A Case Report on the Treatment of Pediatric Aneurysmal Bone Cyst of the Calcaneus by Curettage and Allogeneic Bone Impaction Grafting: Long-Term Results
Este reporte de caso detalla el manejo exitoso a largo plazo de un raro quiste óseo aneurismático primario del calcáneo en un paciente pediátrico mediante curetaje extenso e injerto de impacción ósea alogénica, lo cual resultó en la osificación completa de la lesión y sin complicaciones tras un seguimiento de nueve años.
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En lo profundo del esqueleto humano, los huesos no son pilares estáticos, sino tejidos vivos que se reparan y remodelan constantemente. A veces, sin embargo, este proceso se desvía, creando crecimientos inusuales. Uno de estos crecimientos es el quiste óseo aneurismático, una lesión benigna pero agresiva llena de sangre en lugar de tejido sólido. Imagine una esponja que ha sido empapada en sangre, expandiéndose y adelgazando el hueso a su alrededor hasta que este se vuelve frágil. Aunque estos quistes pueden aparecer en muchos huesos largos, son excepcionalmente raros en el pie, e incluso más raros en el hueso del talón, conocido médicamente como calcáneo. Cuando ocurren en este punto de carga de peso, causan dolor crónico e inflamación, haciendo que caminar sea una tarea difícil. Debido a que el talón es una estructura compleja que soporta todo el peso del cuerpo, tratar una lesión allí requiere un equilibrio delicado: eliminar el tejido anormal por completo asegurando al mismo tiempo que el hueso permanezca lo suficientemente fuerte para funcionar durante toda una vida.
Esta historia sigue el viaje de una niña de trece años que llegó a un hospital con un historial de dos años de dolor en el talón izquierdo. Durante los últimos seis meses, su condición había empeorado significativamente; su talón se había hinchado y el dolor dificultaba el caminar. Los médicos la examinaron y encontraron sensibilidad en el lado interno de su talón. Aunque todavía podía mover el tobillo normalmente, girar el pie hacia adentro o hacia afuera desencadenaba un dolor agudo. Para comprender qué estaba sucediendo en su interior, el equipo médico recurrió a las imágenes. Las radiografías mostraron un área oscura y expansiva en la parte posterior externa de su hueso del talón. Un escaneo más detallado reveló que el hueso había sido erosionado y adelgazado por una masa quística, que contenía fluido y sangre. La resonancia magnética proporcionó la imagen más clara, mostrando un quiste con capas distintas de fluido y sangre, rodeado por una fina capa de hueso. Basándose en estas imágenes y sus síntomas, el equipo sospechó un quiste óseo aneurismático calcáneo, un diagnóstico que más tarde sería confirmado mediante el examen del tejido bajo un microscopio.
El plan de tratamiento se centró en eliminar el quiste por completo y reconstruir el hueso. Los cirujanos utilizaron un abordaje desde el lateral del pie para exponer el hueso del talón. Abrieron cuidadosamente una ventana en el hueso para llegar al quiste, que estaba lleno de sangre. Utilizando un alambre muy fino, perforaron múltiples agujeros pequeños en la cavidad para asegurar que cada fragmento del tejido anormal fuera raspado. Esta limpieza minuciosa, conocida como legrado, era esencial para evitar que el quiste regresara. Una vez que la cavidad estuvo despejada, los cirujanos rellenaron el espacio vacío con piezas compactas de hueso de donante, un material que eventualmente se fusionaría con el propio hueso de la paciente para restaurar su fuerza. Después de la cirugía, la niña permaneció sin apoyar el pie durante seis semanas para permitir que el injerto se asentara, seguido de un regreso gradual a la marcha, permitiéndose la carga total de peso después de tres meses.
Los resultados de esta intervención fueron confirmados mediante un seguimiento a largo plazo. Un examen microscópico del tejido extraído mostró las características clásicas de un quiste óseo aneurismático primario: espacios cavernosos llenos de sangre, separados por tejido que contiene células específicas como fibroblastos y células gigantes. Lo más importante es que, nueve años después de la cirugía, la paciente se había recuperado por completo. Estaba libre de dolor, activa y era capaz de caminar sin dificultad. Las imágenes tomadas en este noveno año mostraron que el hueso de donante se había fusionado completamente con su talón, la lesión se había convertido en hueso sólido y no había signos de que el quiste hubiera regresado. Este caso demuestra que, incluso para una condición rara y desafiante en un hueso crítico de soporte de peso, una combinación de extirpación quirúrgica cuidadosa y trasplante de hueso puede conducir a una cura permanente. Si bien el talón es una ubicación poco común para este tipo de quiste, el resultado exitoso resalta la importancia de un diagnóstico preciso y una técnica quirúrgica precisa para preservar la función del pie.
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