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Five-Year Real-World Outcomes of iStent inject W® Combined with Phacoemulsification in Ocular Hypertension and Primary Open-Angle Glaucoma

Este estudio retrospectivo de cinco años demuestra que la combinación de iStent inject W® con facoemulsificación proporciona una reducción sostenida de la presión intraocular, una reducción duradera de la carga de medicación y estabilidad estructural a largo plazo en pacientes con hipertensión ocular o glaucoma de ángulo abierto primario, lo que respalda su eficacia como estrategia de manejo a largo plazo.

Autores originales: María Parrilla Vallejo, Álvaro Villazán Cervantes, Sandra Domínguez Llamas, Pedro Molina Solana, Enrique Rodríguez de la Rúa Franch

Publicado 2026-10-15
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: María Parrilla Vallejo, Álvaro Villazán Cervantes, Sandra Domínguez Llamas, Pedro Molina Solana, Enrique Rodríguez de la Rúa Franch

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El glaucoma es un ladrón silencioso de la visión, un grupo de enfermedades oculares que dañan lentamente el nervio óptico, el cable que transporta las imágenes desde el ojo hasta el cerebro. La forma más común, conocida como glaucoma de ángulo abierto primario, suele desarrollarse sin dolor ni signos de advertencia hasta que la visión ya se ha perdido. El factor más importante que los médicos pueden controlar para detener este daño es la presión dentro del ojo. Durante décadas, la forma estándar de reducir esta presión ha sido el uso diario de gotas oftálmicas. Aunque son eficaces, estas gotas pueden resultar difíciles de recordar para los pacientes, a menudo causan irritación en la superficie del ojo y requieren un compromiso de por vida que muchos encuentran pesado. Cuando las gotas fallan o son demasiado difíciles de gestionar, los cirujanos recurren tradicionalmente a operaciones más invasivas que conllevan mayores riesgos y tiempos de recuperación más largos. En años recientes, ha surgido un camino intermedio: cirugías mínimamente invasivas que pretenden ayudar al ojo a drenar el fluido de forma natural, ofreciendo una alternativa más segura con menos efectos secundarios.

Un equipo de investigadores del Hospital Universitario Virgen Macarena en Sevilla, España, se propuso observar qué tan bien se mantiene uno de estos procedimientos más nuevos a largo plazo. Se centraron en un dispositivo diminuto llamado iStent inject W, que se implanta durante la cirugía de catarata para crear un pequeño desvío para que el fluido salga del ojo. Si bien estudios anteriores mostraron que el dispositivo funcionaba bien durante unos pocos años, existía un vacío de conocimiento respecto a su rendimiento durante cinco años completos en el mundo real, fuera de los ensayos clínicos estrictamente controlados. Para llenar este vacío, los investigadores revisaron los expedientes médicos de 149 pacientes que habían recibido el dispositivo, ya fuera solo o combinado con cirugía de catarata, y siguieron su progreso durante hasta cinco años.

El estudio siguió a estos pacientes a través de una serie de revisiones, midiendo la presión ocular, contando cuántas gotas oftálmicas necesitaban y comprobando su visión y la salud de sus nervios ópticos. Los resultados ofrecieron un panorama tranquilizador de estabilidad a largo plazo. Inmediatamente después de la cirugía, los pacientes experimentaron una mejora significativa en su visión, un resultado consistente con el hecho de que muchos también se estaban sometiendo a la extracción de cataratas. Durante los siguientes cinco años, la presión dentro del ojo mostró una tendencia descendente constante. Si bien la disminución de la presión fue estadísticamente muy clara en los primeros años, los datos en las marcas de los tres y cinco años mostraron un descenso continuo y suave que, aunque no alcanzó el nivel más alto de certeza estadística debido al menor número de pacientes que permanecieron en el estudio, seguía apuntando en la dirección correcta.

Quizás tan importante como las cifras de presión fue el cambio en la vida diaria de los pacientes. El número de gotas oftálmicas necesarias para controlar la afección disminuyó significamente en cada visita de seguimiento. Esta reducción en la carga de medicación es una gran victoria, ya que significa menos efectos secundarios y una menor dependencia de rutinas diarias que pueden ser difíciles de mantener. Los investigadores también analizaron la salud estructural del ojo, utilizando imágenes avanzadas para medir el grosor de las fibras nerviosas y la forma del nervio óptico. Estas mediciones se mantuvieron notablemente estables durante los cinco años, lo que sugiere que el dispositivo ayudó a preservar la arquitectura del ojo. El campo visual, que mapea cuánto puede ver una persona hacia los lados, mostró un declive muy leve con el tiempo, pero esto fue consistente con la progresión natural y lenta del glaucoma incluso cuando se trata, en lugar de ser un fallo de la cirugía.

El estudio también reveló algunas diferencias interesantes entre los grupos de pacientes. Los hombres tendieron a tener una presión ocular ligeramente más baja después de la cirugía en comparación con las mujeres, y los pacientes con hipertensión ocular, una condición donde la presión es alta pero no ha ocurrido daño en el nervio, presentaron niveles de presión más altos que aquellos con glaucoma establecido. Los investigadores señalaron que estas diferencias probablemente reflejan variaciones naturales en la anatomía ocular más que una diferencia en la eficacia de la cirugía para distintas personas. Como ocurre con cualquier estudio a largo plazo, el número de pacientes disponibles para la revisión final de cinco años fue menor que al inicio, ya que algunas personas se mudaron o dejaron de asistir a las visitas de rutina. A pesar de esto, los datos disponibles contaron una historia coherente.

Los hallazgos sugieren que el iStent inject W proporciona una solución duradera para reducir la presión ocular y la necesidad de medicación durante un período de cinco años. Parece ser una forma segura y eficaz de gestionar el glaucoma y la hipertensión ocular, ofreciendo una alternativa estable a la terapia prolongada con gotas. Al mantener la salud estructural del ojo y controlar la presión, este enfoque respalda la idea de que la cirugía mínimamente invasiva puede ser una parte valiosa de un plan a largo plazo para proteger la visión. El estudio refuerza el potencial de estos dispositivos diminutos para cambiar el manejo del glaucoma, ofreciendo a los pacientes un camino que depende menos de las gotas diarias y se enfoca más en un soporte estructural sostenido para el ojo.

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