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Carbon release from Chatham Rise pockmarks may have been climatically relevant during the last deglaciation

Este estudio utiliza un modelo hidromecánico 2D para demostrar que la liberación rápida de fluidos de los pockmarks de Chatham Rise durante la última deglaciación podría haber emitido aproximadamente 2 Petagramos de CO2 por año, una tasa significativamente mayor que la del Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno, lo que sugiere que tal liberación de carbono geológico fue un impulsor importante y previamente subestimado de las tendencias de CO2 atmosférico durante la deglaciación.

Autores originales: Katrina Magno, Jess Hillman, Ludovic Räss, Lowell Stott, Jenny Suckale

Publicado 2026-08-20
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Katrina Magno, Jess Hillman, Ludovic Räss, Lowell Stott, Jenny Suckale

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En lo profundo del fondo oceánico, vastos reservorios de carbono antiguo yacen atrapados dentro de capas de roca y sedimento. Durante décadas, los científicos han sabido que el clima de la Tierra está estrechamente vinculado a la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, pero los mecanismos precisos que mueven este carbono entre las profundidades de la Tierra y el aire han permanecido algo misteriosos. Una pregunta clave ha sido qué tan rápido y en qué cantidades este carbono geológico puede escapar a la superficie, particularmente durante los períodos en que el planeta se está calentando y las capas de hielo se están derritiendo. Cuando grandes cantidades de hielo se derriten, el peso que presiona hacia abajo en el fondo del océano cambia, y este cambio puede desencadenar la liberación de fluidos desde las profundidades de la tierra. Si estos fluidos transportan dióxido de carbono, podrían potencialmente acelerar el calentamiento global, creando un ciclo de retroalimentación donde el calentamiento conduce a una mayor liberación de carbono, lo que conduce a un mayor calentamiento. Comprender estos pulsos ocultos de gas es crucial para reconstruir el clima del pasado y predecir el comportamiento del sistema terrestre en el futuro.

Frente a la costa de Nueva Zelanda, una meseta submarina conocida como Chatham Rise alberga una pista masiva y silenciosa de este proceso. El lecho marino allí está picado por más de 45,000 depresiones similares a cráteres, formadas por la expulsión de fluidos desde abajo. Aunque cráteres similares en otras partes del mundo suelen estar vinculados a la liberación de gas metano del derretimiento del hielo, la Chatham Rise nunca estuvo cubierta por glaciares, y sus cráteres no contienen metano. En su lugar, la evidencia química sugiere que estos cráteres son respiraderos para dióxido de carbono antiguo que ha estado encerrado durante millones de años en rocas calizas en lo profundo de la corteza terrestre. La cronología de la aparición de estos cráteres apunta directamente a la última vez que el mundo estaba saliendo de una era de hielo, un período conocido como deglaciación. Esto plantea una posibilidad convincente: que el rápido aumento del nivel del mar durante ese tiempo actuó como un interruptor, desbloqueando reservorios de carbono profundo y bombeándolos hacia el océano y la atmósfera.

Para probar esta idea, un equipo de investigadores construyó una simulación computarizada del fondo oceánico debajo de la Chatham Rise. Se centraron en las gruesas capas de sedimento rico en arcilla que se asientan entre los reservorios de carbono profundo y el lecho marino. En tiempos normales, cuando los niveles del mar son estables, los fluidos se mueven lenta y uniformemente a través de estos sedimentos, como el agua empapando una esponja. Sin embargo, los investigadores modelaron lo que sucede cuando los niveles del mar aumentan rápidamente, como ocurrió durante el final de la última era de hielo. Su modelo mostró que este rápido incremento en el peso del agua empuja el sedimento de arcilla hacia un estado en el que no puede drenar lo suficientemente rápido. Esta presión se acumula y obliga al fluido a encontrar el camino de menor resistencia, rompiendo a través del sedimento en canales estrechos y poderosos en lugar de filtrarse suavemente. Estos canales eventualmente alcanzan la superficie, creando los cráteres vistos hoy en el lecho marino.

La simulación reveló que, una vez que estos canales se forman, transportan fluido a una tasa aproximadamente mil veces más rápida que la filtración lenta y constante que ocurre entre las eras de hielo. Al aplicar este modelo a los 476 pequeños cráteres que han sido mapeados en detalle, los investigadores estimaron el volumen de fluido que podría haberse liberado durante la primera ola de esta actividad. Calcularon que el volumen de fluido moviéndose a través de estas vías era de aproximadamente 1,800 kilómetros cúbicos por año. Para entender el impacto climático, el equipo luego convirtió este volumen de fluido en una masa de dióxido de carbono. Incluso utilizando las estimaciones más conservadoras —asumiendo que el fluido contenía solo una fracción minúscula de dióxido de carbono y que estaba en estado gaseoso—, el resultado fue asombroso. La tasa de liberación resultó ser de aproximadamente 2 petagramos de dióxido de carbono por año.

Este número es significativo cuando se coloca en el contexto de la historia de la Tierra. Los investigadores compararon su hallazgo con el inicio de un famoso evento de calentamiento antiguo llamado Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno, que causó extinciones masivas y picos de temperatura global. Su estimación sugiere que la liberación de carbono de las marcas de la Chatham Rise por sí sola fue aproximadamente cuatro veces más rápida que la tasa de liberación de carbono inferida para el inicio de aquel antiguo cataclismo. Aunque el estudio se centró en un subconjero específico de cráteres y utilizó una simulación en lugar de una medición directa, los resultados sugieren que la liberación de carbono geológico de campos como la Chatham Rise pudo haber sido un motor importante, aunque previamente pasado por alto, del cambio climático durante la última deglaciación. El estudio indica que el ciclo de carbono profundo de la Tierra es capaz de responder rápidamente a los cambios superficiales, entregando potencialmente pulsos masivos de gases de efecto invernadero que podrían haber ayudado a dar forma al clima del pasado.

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