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Rethinking postoperative drainage after ureteroscopy with flexible and navigable ureteral access sheaths (FANS): Is Same-Day MonoJ Stenting Safe?

Este estudio retrospectivo demuestra que el estentado MonoJ el mismo día es una estrategia de drenaje postoperatorio segura y factible para pacientes cuidadosamente seleccionados sometidos a ureteroscopia asistida por FANS, logrando una tasa de ausencia de cálculos del 100 % sin complicaciones registradas.

Autores originales: Luis Rico, Ignacio Penalba, Facundo Martin, Juliana Álvarez Jaramillo, Leandro Blas, Pablo Contreras

Publicado 2026-10-18
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Luis Rico, Ignacio Penalba, Facundo Martin, Juliana Álvarez Jaramillo, Leandro Blas, Pablo Contreras

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Los cálculos renales son una realidad dolorosa para millones de personas, que a menudo requieren un procedimiento en el que un cirujano introduce una cámara delgada y flexible a través del tracto urinario para pulverizar los cálculos. Durante décadas, la práctica estándar tras una operación exitosa de este tipo ha sido dejar un pequeño tubo de plástico dentro del cuerpo del paciente durante días o semanas. Este tubo, conocido como stent, actúa como un andamio temporal para mantener abierto el uréter —el estrecho conducto que conecta el riñón con la vejiga— mientras sana de la inflamación causada por la cirugía. Aunque este tubo evita obstrucciones, es célebre por causar una incomodidad significativa, incluyendo dolor agudo, urgencia frecuente de orinar y sangre en la orina, lo que a menudo arruina la calidad de vida del paciente durante la recuperación.

Las guías médicas han sugerido durante mucho tiempo que este tubo rutinario podría no ser necesario para todos los pacientes, pero en la práctica, la mayoría de los cirujanos todavía colocan uno por precaución. El temor es que, sin él, la inflamación pudiera atrapar la orina o fragmentos de cálculos sobrantes, provocando complicaciones. Sin embargo, una nueva generación de herramientas quirúrgicas está cambiando el panorama. Estas herramientas incluyen una vaina especializada que no solo guía la cámara, sino que también succiona activamente el polvo de piedra y el fluido, manteniendo baja la presión dentro del riñón y la visión despejada. Este avance plantea una pregunta simple pero profunda: si el cirujano puede ver claramente que todos los cálculos se han ido y que el tubo está intacto, ¿es realmente necesario dejar un doloroso tubo dentro del paciente durante días, o puede el paciente irse a casa el mismo día con un periodo de drenaje mucho más corto?

Un equipo de investigadores del Hospital Alemán en Argentina se propuso responder a esta pregunta probando un enfoque más audaz en un grupo de pacientes cuidadosamente seleccionados. Se centraron en individuos que se sometieron a un tipo específico de cirugía de cálculos renales utilizando una vaina de succión flexible y navegable. La clave de su estrategia fue la selección estricta. Solo incluyeron a pacientes que entraron en la cirugía sin una infección activa, que tenían cada uno de los fragmentos de piedra eliminados al final del procedimiento y cuyos uréteres no mostraban signos de lesión tras la inserción y extracción de las herramientas quirúrgicas. Para estos 167 pacientes, los cirujanos no colocaron el tubo tradicional de larga duración. En su lugar, insertaron un catéter de un solo jet temporal que drenó la orina durante solo unas pocas horas antes de ser retirado por completo antes de que el paciente saliera del hospital.

Los resultados de este experimento fueron sorprendentemente limpios. En cada uno de los 167 procedimientos, los cirujanos confirmaron que los pacientes estaban completamente libres de fragmentos de piedra cuando se les realizó una exploración mediante escaneo cuatro semanas después. Más importante aún, ningún paciente sufrió complicaciones que requirieran el regreso al hospital o un segundo procedimiento. No hubo casos de flujo de orina bloqueado, infecciones ni dolor inmanejable que forzara un cambio en el plan. Los pacientes pudieron tener retirados el catéter temporal y el catéter urinario apenas seis a ocho horas después de la cirugía y se fueron a casa el mismo día, evitando las semanas de malestar asociadas habitualmente con el stent tradicional.

Este resultado sugiere que para un grupo específico de pacientes —aquellos con cirugías limpias, sin infecciones y sin daños en el conducto urinario— el stent tradicional de larga duración puede ser una carga innecesaria. Los investigadores descubrieron que la combinación de la herramienta de succión avanzada, que elimina los desechos de manera eficiente, y la capacidad del cirujano para confirmar un resultado perfecto durante la operación, crea un entorno seguro donde el cuerpo puede sanar sin soporte interno prolongado. El estudio indica que dejar un tubo durante días no es un requisito universal para la seguridad, siempre que la cirugía sea impecable y el paciente esté sano desde el principio.

Sin embargo, los investigadores advierten cuidadosamente que este enfoque no es una solución para todos los casos. El éxito de este método dependió enteramente de la rigurosa selección de los pacientes y del alto nivel de habilidad de los cirujanos que realizaron las operaciones. El estudio fue realizado en un único centro por especialistas experimentados, y los pacientes fueron elegidos específicamente porque no presentaban factores de riesgo como infecciones o lesiones visibles. Los autores reconocen que sus hallazgos son preliminares y que el enfoque no puede aplicarse a todas las cirugías de cálculos renales. Enfatizan que, aunque los resultados son prometedores, se necesitan estudios más amplios que involucren a diferentes hospitales y una mayor variedad de pacientes para confirmar si este mismo día de recuperación libre de tubos es seguro para la población general. Hasta entonces, la decisión de omitir el stent de larga duración sigue siendo un cálculo cuidadoso, reservado para los casos más ideales donde la cirugía resulta perfecta.

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