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Drivers of Wave Attenuation by Mangroves across contrasting geomorphic settings in Colombia

Este estudio demuestra que, si bien la atenuación de las olas por los manglares en Colombia está impulsada principalmente por la densidad volumétrica y las condiciones hidrodinámicas, la alta variabilidad local en estos factores a menudo enmascara las diferencias regionales más amplias a través de entornos geomórficos contrastantes.

Autores originales: Maria Fernanda Acosta-Silva, David Alejandro Sánchez-Núñez, Cesar David Padilla Mendoza, Jose Ernesto Mancera-Pineda

Publicado 2026-09-22✓ Author reviewed ⓘ
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Autores originales: Maria Fernanda Acosta-Silva, David Alejandro Sánchez-Núñez, Cesar David Padilla Mendoza, Jose Ernesto Mancera-Pineda

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Las costas del mundo están bajo una presión constante por el aumento del nivel del mar y las olas poderosas, lo que amenaza hogares, infraestructura y el delicado equilibrio de los ecosistemas costeros. Ante estos desafíos, científicos e ingenieros buscan cada vez más soluciones en la propia naturaleza, recurriendo a ecosistemas que han evolucionado para resistir la fuerza del océano. Entre las barreras naturales más efectivas se encuentran los bosques de manglares, densos matorrales de árboles que crecen en agua salada. Estos bosques actan como rompeolas vivientes; sus raíces y troncos enredados crean fricción contra el agua, frenando las olas y reduciendo su altura antes de que lleguen a la orilla. Sin embargo, no todos los manglares son construidos de la misma manera, y las condiciones oceánicas que enfrentan varían enormemente de un lugar a otro. Algunos crecen en lagunas tranquilas y resguardadas, mientras que otros están expuestos a toda la furia del mar abierto. Comprender exactamente cómo estos bosques frenan las olas, y por qué su efectividad cambia de un lugar a otro, es crucial para proteger a las comunidades vulnerables.

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia se propuso desentrañar esta complejidad estudiando los manglares a través de las diversas costas del país. Viajaron a siete sitios diferentes, que iban desde las aguas tranquilas y resguardadas de las lagunas del Caribe hasta las costas del Pacífico, azotadas por las olas y de gran energía. Su objetivo era ver cómo la forma de la tierra, el tipo de movimiento del agua y la estructura de los propios árboles influían en la capacidad del bosque para amortiguar las olas entrantes. Al medir la presión del agua y la altura de las olas en múltiples puntos dentro de los bosques, y al mapear cuidadosamente la densidad de las raíces de los árboles, pudieron aislar exactamente cuánta energía estaban absorbiendo los manglares. Descubrieron que, si bien el tipo de paisaje costero —ya fuera un delta de un río, una laguna o una playa abierta— desempeñaba un papel, no era el único, ni siquiera el factor más dominante.

El estudio reveló que el motor más poderoso de la reducción de las olas era la pura densidad de la vegetación, específicamente el volumen de raíces y tallos agrupados en el agua. En un lugar, la Ciénaga Grande de Santa Marta, los investigadores encontraron un banco de manglares con una densidad de raíces excepcionalmente alta, debido en parte a que las raíces sumergidas estaban cubiertas por una espesa capa de organismos similares a pequeñas conchas. Este sitio registró la tasa de reducción de olas más alta jamás medida globalmente, con olas que perdían casi la mitad de su altura por cada metro que recorrían a través del bosque. En contraste, los sitios con sistemas de raíces más dispersos, como los de la costa expuesta del Pacífico, mostraron tasas de reducción de olas mucho menores. Sin embargo, los investigadores descubrieron que tener un bosque denso no garantizaba automáticamente la mejor protección si el agua era demasiado profunda. Cuando la marea estaba alta, el agua fluía sobre la parte más densa del sistema de raíces cerca del suelo, permitiendo que las olas pasaran con menos resistencia. Por el contrario, cuando la marea estaba baja, las olas chocaban directamente contra el grupo más grueso de raíces, maximizando la fricción y la pérdida de energía.

Esta interacción entre el nivel del agua y la estructura del bosque significaba que la efectividad de los manglares era altamente variable, incluso dentro de una misma área pequeña. Los investigadores descubrieron que las diferencias locales en la altura de las olas y la densidad de las raíces eran a menudo tan grandes que podían ocultar patrones más amplios relacionados con el tipo de costa. Por ejemplo, aunque los manglares en lagunas deltaicas tendían a reducir las olas de manera más efectiva que los de los estuarios, la diferencia no era estadísticamente clara porque las condiciones dentro de cada sitio fluctuaban de manera tan dramática. El estudio también destacó que la presencia de organismos epífitos —aquellos pequeños seres que colonizan las raíces en aguas tranquilas— aumentaba significativamente el volumen de la vegetación, convirtiendo al bosque en una barrera más efectiva. No obstante, incluso en entornos expuestos y de alta energía donde estos organismos no podían sobrevivir, los manglares seguían proporcionando una protección sustancial, lo que sugiere que los árboles mismos son lo suficientemente robustos como para manejar condiciones duras, siempre que su densidad de raíces se mantenga alta.

En última instancia, el trabajo sugiere que no existe una fórmula única para determinar qué tan bien un bosque de manglar protegerá una costa. La capacidad de estos bosques para calmar el mar depende de una danza compleja entre la estructura física de los árboles y las fuerzas dinámicas del agua. Si bien el tipo de paisaje establece el escenario, el desempeño específico del bosque está determinado por la densidad local de las raíces y la altura de la marea en cualquier momento dado. Esto significa que proteger y restaurar los manglares requiere más que solo plantar árboles; implica comprender el contexto hidrodinámico específico de cada sitio. Al enfocarse en mantener una alta densidad de raíces y reconocer el papel de los colonizadores naturales, los gestores costeros pueden aprovechar mejor estos ecosistemas como una defensa confiable contra el aumento del nivel del mar y las tormentas cada vez más fuertes que amenazan las costas del mundo.

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