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Irrational use of non-steroidal anti-inflammatory drugs (NSAIDS): clinical impacts, toxicological risks, and the role of pharmaceutical care in promoting rational use

Esta revisión integrativa destaca los graves riesgos clínicos y toxicológicos asociados con el uso irracional y generalizado de los AINE, impulsado por las altas tasas de automedicación, y subraya el papel crítico de las intervenciones de atención farmacéutica para mitigar estos peligros y promover el uso racional de los medicamentos.

Autores originales: SEBASTIAO SALAZAR JANSEM FILHO, Thais Stefanny Souza dos Santos, Nairyele Beatriz de Oliveira Crispim, Francisca Karyna Soares da Silva, Iolanda do Nascimento Araújo Rocha

Publicado 2026-09-14
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: SEBASTIAO SALAZAR JANSEM FILHO, Thais Stefanny Souza dos Santos, Nairyele Beatriz de Oliveira Crispim, Francisca Karyna Soares da Silva, Iolanda do Nascimento Araújo Rocha

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El dolor es una experiencia humana universal y, durante siglos, las personas han buscado alivio en sustancias que calman la inflamación y bajan la fiebre. Entre las herramientas más comunes para esta tarea se encuentra una clase de medicamentos conocidos como antiinflamatorios no esteroideos, o AINEs. Probablemente los conozca por nombres como ibuprofeno o naproxeno. Estos fármacos actúan bloqueando enzimas específicas en el cuerpo que producen las sustancias químicas responsables de la hinchazón y las señales de dolor. Debido a que son efectivos y están disponibles sin receta en muchos lugares, se han convertido en un elemento básico en los botiquines de todo el mundo. Sin embargo, este fácil acceso ha creado un problema oculto: muchas personas utilizan estos fármacos sin comprender los riesgos, tratándolos como remedios inofensivos en lugar de medicamentos potentes que pueden dañar el cuerpo si se usan incorrectamente.

Esta realidad constituye el trasfondo de una revisión exhaustiva realizada por investigadores de Brasil, quienes se propusieron comprender el verdadero costo de este uso generalizado y no supervisado. El equipo, liderado por Sebastião Salazar Jansem Filho y sus colegas, recopiló estudios científicos existentes para trazar exactamente qué sucede cuando los AINE se toman sin la orientación adecuada. Se centraron en tres preguntas principales: con qué frecuencia las personas utilizan estos fármacos por su cuenta, qué daños específicos causan en diferentes órganos y cómo los farmacéuticos capacitados pueden intervenir para detener el daño antes de que comience. Su trabajo no es un experimento nuevo, sino una síntesis cuidadosa de docenas de estudios ya publicados, lo que permite observar patrones que los estudios individuales podrían pasar por alto.

Los investigadores descubrieron que el hábito de automedicarse con AINE es mucho más común de lo que muchos creen. En su análisis de diversas poblaciones, descubrieron que casi el 90 por ciento de los adultos en algunos grupos había utilizado estos fármacos sin orden médica. Las cifras fueron aún más impactantes en grupos específicos; entre las personas que hacen ejercicio regularmente, casi dos tercios utilizaban AINE para superar el dolor muscular, mientras que en una encuesta a madres que gestionaban la fiebre en niños, un asombroso 87 por ciento administraba el medicamento de forma incorrecta. Este comportamiento es impulsado por la creencia generalizada de que, debido a que estos fármacos se venden sin receta, son totalmente seguros. La revisión sugiere que esta creencia es peligrosa, ya que lleva a las personas a tomar dosis demasiado altas, a usar los fármacos durante demasiado tiempo o a combinarlos con otros medicamentos de formas que crean graves riesgos para la salud.

Cuando estos fármacos se utilizan sin límites, pueden atacar múltiples sistemas del cuerpo simultáneamente. Los investigadores detallaron cómo el revestimiento del estómago, que depende de ciertas sustancias químicas naturales para protegerse, puede erosionarse, provocando úlceras hemorrágicas. Los riñones, que filtran los desechos de la sangre, pueden sufrir una falla repentina porque los fármacos reducen el flujo sanguíneo hacia ellos, un riesgo que se dispara si el paciente también toma medicamentos para la presión arterial. El corazón y los vasos sanguíneos enfrentan sus propias amenazas; la revisión destacó que ciertos AINE pueden alterar el equilibrio de las sustancias químicas que evitan que la sangre se coagule con demasiada facilidad, aumentando significamente la probabilidad de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Incluso el hígado puede sufrir daños impredecibles, y para las personas con asma, estos fármacos pueden desencadenar ataques respiratorios severos. El estudio dejó claro que ningún AINE está exento de estos peligros, aunque algunos conllevan mayores riesgos para el corazón mientras que otros son más propensos a dañar el estómago.

Para combatir esta crisis silenciosa, los autores señalan una solución específica: el papel activo del farmacéutico. En su opinión, la persona detrás del mostrador no es solo un vendedor de medicamentos, sino un guardián crítico de la seguridad. La revisión describe una estrategia donde los farmacéuticos evalúan a los clientes en busca de riesgos ocultos, como antecedentes de úlceras o enfermedades cardíacas, y limitan estrictamente cuánto tiempo puede una persona tomar estos fármacos por su cuenta. Recomiendan que la automedicación nunca dure más de tres a cinco días. Si el dolor persiste más allá de ese breve periodo, el farmacéutico debe insistir en que la persona vea a un médico. Al seguir este enfoque, que incluye la verificación de interacciones peligrosas con otros fármacos y la educación de los pacientes sobre las dosis correctas, el sistema de salud puede prevenir muchas de las lesiones graves y hospitalizaciones actualmente causadas por el uso descuidado de estos medicamentos comunes.

El mensaje final de la revisión es que, si bien los AINE siguen siendo herramientas valiosas para el manejo del dolor, su poder exige respeto. Los autores concluyen que el patrón actual de uso sin restricciones es un desafío de salud pública que requiere un cambio de comportamiento. No basta con tener los fármacos disponibles; deben utilizarse con conocimiento y supervisión. Al empoderar a los farmacéuticos para guiar a los pacientes y al educar al público de que "sin receta" no significa "sin riesgo", la sociedad puede asegurar que estos medicamentos proporcionen alivio sin causar el mismo daño que pretenden prevenir.

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