Radiation damage and recovery of SiPMs exposed to low-momentum muon beams for innovative scintillation-based muon beam monitors
Este estudio demuestra que ocho modelos de SiPM de varios fabricantes mantienen la estabilidad operativa y recuperan el rendimiento óptimo tras el recocido térmico después de la exposición a haces de muones de alta intensidad de 29 MeV/c, validando su idoneidad para monitores de haces de muones de bajo momento innovadores basados en centelleo.
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En el mundo de la física de partículas, los científicos a menudo necesitan rastrear corrientes invisibles de partículas subatómicas para comprender cómo está construido el universo. Una de estas partículas es el muón, un primo pesado del electrón que cae sobre nosotros desde el espacio o se crea en máquinas potentes. Para capturar a estos visitantes fugaces, los investigadores utilizan detectores que brillan cuando un muón pasa a través de ellos, un proceso llamado centelleo. La luz de este brillo debe ser capturada y contada, y durante décadas, la herramienta estándar para este trabajo ha sido un dispositivo llamado Fotomultiplicador de Silicio, o SiPM. Piense en ello como un ojo electrónico altamente sensible que puede ver destellos de luz individuales. Sin embargo, estos dispositivos son delicados. Cuando se colocan directamente en la trayectoria de un haz de partículas para hacer su trabajo, pueden ser dañados por las mismas partículas que intentan medir. Este daño crea una especie de ruido electrónico, haciendo que el dispositivo sea menos fiable. El desafío para los científicos es diseñar detectores que puedan sobrevivir a este entorno hostil, o al menos recuperarse de él, para que puedan seguir proporcionando datos claros para experimentos en ciencia de materiales y física fundamental.
En la Fuente de Neutrones y Muones ISIS en el Reino Unido, un equipo de investigadores se propuso probar qué tan bien resisten estos ojos electrónicos cuando se exponen a un tipo específico e intenso de haz de muones. Estaban particularmente interesados en los muones de bajo momento, que se mueven relativamente lento y depositan una gran cantidad de energía al detenerse. Estos muones lentos son valiosos para el estudio de materiales, pero su alto depósito de energía representa un riesgo significativo para los sensores colocados en su trayectoria. El equipo reunió ocho modelos diferentes de SiPM de varios fabricantes y los sometió a un haz de muones positivos con un momento de 2 9 MeV/c. La exposición fue intensa, durando 13 horas con un flujo constante de aproximadamente un millón de muones por segundo. El objetivo era ver si los sensores quedarían permanentemente arruinados o si podrían ser reparados.
Para monitorear el daño en tiempo real, los investigadores observaron la "corriente oscura" de los sensores, que es la señal eléctrica que fluye incluso cuando no hay luz presente. A medida que los muones bombardeaban los dispositivos, este ruido de fondo aumentaba, una señal de que la estructura interna del silicio estaba siendo alterada por la radiación. Los muones estaban creando diminutos defectos en la red cristalina del silicio, esencialmente tropezando a los electrones y causando que generen señales falsas. Sin embargo, el equipo sospechaba que este daño podría no ser permanente. Así como un hueso roto puede sanar, los investigadores hipotetizaron que calentar el silicio podría permitir que su estructura atómica se reparara a sí misma, un proceso conocido como recocido térmico.
Tras la intensa bombardeo, el equipo tomó los sensores dañados y los calentó a 125 grados Celsius durante 24 horas. Esto no fue una suposición al azar, sino una temperatura cuidadosamente elegida para fomentar que los átomos de silicio se reorganizaran y repararan los defectos sin derretir o destruir el dispositivo. Los resultados fueron alentadores. Una vez que los sensores se enfriaron, fueron probados nuevamente, y el ruido eléctrico había disminuido significamente. Aunque los dispositivos no regresaron exactamente a su estado original, se recuperaron lo suficiente como para ser considerados estables y operativos. El voltaje de ruptura, que es la presión eléctrica específica necesaria para que el sensor funcione, permaneció prácticamente sin cambios, indicando que la capacidad fundamental del sensor para detectar luz estaba intacta. Los investigadores también notaron un pequeño cambio sistemático en este voltaje después del experimento, el cual sospechan que podría deberse a una pequeña cantidad de neutrones errantes en el haz, pero la conclusión principal fue clara: el tratamiento térmico revirtió con éxito la mayor parte del daño por radiación.
Este trabajo es parte de un esfuerzo más amplio para construir nuevos tipos de monitores de haz para muones de bajo momento. Los detectores actuales suelen utilizar capas gruesas de material o arreglos complejos que pueden bloquear el haz o interferir con el experimento. El equipo está desarrollando un diseño mucho más simple: una sola hoja delgada de material centelleante leída por una rejilla plana de estos SiPM. Este diseño ofrece alta precisión pero requiere que los sensores se ubiquen directamente en el haz. El estudio confirma que esta exposición directa es factible, siempre que se les dé a los sensores la oportunidad de sanar mediante el recocido térmico. Al demostrar que estos dispositivos pueden resistir los rigores de un haz de muones y recuperar su rendimiento, los investigadores han allanado el camino para detectores más compactos y eficientes. Estas nuevas herramientas permitirán a los científicos observar la estructura atómica de los materiales con mayor claridad, asegurando que la búsqueda por comprender los bloques de construcción de la materia continúe sin que los propios sensores se conviertan en el cuello de botella.
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