad agrícola, particularmente para los productores de maíz, subrayando así la necesidad de políticas que faciliten el acceso a las remesas para fortalecer la seguridad alimentaria rural.

Autores originales: SONIA VANESSA EPIPHANIE ADOU, Tchablihane BOTIENANTE, Ibrahim DIARRA

Publicado 2026-08-20
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Autores originales: SONIA VANESSA EPIPHANIE ADOU, Tchablihane BOTIENANTE, Ibrahim DIARRA

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En los paisajes rurales de África Occidental, donde el ritmo de la vida está dictado por las estaciones y el suelo, los agricultores enfrentan una incertidumbre creciente. El clima está cambiando, trayendo días más calurosos y lluvias más erráticas que amenazan las cosechas de cultivos básicos como el maíz y la yuca. Cuando el sustento de una familia depende del clima, una sola mala temporada puede significar hambre. Durante décadas, los economistas han entendido que cuando las personas se alejan de sus aldeas para buscar trabajo, a menudo envían dinero de vuelta a casa. Estas transferencias, conocidas como remesas, no son solo efectivo extra; son un salvavidas que permite a las familias suavizar los baches en su camino financiero. La pregunta central para los investigadores ha sido durante mucho tiempo si este dinero hace algo más que simplemente comprar comida hoy. ¿Puede también ayudar a una familia a prepararse para el mañana? Específicamente, ¿el tener acceso al dinero de un pariente en el extranjero le da al agricultor la confianza y los medios para cambiar su forma de cultivar, para adoptar nuevas semillas o técnicas que puedan sobrevivir a una sequía o una inundación?

Esta pregunta llevó a un equipo de investigadores a observar de cerca las vidas de miles de hogares agrícolas en Togo. Querían ver si el dinero enviado por los migrantes estaba realmente cambiando la forma en que los agricultores respondían a un mundo que se calienta. Para hacer esto, recopilaron información detallada de una encuesta masiva de casi 5,800 familias que cultivan maíz y yuca, los dos cultivos alimentarios más importantes del país. Combinaron esto con datos climáticos locales para ver exactamente qué condiciones enfrentaban estos agricultores. Los investigadores fueron cuidadosos al contabilizar el hecho de que las familias que reciben dinero podrían ser ya diferentes de aquellas que no lo reciben—quizás están más educadas o viven en áreas diferentes. Al utilizar un enfoque estadístico que compara lo que realmente sucedió con lo que habría sucedido si la situación fuera diferente, pudieron aislar el verdadero efecto del dinero en sí mismo.

El estudio se centró en dos tipos distintos de agricultores: aquellos que cultivan maíz, un cereal que es sensible al calor y al agua, y aquellos que cultivan yuca, un cultivo de raíz conocido por su capacidad para soportar condiciones duras. Los investigadores encontraron que recibir dinero de un pariente migrante aumentó significativamente la probabilidad de que un agricultor tomara medidas para adaptarse al cambio climático. Sin embargo, la fuerza de este efecto dependía enteramente de lo que el agricultor estaba cultivando. Para los productores de maíz, el impacto fue dramático. Los datos mostraron que cuando estos agricultores recibían remesas, su probabilidad de adoptar estrategias de adaptación saltó más de 83 puntos porcentuales. En términos más simples, el dinero actuó como un poderoso catalizador, permitiendo a los agricultores de maíz invertir en los cambios que necesitaban para sobrevivir.

En contraste, la historia para los agricultores de yuca fue mucho más tenue. Aunque las remesas todavía tenían una influencia positiva, el impulso a sus esfuerzos de adaptación fue mucho menor, aumentando su probabilidad de actuar en solo unos 27 puntos porcentuales. Los investigadores también descubrieron un giro sorprendente: para los agricultores de yuca que no recibían dinero, los datos sugerían que, si de repente lo hubieran recibido, su probabilidad de adaptarse podría haber disminuido. Este hallazgo contraintuitivo insinúa que la relación entre el dinero y la adaptación no es una línea recta simple; depende fuertemente del cultivo específico, el suelo local y los recursos existentes del hogar. Para la yuca, que es naturalmente resistente, la presión para cambiar los métodos de cultivo podría ser menor, o el dinero podría gastarse en otras necesidades inmediatas en lugar de ajustes agrícolas a largo plazo. Sin embargo, al observar la población general, el estudio confirma que las remesas siguen contribuyendo positivamente a la probabilidad de adaptación entre los productores de yuca, con un aumento promedio de casi 15 puntos porcentuales.

Más allá de los cultivos, el estudio reveló los factores específicos que ayudan o dificultan la capacidad de un agricultor para adaptarse. Para los cultivadores de maíz, formar parte de una cooperativa agrícola local marcaba una diferencia significativa, al igual que tener un ingreso más alto y vivir en ciertas regiones. La temperatura también jugó un papel; a medida que las temperaturas promedio aumentaban, los agricultores de maíz eran más propensos a tomar medidas, pero solo si contaban con el respaldo financiero para hacerlo. Para los cultivadores de yuca, la calidad del suelo fue un motor clave. Si la tierra era fértil, los agricultores estaban más inclinados a adaptarse, independientemente de si recibían dinero o no. La investigación también destacó que el nivel educativo de la persona que enviaba el dinero importaba: los migrantes con más educación tendían a enviar fondos que se utilizaban de manera más efectiva para la adaptación, mientras que aquellos sin educación formal enviaban menos.

Los investigadores concluyeron que, si bien las remesas son una herramienta vital para ayudar a las familias rurales a lidiar con el cambio climático, no son una solución única para todos. El dinero funciona mejor para cultivos como el maíz, donde la amenaza es inmediata y la necesidad de nuevas tecnologías es alta. Para otros cultivos, o en diferentes contextos, el dinero podría usarse para propósitos diferentes, o los agricultores podrían no sentir la misma urgencia de cambiar sus métodos. El estudio sugiere que los responsables de las políticas públicas no deberían ver las remesas solo como un asunto privado de las familias, sino como un recurso público que puede aprovecharse para mejorar la seguridad alimentaria. Al crear sistemas que faciliten el acceso y el uso de estos fondos por parte de las familias rurales, los gobiernos podrían ayudar a los agricultores a construir resiliencia contra un clima cambiante. Los hallazgos pintan un cuadro claro: el dinero del extranjero puede ser un escudo contra la tormenta, pero la fuerza de ese escudo depende del suelo sobre el cual se construye.

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