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The Thousand Brains Theory 2.0: An Extension for the Long-Range Connections of the Neocortical Heterarchy

Este artículo extiende la Teoría de los Mil Cerebros proponiendo que la neocorteza opera como una heterarquía donde las conexiones talámicas y cortico-corticales de largo alcance convierten los datos sensoriales egocéntricos en modelos alocéntricos y permiten el aprendizaje de objetos composicionales, abordando así mecanismos anatómicos y computacionales de la inteligencia previamente no explicados.

Autores originales: Jeff Hawkins (Thousand Brains Project), Niels Leadholm (Thousand Brains Project), Viviane Clay (Thousand Brains Project)

Publicado 2026-08-21
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Jeff Hawkins (Thousand Brains Project), Niels Leadholm (Thousand Brains Project), Viviane Clay (Thousand Brains Project)

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

El cerebro humano es un vasto paisaje de miles de millones de neuronas, pero durante más de un siglo, los científicos han buscado la unidad fundamental que hace que esta complejidad funcione. En la década de 1950, un neurocientífico llamado Vernon Mountcastle propuso que el cerebro está construido a partir de columnas repetitivas, como un bosque de árboles idénticos, donde cada columna actúa como una unidad básica de procesamiento. Durante décadas, la idea predominante fue que estas columnas trabajan en una jerarquía estricta, como una escalera corporativa donde la información fluye hacia arriba desde los detalles simples hacia las ideas complejas, y donde la comprensión más sofisticada solo aparece en la cima misma. Sin embargo, un creciente cuerpo de evidencia sugiere que el cerebro es mucho más interconectado y flexible que una simple escalera, con columnas que se comunican entre sí de formas complejas y no lineales. Comprender cómo se comunican estas columnas es crucial porque contiene la clave de cómo reconocemos una taza de café ya sea que esté derecha o boca abajo, cómo aprendemos que una rueda es parte de una bicicleta y, en última instancia, cómo nuestros cerebros construcen un modelo estable del mundo a partir de un flujo caótico de datos sensoriales.

En un nuevo artículo titulado "The Thousand Brains Theory 2.0", los investigadores Jeff Hawkins, Niels Leadholm y Viviane Clay proponen una actualización importante a su teoría anterior sobre cómo funciona el cerebro. Argumentan que el cerebro no solo recibe información pasivamente; en cambio, cada una de las columnas del cerebro es un sistema sensoriomotor que aprende mediante el movimiento y el tacto. Los autores sugieren que, para dar sentido al mundo, el cerebro debe traducir constantemente la información entre dos perspectivas diferentes: la visión desde el propio sensor, que cambia a medida que movemos nuestros ojos o manos, y una visión estable y fija del objeto en sí. El artículo introduce un mecanismo específico para cómo ocurre esta traducción y explica cómo el cerebro aprende a ver objetos como colecciones de otros objetos, como un coche hecho de ruedas y puertas, en lugar de solo un montón de partes desconectadas.

Los investigadores comienzan abordando un enigma de larga data en la neurociencia: el cerebro contiene muchos tipos diferentes de conexiones de larga distancia entre sus columnas, y las teorías existentes luchan por explicar qué hacen todas ellas. Algunas conexiones suben y bajan por una jerarquía, mientras que otras corren lateralmente o pasan por una estructura central llamada tálamo. Los autores proponen que estas conexiones no son solo cableado aleatorio, sino que cumplen dos trabajos distintos y vitales. El primer trabajo es actuar como un traductor. Cuando miras un objeto, tus ojos se mueven, tu cabeza se inclina y la imagen en tu retina cambia constantemente. Sin embargo, percibes el objeto como algo estable. El artículo sugiere que el tálamo, una estación de relevo en lo profundo del cerebro, realiza una rotación rápida de estos datos sensoriales. Toma la visión cambiante y móvil de tus sensores e instantáneamente la convierte en una visión fija y estable relativa al objeto. Esto sucede para cada una de las columnas, permitiendo que el cerebro reconozca un rostro o una herramienta independientemente de cómo sostengas tu cabeza o hacia dónde estés mirando con tus ojos.

La segunda gran contribución del artículo es una nueva explicación de cómo el cerebro aprende objetos complejos y compuestos. En la vieja visión, se pensaba que el cerebro se construía a partir de líneas simples hacia formas complejas a medida que la información ascendía la jerarquía. Los autores argumentan, en cambio, que cada columna, incluso aquellas en la parte más baja de la corriente de procesamiento, aprende a reconocer objetos completos inmediatamente. Las conexiones jerárquicas entre las columnas se utilizan entonces para aprender cómo estos objetos completos encajan entre sí. Por ejemplo, una columna podría aprender cómo se ve una "rueda", mientras que una columna por encima de ella aprende cómo se ve una "bicicleta". La conexión entre ellas le enseña al cerebro que una rueda es una parte de una bicicleta y, específicamente, dónde se ubica esa rueda en la bicicleta. Este aprendizaje ocurre punto por punto mientras mueves tus ojos o dedos sobre el objeto, vinculando la ubicación de la parte con la ubicación del todo. Esto permite que el cerebro comprenda que un logotipo en una taza puede estirarse o curvarse, y aun así ser reconocido como el mismo logotipo, porque el cerebro ha aprendido la relación entre el logotipo y la taza en cada punto específico de contacto.

El artículo también aclara el papel del tálamo, que a menudo ha sido visto simplemente como un panel de conmutación pasivo que pasa señales de los sentidos a la corteza. Los autores sugieren que es un procesador activo que realiza estas transformaciones de orientación cruciales. Proponen un mecanismo específico donde las células talámicas actúan como interruptores que pueden seleccionar qué señal entrante pasar, dependiendo de la orientación actual de la cabeza o el cuerpo. Esto permite que el cerebro mantenga una comprensión consistente del mundo incluso mientras el cuerpo se mueve. Además, el artículo argumenta que el cerebro opera como una "heterarquía", una red compleja donde las regiones pueden trabajar en paralelo y comunicarse directamente, en lugar de una pirámide estricta donde la información debe pasar a través de cada nivel en orden. Esto significa que una región de bajo nivel puede reconocer un objeto completo y enviar esa información directamente a una región de alto nivel, o a un área motora, sin esperar a un lento ascenso paso a paso por la jerarquía.

Estas ideas no son solo reflexiones teóricas; los autores señalan datos experimentales existentes que respaldan su visión, tales como neuronas en la corteza visual que responden a objetos independientemente de su orientación, y conexiones entre diferentes áreas sensoriales que permiten un consenso rápido. También ofrecen predicciones específicas para experimentos futuros, como buscar patrones específicos de conexiones entre columnas que representen partes y todos, o probar cómo el cerebro se adapta cuando la orientación de la entrada sensorial se cambia artificialmente. Al enmarcar el cerebro como una colección de unidades sensoriomotoras que constantemente traducen el movimiento en modelos estables y aprenden cómo los objetos se componen entre sí, este trabajo ofrece una perspectiva fresca sobre la inteligencia. Sugiere que la capacidad de comprender el mundo no proviene de un único procesador central, sino de miles de pequeñas unidades especializadas que trabajan juntas para mantener una imagen estable de la realidad, sin importar cuánto nos movamos o cuánto cambie el mundo a nuestro alrededor.

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