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Millennial-scale ice retreat after the first Phanerozoic glaciation

Este estudio revela que la recuperación postglacial tras la glaciación hirnantiana del Ordovícico tardío estuvo marcada por siete ciclos de frío-calor a escala milenaria impulsados por descargas episódicas de capas de hielo, demostrando que tal inestabilidad climática es una característica fundamental de la historia de la Tierra que influyó significativamente en los patrones de recuperación biótica temprana.

Autores originales: Yuchen Zhang, Peng Tang, Tatiana Shcherbanenko, Yi Wang, Renbin Zhan, David Harper, Jiayu Rong

Publicado 2026-07-31
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Autores originales: Yuchen Zhang, Peng Tang, Tatiana Shcherbanenko, Yi Wang, Renbin Zhan, David Harper, Jiayu Rong

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina a la Tierra como un organismo gigante y respirante que ha pasado por varias "fiebres" y "escalofríos" dramáticos a lo largo de sus 4.500 millones de años de vida. A veces, el planeta entero se enfría tanto que enormes capas de hielo, como gigantes mantas congeladas, cubren los continentes. Los científicos llaman a estos tiempos "glaciaciones". Cuando el planeta comienza a calentarse de nuevo y esas capas de hielo se derriten, se llama "deglaciación". Por lo general, pensamos en este proceso de derretimiento como un deslizamiento suave y constante del frío al calor, como un muñeco de nieve que se convierte lentamente en un charco en un día soleado. Pero, ¿y si el muñeco de nieve no solo se derritiera? ¿Y si temblara, se sacudiera y enviara ráfagas repentinas de agua helada hacia afuera antes de rendirse finalmente? Esta es la pregunta que los científicos se han estado haciendo sobre un momento muy específico de la historia de la Tierra: la primera vez que el planeta se congeló durante el eón "Fanerozoico" (los últimos 541 millones de años, que es cuando la vida compleja como animales y plantas realmente despegó). Comprender esto no se trata solo de rocas antiguas; nos ayuda a entender cómo se comportan las capas de hielo cuando se vuelven inestables, lo cual es un gran tema para comprender el cambio climático actual.

La historia que estamos observando proviene de un equipo de investigadores que decidió investigar un misterio de la época del Ordovícico Tardío, específicamente un tiempo llamado la Edad Hirnantiana. Durante mucho tiempo, los científicos pensaron que después de la primera gran edad de hielo de esta era, la Tierra se calentó rápidamente y se mantuvo cálida. Creían que el hielo simplemente se derritió y desapareció en un gran impulso. Sin embargo, este nuevo estudio sugiere que esa imagen era demasiado simple. Los investigadores descubrieron que el derretimiento no fue un deslizamiento suave en absoluto. En cambio, fue más como un latido que seguía saltándose pulsos.

Para descubrir esto, el equipo examinó rocas de lodo y arena antiguas de la Placa de Tarim, que se encuentra en lo que hoy es el sur de Xinjiang, China. En el Ordovícico, este lugar era un mar cálido y poco profundo cerca del ecuador. Los científicos utilizaron un truco químico ingenioso llamado "Índice Químico de Alteración" (CIA). Piensa en esto como un detector meteorológico integrado en las rocas. Cuando la lluvia cae sobre las rocas, las meteoriza (las descompone químicamente). Cuanto más caluroso y húmedo es el clima, más intensa es esta meteorización, y más cambia la química del lodo. Al medir los químicos en estas capas de lodo antiguo, el equipo pudo leer la temperatura del agua del océano como un termómetro.

Lo que encontraron fue una sorpresa. En lugar de una tendencia de calentamiento única y constante, las rocas contaban una historia de siete "oleadas de frío" distintas que ocurrieron en un periodo de tiempo muy corto. Estos no fueron solo pequeños bultos; fueron cambios dramáticos donde la temperatura del agua cayó y subió de nuevo, una y otra vez. El equipo calculó que estos ciclos ocurrieron aproximadamente cada 17.000 años. Es como si la gigantesca capa de hielo en el Polo Sur (que era en realidad el único polo con hielo en aquel entonces) no solo se derritiera lentamente. En su lugar, se fragmentaba en ráfagas, vertiendo enormes cantidades de hielo y agua fría en el océano. Estas oleadas de frío viajaron desde el Polo Sur hasta los mares tropicales de la Placa de Tarim, enfriando el agua hasta un mínimo de 5,96 °C antes de calentarse de nuevo hasta los 16,26 °C.

Este descubrimiento cambia la forma en que vemos la recuperación de la vida tras la extinción masiva que ocurrió durante esta edad de hielo. El artículo sostiene que estas ráfagas de frío repentinas actuaron como un filtro. Limitaron dónde podían vivir ciertos animales primitivos, específicamente un grupo de moluscos llamados la fauna Cathaysiorthis. Estas criaturas solo podían sobrevivir en las áreas donde llegaban las corrientes de agua fría. En contraste, otras partes del mundo que permanecieron cálidas tenían animales diferentes. Esto sugiere que la inestabilidad de la capa de hielo no solo cambió el clima; también moldeó activamente qué animales sobrevivieron y hacia dónde podían ir.

Los investigadores comparan estos eventos antiguos con algo llamado "eventos de Heinrich", que son famosos picos de frío que ocurrieron durante la última Edad de Hielo (el Pleistoceno), donde los icebergs de América del Norte vertieron agua fría en el Atlántico. La gran conclusión aquí es que este tipo de "inestabilidad de la capa de hielo" —donde el hielo se desprende en ráfagas repentinas de escala milenaria— no es solo un fenómeno moderno o reciente. Parece ser una regla fundamental de cómo funciona el clima de la Tierra, que data de la primera vez que el planeta se glaciacionó. Aunque la cronología exacta podría necesitar herramientas de datación aún mejores en el futuro para ser perfectamente precisa, la evidencia de estas rocas sugiere fuertemente que el final de la primera edad de hielo del Fanerozoico fue un viaje accidentado y estremecedor, no un deslizamiento suave hacia la primavera.

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