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Infantile Calcifying Pseudoneoplasm of the Neuraxis (CAPNON) at the Craniocervical Junction with Postoperative Craniocervical Instability: A Case Report

Este reporte de caso describe al paciente más joven documentado con pseudoneoplasia calcificante infantil del neuroeje (CAPNON) en la unión craneocervical, destacando su apariencia macroscópica atípica de tipo fluido, su presentación agresiva y su manejo exitoso mediante descompresión e inmovilización rígida sin fusión quirúrgica.

Autores originales: Y Kumar, L Domecq Laplace, M Makwana, M Mathew, F Roncaroli, C Parks

Publicado 2026-10-14
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Autores originales: Y Kumar, L Domecq Laplace, M Makwana, M Mathew, F Roncaroli, C Parks

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El cerebro humano y la médula espinal están protegidos por una jaula ósea rígida que se extiende desde la base del cráneo hasta el cuello. Esta estructura es vital, actuando como una fortaleza que protege el cableado más delicado del cuerpo contra las lesiones. A veces, sin embargo, el cuerpo crea crecimientos inusuales dentro o cerca de esta jaula protectora. Estos no son cánceres en el sentido tradicional, sino más bien masas extrañas y duras hechas de calcio y tejido similar al hueso que se forman en respuesta a una lesión o inflamación. Cuando estas masas aparecen en el sistema nervioso central, se conocen como pseudoneoplasias calcificantes del eje neural. Aunque son raras y generalmente crecen muy lentamente en adultos, los médicos se han preguntado durante mucho tiempo cómo se comportan en los cuerpos de los lactantes, cuyos esqueletos aún son blandos y cambian rápidamente. Comprender estos crecimientos es crítico porque, si se forman en el lugar equivocado, pueden comprimir la médula espinal, provocando graves problemas respiratorios o parálisis.

Un equipo de cirujanos del Hospital Infantil Alder Hey documentó recientemente al paciente más joven jamás registrado con esta condición, ofreciendo una mirada sorprendente y nueva sobre cómo estas lesiones pueden comportarse en los más pequeños. El paciente era un niño nacido extremadamente prematuro a las 27 semanas y 6 días de gestación. Para cuando tenía ocho meses de edad, sufría peligrosas pausas respiratorias y dificultad para tragar, síntomas causados por una masa que presionaba su médula espinal en la parte superior del cuello. Las tomografías realizadas antes de la cirugía mostraron una acumulación densa y dura como una roca que se extendía desde la primera hasta la tercera vértebra cervical. Las imágenes eran tan convincentes que el equipo médico se preparó para una operación difícil para taladrar hueso sólido.

Sin embargo, cuando los cirujanos abrieron el área, encontraron algo que desafiaba las imágenes de la tomografía. En lugar de una roca sólida y calcificada, la lesión era un fluido espeso, opaco y de color blanco brillante. Era una masa líquida que había disuelto completamente los arcos óseos de las dos primeras vértebras del cuello, dejando la columna inestable. Los cirujanos realizaron un procedimiento para eliminar la mayor cantidad posible de este fluido para aliviar la presión sobre la médula espinal, pero no pudieron extraerlo todo sin causar más daños. El informe de patología confirmó más tarde que el fluido era, de hecho, la rara condición conocida como pseudoneoplasia calcificante del eje neural, caracterizada por una mezcla de tejido calcificado y células gigantes, pero el hecho de que existiera como un líquido en un lactante fue un hallazgo nunca antes descrito en la literatura médica.

Debido a que el niño era tan pequeño y la cirugía había eliminado el soporte óseo que mantenía unido su cuello, el equipo enfrentó una decisión difícil. El tratamiento estándar para tal inestabilidad suele implicar la fusión de los huesos con varillas y tornillos metálicos, pero este es un procedimiento mayor para un lactante. En su lugar, los médicos decidieron esperar. Colocaron al niño en un collarín rígido y lo monitorearon de cerca, permitiendo que su propio cuerpo sanara y se remodelara. Durante los siguientes catorce meses, el esqueleto del niño comenzó a remodelarse. Las tomografías de seguimiento mostraron que la masa de fluido restante se había reducido significamente y que las estructuras óseas del cuello se habían reformado en una forma estable y normal sin la necesidad de implantes metálicos o cirugía de fusión.

Este caso sugiere que, si bien estas lesiones pueden ser agresivas y peligrosas en los lactantes, la capacidad del cuerpo humano para reconstruirse a una edad temprana es poderosa. Los médicos descubrieron que eliminar parte de la masa era suficiente para detener el peligro inmediato, y que el propio crecimiento del niño podía eventualmente restaurar la estabilidad. También destaca una lección crítica para los cirujanos: lo que parece una roca sólida en una tomografía puede ser algo completamente diferente cuando se toca, especialmente en un bebé. El trabajo del equipo muestra que la observación cuidadosa y la disposición a dejar que la naturaleza siga su curso pueden, a veces, conducir a mejores resultados que una cirugía invasiva inmediata. El niño permanece bajo vigilancia estrecha, pero los hallazgos iniciales indican que la capacidad natural de reparación del cuerpo puede superar incluso las obstrucciones más inusuales.

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