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A Novel TREX1 Frameshift Variant (c.802del p. (Arg268Glyfs*9) Associated with Retinal Vasculopathy with Cerebral Leukoencephalopathy and Systemic Manifestations: a Case Report

Este reporte de caso describe a un hombre de 42 años con una variante de cambio de marco de lectura novel en *TREX1* (c.802del p. Arg268Glyfs*9) que causa Vasculopatía Retiniana con Leucoencefalopatía Cerebral y Manifestaciones Sistémicas (RVCL-S), destacando la importancia del diagnóstico genético temprano para evitar procedimientos invasivos innecesarios en pacientes que presentan lesiones cerebrales y vasculopatía retiniana.

Autores originales: Somya Chowdhary, Monique Leys, Peng Cheng Han, Jonathan J. Miner, Byron L. Lam

Publicado 2026-09-16
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Autores originales: Somya Chowdhary, Monique Leys, Peng Cheng Han, Jonathan J. Miner, Byron L. Lam

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El cuerpo humano depende de un delicado equilibrio entre la reparación y el mantenimiento para que sus células funcionen correctamente. Entre las muchas herramientas moleculares que realizan este mantenimiento se encuentra una proteína llamada TREX1, que actúa como un editor especializado, escaneando el ADN en busca de errores y eliminando las secciones dañadas para prevenir el caos genético. Normalmente, esta proteína permanece anclada de forma segura fuera del centro de mando de la célula, el núcleo, donde realiza sus tareas específicas sin interferir con el plano genético. Sin embargo, cuando las instrucciones para construir esta proteína se alteran ligeramente, el editor puede desorientarse. En lugar de quedarse en su lugar, se desliza hacia el núcleo y comienza a dañar el propio ADN que debería proteger. Este tipo específico de error desencadena una cascada de inflamación y debilita los diminutos vasos sanguíneos por todo el cuerpo, lo que conduce a una enfermedad rara y grave conocida como vasculopatía retiniana con leucoencefalopatía cerebral y manifestaciones sistémicas. Aunque la enfermedad afecta a los ojos, al cerebro y a varios órganos, sigue siendo poco comprendida, y durante décadas, los médicos han luchado por identificar los desencadenantes genéticos precisos que la causan en diferentes familias.

En un informe de caso reciente, los investigadores describen a un hombre de 42 años cuyos síntomas confusos y progresivos finalmente condujeron a un avance en la comprensión de esta condición. El hombre llegó a la sala de urgencias en un estado de confusión, sufriendo dolores de cabeza intensos y náuseas tras una lesión leve en la cabeza. Las exploraciones iniciales de su cerebro revelaron una masa grande y alarmante en el lado izquierdo de su cabeza que presionaba las estructuras circundantes, un hallazgo que típicamente sugiere un tumor o una infección grave. Los médicos realizaron una biopsia, extrayendo un trozo de tejido para examinarlo bajo un microscopio, pero los resultados fueron inconcluyentes, mostrando solo inflamación y tejido muerto en lugar de un cáncer o bacterias claras. A pesar del tratamiento con antibióticos de amplio espectro, su condición no mejoró, y el equipo médico se quedó sin una respuesta definitiva. La situación parecía un misterio médico, con las lesiones cerebrales del paciente y un historial de abuso de sustancias complicando el panorama.

El punto de inflexión llegó cuando los médicos miraron más allá del cerebro y examinaron los ojos del paciente. Un examen oftalmológico reveló un patrón distintivo de daño en los vasos sanguíneos de la parte posterior del ojo, específicamente una falta de flujo sanguíneo en la retina periférica y el crecimiento de nuevos vasos frágiles que requirieron tratamiento con láser para prevenir la ceguera. Esta condición ocular específica, combinada con las lesiones cerebrales, apuntaba hacia un trastorno genético raro en lugar de una infección o un tumor. Investigaciones posteriores sobre la historia familiar del paciente revelaron un patrón trágico: su padre había muerto a los 38 años de lo que se diagnosticó como "cáncer cerebral", y otros parientes, incluyendo una abuela y primos, habían sufrido problemas oculares y cerebrales similares. Esta historia familiar proporcionó la pista crucial de que el problema era hereditario.

Las pruebas genéticas en una muestra de la mejilla del paciente confirmaron el diagnóstico. Los investigadores encontraron un error nuevo y previamente desconocido en el gen que codifica la proteína TREX1. Este error específico, una pequeña deleción en el código genético, provoca que la proteína se construya incorrectamente. En lugar de la proteína de longitud completa que permanece en su lugar adecuado, el cuerpo produce una versión acortada que carece del ancla necesaria para mantenerla fuera del núcleo. En consecuencia, esta proteína defectuosa entra en el núcleo y daña el ADN, desencadenando la inflamación y la debilidad de los vasos sanguíneos observadas en el cerebro y los ojos del paciente. Este descubrimiento es significativo porque identifica una nueva causa genética para la enfermedad, ampliando la lista de mutaciones conocidas que pueden conducir a esta devastadora condición.

El caso del paciente también destacó el impacto más amplio de la enfermedad en el cuerpo. Más allá del cerebro y los ojos, sufrió de necrosis avascular, una condición donde el tejido óseo muere debido a la falta de suministro sanguíneo, afectando específicamente la articulación de la cadera. También exhibió signos de inflamación sistémica, incluyendo niveles elevados de ciertas proteínas en la sangre que suelen estar asociadas con trastornos autoinmunes. Los investigadores señalaron que reconocer esta condición genética tempranamente podría haber ahorrado al paciente una cirugía cerebral innecesaria, ya que los síntomas suelen imitar tumores o abscesos. Actualmente, no existe una cura para la enfermedad, y los tratamientos se centran en el manejo de los síntomas, como el uso de esteroides para reducir la inflamación cerebral o la terapia con láser para los ojos. Si bien se han probado algunos fármacos experimentales para frenar la progresión de la enfermedad, los resultados han sido mixtos, y los pacientes suelen enfrentarse a una esperanza de vida reducida.

Este informe sirve como un recordatorio vital de la importancia de las pruebas genéticas cuando los pacientes presentan una combinación de problemas oculares y cerebrales que no encajan con los diagnósticos estándar. Al identificar el error genético específico, los médicos pueden proporcionar una explicación clara para el sufrimiento del paciente y evitar procedimientos invasivos que no ofrecen ningún beneficio. El descubrimiento de esta nueva variante en el gen TREX1 añade una pieza más al rompecabezas de cómo los errores genéticos pueden conducir a enfermedades complejas y multisistémicas. Subraya la necesidad de continuar la investigación sobre cómo estas proteínas desorientadas causan daños y cómo las nuevas terapias podrían algún día detener el proceso antes de que ocurra un daño irreversible. Para las familias afectadas por esta rara condición, la identificación de la causa genética ofrece un camino hacia la comprensión, incluso si una cura completa sigue fuera de alcance.

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