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Analysis of Senior High School Students’ Understanding and Application of Green Chemistry in Palu City, Indonesia, for Instructional Media Development

Este estudio de 343 estudiantes de secundaria en la ciudad de Palu, Indonesia, revela que, si bien su comprensión general de la química verde es moderada, las variaciones significativas entre las escuelas son impulsadas primordialmente por factores de instrucción en el aula más que por disposiciones individuales, proporcionando una base crítica para el desarrollo de medios de instrucción basados en juegos dirigidos.

Autores originales: Dewi Satria Ahmar, Muhammad Fath Azzajjad, Tri Santoso, Muhammad Ismail

Publicado 2026-09-28
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Autores originales: Dewi Satria Ahmar, Muhammad Fath Azzajjad, Tri Santoso, Muhammad Ismail

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La química suele tener la reputación de ser una materia abstracta y difícil, una colección de fórmulas que se sienten desconectadas del mundo real. Sin embargo, la disciplina posee la clave para resolver algunos de los desafíos más apremiantes de la humanidad, desde la limpieza de desechos industriales hasta el diseño de materiales que no envenenen el suelo. Para cerrar la brecha entre el laboratorio y el planeta, los científicos desarrollaron un marco conocido como química verde. Este enfoque se basa en doce principios rectores que fomentan que los químicos prevengan los residuos antes de que se creen, utilicen materiales más seguros y diseñen productos que se degraden de forma inocua tras su uso. El objetivo es tejer estas ideas en la forma en que se enseña la química, asegurando que la próxima generación de estudiantes vea la materia no solo como un conjunto de reglas para memorizar, sino como una herramienta para proteger el medio ambiente. No obstante, para que estas ideas echen raíces, los educadores necesitan saber si los estudiantes realmente las están comprendiendo, y si la calidad de ese entendimiento depende de a qué escuela asistan.

En la ciudad de Palu, ubicada en la parte central de Sulawesi, Indonesia, un equipo de investigadores se propuso responder a estas preguntas. Se centraron en 343 estudiantes de secundaria, de aproximadamente entre dieciséis y dieciocho años, que asistían a ocho escuelas públicas y privadas diferentes. Los investigadores querían ver qué tan bien comprendían estos jóvenes los doce principios de la química verde y si podían aplicar ese conocimiento en su vida diaria. Para ello, entregaron a los estudiantes una encuesta compuesta por treinta y una afirmaciones. Se les pidió a los estudiantes que calificaran qué tanto estaban de acuerdo con cada afirmación, cubriendo cinco áreas diferentes: lo que sabían, su actitud hacia el aprendizaje, cómo actuaban en el aula, sus sentimientos sobre el medio ambiente en la vida diaria y sus hábitos reales fuera de la escuela. La encuesta fue diseñada para ser precisa, vinculando cada pregunta con principios específicos de la química verde, tales como diseñar productos químicos que sean más seguros de manipular o crear productos que se degraden naturalmente.

Los resultados revelaron un panorama que era tanto alentador como revelador. En general, los estudiantes mostraron un nivel moderado de comprensión y aplicación de la química verde. Eran generalmente conscientes de los conceptos y mantenían actitudes positivas hacia la materia. Sin embargo, los datos mostraron que este entendimiento no estaba distribuido de manera uniforme. Los estudiantes eran más fuertes en lo que respecta a la idea de diseñar productos químicos más seguros, un concepto que resulta intuitivo y está directamente relacionado con evitar daños. En contraste, tuvieron mayores dificultades con principios más técnicos, como la prevención de la contaminación en tiempo real o el diseño de sustancias químicas que se degraden completamente después de su uso. Estos conceptos difíciles suelen requerir una comprensión más profunda y especializada de cómo funcionan los procesos químicos, lo que sugiere que, si bien los estudiantes captan la idea general de seguridad, los detalles técnicos más finos siguen siendo esquivos.

Quizás el hallazgo más significativo del estudio fue que la escuela a la que asistía un estudiante importaba más que su trasfondo personal. Los investigadores encontraron diferencias claras y mensurables en las puntuaciones de las pruebas entre las ocho escuelas. Los estudiantes de algunas escuelas demostraron una comprensión significativamente más sólida de la química verde que otros. Cuando los investigadores desglosaron los datos, descubrieron que estas diferencias se concentraban casi por completo en áreas relacionadas con el aula, como lo que los estudiantes sabían y cómo se comportaban durante las lecciones. Las escuelas tenían una influencia poderosa en lo que sucedía dentro de las paredes del aula. En cambio, las actitudes y los hábitos de los estudiantes fuera de la escuela, en sus hogares y comunidades, eran mucho más similares entre todos los diferentes centros educativos. Esto sugiere que, si bien una escuela puede enseñar eficazmente a un estudiante cómo pensar sobre la química en un laboratorio, tiene mucho menos control sobre los hábitos y los recursos que un estudiante posee una vez que sale del edificio.

El estudio también analizó cómo las diferentes partes del entendimiento de los estudiantes se relacionaban entre sí. Los investigadores encontraron que las cinco áreas medidas estaban fuertemente vinculadas. Un estudiante que sabía mucho sobre química verde tendía a tener una actitud positiva hacia ella y era más propenso a intentar aplicarla en clase. Esto indica que el entendimiento de los estudiantes formaba un todo coherente en lugar de una colección de hechos separados y no relacionados. Sin embargo, el vínculo entre lo que sucedía en el aula y lo que sucedía en el hogar era ligeramente más débil, reforzando la idea de que el entorno escolar es el principal motor del aprendizaje en este tema específico.

Estos hallazgos tienen implicaciones directas en cómo se puede mejorar la educación química, particularmente en Indonesia. Los investigadores señalaron que la mayoría de los estudiantes del estudio poseían teléfonos inteligentes y ya los utilizaban para aprender, lo que sugiere que las herramientas digitales podrían ser una forma efectiva de llegar a ellos. Más importante aún, los datos apuntan a una necesidad específica de apoyo. Debido a que las diferencias entre las escuelas eran tan pronunciadas en las áreas relacionadas con el aula, un enfoque de enseñanza de la química verde de "talla única" probablemente fallaría. Las escuelas con puntuaciones más bajas, particularmente aquellas donde los estudiantes tenían dificultades con los principios más técnicos, se beneficiarían más de intervenciones dirigidas. El estudio concluye que, mediante el uso de este diagnóstico detallado, los educadores pueden diseñar materiales de aprendizaje, como juegos interactivos o aplicaciones, que aborden específicamente las brechas de conocimiento. Esto asegura que el esfuerzo por enseñar la sostenibilidad no sea solo una conferencia general, sino una herramienta precisa que ayude a cada estudiante, independientemente de la escuela a la que asista, a comprender cómo la química puede servir al planeta.

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