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Appendiceal-sigmoid adhesion mimicking a colonic polypoid lesion: A case report

Este reporte de caso describe un caso raro en el que la apendicitis crónica causó una adhesión apendicular-sigmoidea que imitó una lesión polipoidea colónica, resaltando la importancia de reconocer un signo de no elevación positivo para evitar una resección endoscópica innecesaria y guiar el manejo quirúrgico apropiado.

Autores originales: Yiding Chen, Mingming Zhang, Hu Zhang

Publicado 2026-08-04
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Autores originales: Yiding Chen, Mingming Zhang, Hu Zhang

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina tu cuerpo como una ciudad bulliciosa donde diferentes vecindarios, como el colon y el apéndice, suelen mantenerse en sus propias calles. A veces, sin embargo, un accidente de construcción o una lesión pasada pueden causar que dos edificios se peguen con un pegamento fibroso y pegajoso llamado adhesión. En el mundo de la medicina, los médicos usan una cámara larga y flexible llamada colonoscopio para echar un vistazo dentro del "vecindario del colon" y buscar problemas. Por lo general, cuando ven un bulto, asumen que es un crecimiento que brota de la propia pared, como un hongo en el tronco de un árbol. Pero, ¿qué pasa si ese bulto no está creciendo de la pared en absoluto? ¿Qué tal si es solo una mochila pesada sujeta al exterior del edificio, presionando hacia adentro con tanta fuerza que parece un bulto desde el interior? Este es el complejo rompecabezas que enfrentan los médicos cuando intentan distinguir entre un crecimiento interno real y un empuje externo. Equivocarse en esto es como intentar cortar un hongo de un árbol, solo para darse cuenta de que en realidad estás intentando rebanar una mochila atada a la corteza, lo que podría abrir un agujero a través del árbol.

Este artículo cuenta la historia de una mujer de 42 años que llevó exactamente esta confusión al hospital. Ella había estado lidiando con dolores de estómago y estreñimiento durante cuatro años. Cuando los médicos miraron dentro de su colon con una cámara, encontraron un bulto de 20 mm en su colon sigmoide que parecía exactamente un pólipo (un crecimiento). Intentaron realizar un procedimiento estándar llamado resección mucosa endoscópica (RME), que consiste en inyectar fluido debajo del bulto para levantarlo como un cojín antes de cortarlo. Pero aquí está el giro: el bulto se negó a levantarse. En términos médicos, esto se llama un "signo de no elevación positivo". Es como intentar levantar una mesa que está atornillada al suelo; no importa cuánto empujes, no se moverá. Debido a que el bulto no se levantaba, los médicos se dieron cuenta de que no era un simple crecimiento en la pared interna. Detuvieron el procedimiento para evitar perforar accidentalmente el colon.

Dado que la paciente tenía antecedentes de cirugías pélvicas (por un embarazo ectópico y miomas uterinos), los médicos sospecharon que el tejido cicatricial de esas operaciones pasadas podría ser el culpable. Decidieron realizar una laparotomía exploratoria, que es esencialmente abrir el abdomen para mirar directamente los órganos. Dentro, encontraron la respuesta: la punta de su apéndice estaba firmemente pegada al exterior de su colon sigmoide, creando un amarre fibroso y tenso. El "pólipo" que la cámara vio era en realidad el apéndice presionando contra el colon desde el exterior, creando un bulto falso. El apéndice mismo estaba inflamado (apendicitis crónica) y cubierto de tejido cicatricial. Una vez que los cirujanos cortaron cuidadosamente el apéndice y eliminaron las adherencias, el "bulto" desapareció y los síntomas de la paciente se esfumaron por completo.

El artículo destaca una lección crucial para los médicos: el hecho de que algo parezca un pólipo dentro del colon no significa que lo sea. A veces, fuerzas externas como las adherencias de cirugías pasadas pueden disfrazarse de crecimientos internos. Los autores sugieren que cuando un médico ve una lesión que no se eleva durante una endoscopia, debe sospechar inmediatamente que el problema podría provenir de fuera de la pared del colon, no de su interior. Al detener el intento endoscópico y pasar a la cirugía, evitaron una perforación peligrosa e identificaron correctamente el problema como una apendicitis crónica con adherencias, en lugar de un tumor peligroso. Este caso sirve como un recordatorio de que el cuerpo humano está lleno de sorpresas y que, a veces, el problema de apariencia más obvia es en realidad un truco de perspectiva causado por cosas que se pegan donde no deberían.

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