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Past innovations for future resilience: Hydrogeological appraisal of La Valduerna’s Ag-MAR system

Este estudio valida el sistema de recarga gestionada de acuíferos mediante la agricultura (Ag-MAR) de siglos de antigüedad en la región de La Valduerna, demostrando mediante modelización hidrogeológica que los canales de infiltración tradicionales (zayas) son una solución basada en la naturaleza crítica y rentable para superar los déficits de recarga natural y asegurar la disponibilidad sostenible de agua subterránea para el riego.

Autores originales: Nuria Naranjo-Fernández, Almudena de la Losa-Román, Carolina Guardiola-Albert, Carlos Marín-Lechado, Guiussepe Massone-Grez, José Ángel Ventura, José María Ruíz Hernández, Antonio González-Ramón, Jorg
Publicado 2026-09-23
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Autores originales: Nuria Naranjo-Fernández, Almudena de la Losa-Román, Carolina Guardiola-Albert, Carlos Marín-Lechado, Guiussepe Massone-Grez, José Ángel Ventura, José María Ruíz Hernández, Antonio González-Ramón, Jorge Jódar-Bermúdez, Blas Ramos-Rodríguez, Sergio Martos-Rosillo

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En muchas partes del mundo, los agricultores enfrentan un ritmo difícil: la lluvia cae intensamente en el invierno, pero los cultivos necesitan agua en el calor abrasador del verano. La naturaleza a menudo lucha por cerrar esta brecha, dejando los ríos secos y el suelo reseco cuando más se necesita. Para resolver esto, la gente ha mirado durante mucho tiempo hacia el suelo bajo sus pies. Los acuíferos son vastas capas subterráneas de arena y roca que retienen agua, actuando como esponjas naturales. Aunque solemos pensar en ellos como reservorios estáticos, pueden recargarse. Este proceso, conocido como recarga gestionada de acuíferos, consiste en guiar intencionadamente el agua superficial hacia el subsuelo para almacenarla para su uso posterior. Cuando los agricultores hacen esto utilizando sus campos e canales de riego existentes, se denomina recarga agrícola gestionada de acuíferos. Es una forma de convertir el propio paisaje en un tanque de almacenamiento, capturando el exceso de flujo invernal para sobrevivir a los meses secos. A medida que el cambio climático hace que los patrones climáticos sean más erráticos, encontrar formas sencillas y de bajo coste para mantener llenas estas reservas subterráneas se ha convertido en una cuestión crítica para la seguridad hídrica.

En la región de La Valduerna, en el noroeste de España, este concepto no es un experimento nuevo, sino una tradición de siglos de antigüedad. Durante generaciones, los agricultores locales han utilizado un sistema de canales de riego sin revestimiento, llamados localmente zayas, para desviar el agua del río Duerna hacia sus campos durante la estación húmeda. A medida que el agua fluye a través de estos canales abiertos e inunda el suelo, se filtra hacia abajo, recargando el acuífero superficial que se encuentra debajo. Más tarde, cuando el río baja su caudal a finales del verano, los agricultores bombean esta agua subterránea almacenada para regar sus cultivos. Sin embargo, surgió un conflicto en 2017 cuando las autoridades del agua restringieron el uso de estos canales a la temporada oficial de riego que comienza en abril, prohibiendo de hecho las desviaciones invernales que históricamente habían llenado el reservorio subterráneo. Los agricultores argumentaron que esta política estaba drenando su seguridad hídrica, pero sin datos sólidos, el debate permanecía estancado entre la tradición y la regulación.

Un equipo de investigadores del Instituto Geológico y Minero de España se propuso resolver esta cuestión con un análisis exhaustivo del terreno mismo. Combinaron mapas antiguos, imágenes de satélite modernas y mediciones de campo para construir una imagen detallada del mundo subterráneo. Indagaron en los registros históricos, descubriendo que estos canales se han utilizado desde al menos 1433, con algunas evidencias que sugieren que el sistema podría ser incluso más antiguo, arraigado en el periodo islámico de la península ibérica. Para entender cómo se mueve el agua, el equipo construyó un modelo tridimensional del acuífero, uniendo datos de casi 180 pozos y prospecciones eléctricas para ver la forma y la profundidad de las capas de arena y grava que transportan agua. También construyeron una simulación informática de los ríos y la lluvia para predecir cuánto agua estaría disponible y cuándo podría desviarse de forma segura sin dañar el ecosistema del río.

Los resultados dibujaron un panorama claro de un sistema que está funcionando, pero que actualmente está siendo frenado. El estudio encontró que el acuífero es relativamente pequeño, albergando entre 9 y 12 millones de metros cúbicos de agua. La lluvia natural por sí sola no es suficiente para mantenerlo lleno; solo añade entre 1 y 3 millones de metros cúbicos al año, mientras que los agricultores necesitan entre 6 y 8 millones de metros cúbicos para regar sus cultivos. Esta brecha significa que, sin la ayuda de las zayas, el agua subterránea se secaría. Los investigadores midieron el sistema en acción durante la primavera de 2024. Al desviar el agua a través de los tres canales principales durante 43 días, observaron que el nivel freático subió casi medio metro en toda el área. Este único evento añadió unos 1,5 millones de metros cúbicos de agua al almacenamiento subterráneo, demostrando que los canales son altamente efectivos para mover el agua del río hacia el subsuelo.

Las simulaciones por ordenador ofrecieron un camino a seguir para el futuro. Los modelos mostraron que si se permitiera a los agricultores utilizar los canales antes, comenzando en enero en lugar de abril, podrían capturar significativamente más del excedente invernal. Alternativamente, añadir nuevos canales al sistema podría duplicar la cantidad de agua recargada cada año. Crucialmente, estas simulaciones indicaron que tales cambios no dañarían el caudal ecológico del río, la cantidad mínima de agua necesaria para mantener el río saludable para los peces y otros animales salvajes. El estudio confirma que el sistema de las zayas es una solución robusta basada en la naturaleza que ha sostenido a la comunidad durante siglos. Es un método sencillo, impulsado por la gravedad, que utiliza materiales locales e infraestructura existente para resolver un problema moderno complejo. Los autores concluyen que reconocer y apoyar estas prácticas ancestrales, en lugar de restringirlas, es esencial para asegurar la resiliencia hídrica en un clima cambiante. Los datos sugieren que, trabajando con el ritmo natural de las estaciones y la tierra, las comunidades pueden asegurar su futuro hídrico sin necesidad de tecnología costosa y nueva.

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