Long Eccentricity Pervasively Modulates Abyssal Hill Formation at Mid-Ocean Ridges
Este estudio demuestra que el ciclo de excentricidad de ~400 kyr modula globalmente la formación de colinas abisales en las dorsales centrooceánicas al impulsar perturbaciones gravitatorias solares periódicas que desencadenan erupciones de cámaras magmáticas, particularmente en dorsales de expansión lenta y ultra lenta.
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En las profundidades de las olas, donde el fondo del océano se extiende hacia la oscuridad eterna, se encuentra un paisaje de colinas onduladas y valles profundos. Estas son las colinas abisales, vastas montañas submarinas que se forman a lo largo de las costuras donde las placas tectónicas de la Tierra se separan. Durante décadas, los científicos han sabido que el ritmo del clima de nuestro planeta, impulsado por el bamboleo y la inclinación de la órbita de la Tierra, deja una marca en estas montañas submarinas. Cuando las capas de hielo crecen y se encogen, el nivel del mar sube y baja, cambiando el peso que presiona el fondo del océano. Se pensaba que este cambio de presión actuaba como una válvula, abriendo y cerrando el flujo de roca fundida desde lo profundo de la Tierra hacia la superficie, creando un patrón en las colinas que coincide con los ciclos del cambio climático.
Sin embargo, esta explicación siempre se sintió incompleta. Los patrones observados en las colinas no coincidían con todos los ciclos conocidos de la órbita de la Tierra, y la conexión parecía romperse al observar las partes más antiguas del fondo oceánico. Un ciclo específico y largo de la órbita terrestre, que se repite aproximadamente cada 400,000 años, faltaba en el registro. Este vacío dejó a los investigadores preguntándose si había una fuerza diferente y más directa en juego, una que pudiera llegar profundamente en la corteza terrestre sin necesidad de que la atmósfera o los océanos transportaran la señal.
Un nuevo estudio de Chunhui Tao y sus colegas finalmente ha llenado esta pieza faltante del rompecabezas. Al examinar las formas del fondo del océano en 22 regiones diferentes alrededor del mundo, desde las dorsales de expansión más rápida hasta las más lentas, el equipo descubrió que estos ciclos de 400,000 años están en todas partes. Encontraron que las colinas no solo están reaccionando al peso del agua sobre ellas, sino que están siendo empujadas directamente por la atracción gravitacional del propio Sol.
Para encontrar este ritmo oculto, los investigadores reunieron una enorme cantidad de datos. Analizaron 122 mapas detallados del fondo del océano, combinando mediciones de la profundidad del agua con registros magnéticos ocultos en las rocas. Los datos magnéticos fueron cruciales porque actúan como una línea de tiempo. A medida que se forma nueva roca en las dorsales de las dorsales mesooceánicas, esta captura la dirección del campo magnético de la Tierra en ese momento. Al identificar bandas específicas y estrechas de roca con historias magnéticas conocidas, el equipo pudo determinar exactamente qué tan antigua era la sección del fondo oceánico en cada lugar. Esto les permitió mirar mucho más atrás en el tiempo que estudios previos, que a menudo estaban limitados al último millón de años. Se centraron en un período llamado Cron Matuyama, que abarca desde hace aproximadamente 780,000 años hasta el final del período, para ver si el largo ciclo de 400,000 años estaba presente en la topografía.
Los resultados fueron impactantes. Cuando el equipo analizó la altura y el espaciamiento de las colinas abisales, apareció un pico claro en la marca de los 400,000 años en casi todas las ubicaciones estudiadas. Esta señal fue más fuerte en las dorsales de expansión más lenta, donde las colinas son más grandes y están más ampliamente espaciadas, pero también estuvo presente en las dorsales más rápidas. Este hallazgo descartó la idea de que los cambios en el nivel del mar fueran el motor principal. Si bien los niveles del mar cambian con el ciclo más corto de 100,000 años, el ciclo de 400,000 años no aparece claramente en la historia de los niveles del mar durante el período de tiempo que estudiaron. Si las colinas estuvieran reaccionando solo al peso del agua, el patrón de 400,000 años debería haber estado ausente, pero no fue así.
En su lugar, los autores proponen un mecanismo más directo que involucra la gravedad. La órbita de la Tierra no es un círculo perfecto; se estira y se encoge en un ciclo que dura unos 400,000 años. Cuando la órbita está más estirada, la Tierra se acerca al Sol en su punto más cercano. Este cambio en la distancia altera la fuerza de la atracción gravitacional del Sol sobre nuestro planeta. Los investigadores calcularon que esta variación en la gravedad solar es en realidad mucho más fuerte que el tirón gravitacional de la Luna, que es conocida por causar mareas en los océanos e incluso en la Tierra sólida.
El equipo sugiere que este tirón solar más fuerte actúa como un disparador para las cámaras de magma situadas profundamente bajo el fondo oceánico. Así como la gravedad de la Luna puede tirar de la Tierra sólida para crear pequeñas mareas, la gravedad del Sol, cuando es más fuerte durante el pico del ciclo de 400,000 años, le da un empujón más fuerte a la roca fundida dentro de la Tierra. Este empujón hace que sea más fácil que el magma rompa la corteza y erupcione, creando nuevo fondo marino. Cuando la órbita está menos estirada, el tirón es más débil y las erupciones ocurren con menos frecuencia. Este disparo rítmico crea el patrón de colinas y valles que vemos hoy.
Este descubrimiento cambia nuestra comprensión de la conexión entre el cielo y la Tierra profunda. Muestra que el ritmo del sistema solar puede controlar directamente la formación del fondo oceánico, independientemente del clima o de las eras de hielo. El ciclo de 400,000 años actúa como un marcapasos global, un latido constante que impulsa la creación de nueva corteza en el fondo de los océanos del mundo. Si bien los detalles exactos de cómo funciona este disparador gravitacional dentro del manto de la Tierra aún deben ser explorados, la evidencia ahora es clara: las colinas del océano profundo están siguiendo el tiempo con la danza larga y lenta de la órbita de la Tierra alrededor del Sol.
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