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Atypical Sturge–Weber syndrome Type III without facial nevus presenting as acute focal neurological deficit in a child: a case report

Este reporte de caso describe a una niña de 4 años con síndrome de Sturge–Weber tipo III atípico que presentó déficits neurológicos focales agudos y fiebre, destacando el desafío diagnóstico de distinguir esta condición de la encefalitis y enfatizando el papel crítico de la resonancia magnética con contraste para un diagnóstico preciso cuando los hallazgos de la TC son engañosos.

Autores originales: Abdul Rafay Mumtaz, Salma Ayaz Siddiqui, Muhammad Soban Khan, Usama Shahid, Fatima Nasir, Muhammad Umer Ishaq, Abdul Sattar, Pooja Shah

Publicado 2026-10-06
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Autores originales: Abdul Rafay Mumtaz, Salma Ayaz Siddiqui, Muhammad Soban Khan, Usama Shahid, Fatima Nasir, Muhammad Umer Ishaq, Abdul Sattar, Pooja Shah

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El cerebro humano es una compleja red de vasos sanguíneos y tejido, y cuando esa red se desarrolla con un defecto, puede dar lugar a una afección conocida como síndrome de Sturge–Weber. En su forma clásica, esta afección es inmediatamente reconocible: un niño nace con una distintiva mancha de nacimiento roja, a menudo llamada mancha de vino de Oporto, en un lado de la cara. Esta marca es un signo visible de un problema más profundo donde se forman vasos sanguíneos anormales en el revestimiento del cerebro, lo que puede causar convulsiones o debilidad en un lado del cuerpo. Los médicos han dependido durante mucho tiempo de esta marca visible en la piel para detectar la enfermedad tempranamente. Sin embargo, la medicina está llena de excepciones, y existe una versión rara y oculta de este síndrome donde el cerebro se ve afectado, pero la cara y los ojos permanecen completamente despejados. Esta variante invisible hace que el diagnóstico sea increíblemente difícil, ya que los signos reveladores que los médicos buscan simplemente no están ahí.

Un equipo de investigadores documentó recientemente un ejemplo sorprendente de esta condición oculta en una niña de cuatro años. La niña llegó al hospital con fiebre alta y una debilidad repentina en su lado izquierdo. Debido a que tenía fiebre y un problema neurológico repentino, la primera idea del equipo médico fue una infección, como la encefalitis, que es una inflamación del cerebro a menudo causada por un virus o bacteria. Realizaron un escaneo estándar de su cerebro utilizando rayos X, una técnica llamada tomografía computarizada (TC) sin contraste. Este escaneo inicial mostró algunas áreas oscuras y parches en el tejido cerebral, que parecían daños causados por una infección, lo que reforzaba la idea de que estaba enferma debido a una enfermedad en lugar de un defecto congénito estructural. Basándose en esto, fue tratada con antibióticos y otros medicamentos para una infección, pero sus síntomas no se resolvieron por completo y el diagnóstico siguió siendo incierto.

Para obtener una imagen más clara, los médicos ordenaron un escaneo más detallado llamado resonancia magnética (RM) con contraste. Este procedimiento utiliza un tinte especial inyectado en el torrente sanguíneo para hacer que los vasos sanguíneos y ciertos tejidos se iluminen en la imagen. Los resultados fueron una revelación. En lugar de los signos de una infección, el escaneo reveló un patrón específico de vasos sanguíneos anormales que recubren la superficie del cerebro, junto con un ligero encogimiento del tejido cerebral en las secciones frontal y superior derecha. Estas características son el sello distintivo del síndrome de Sturge–Weber, pero específicamente de un tipo que carece de la mancha de nacimiento facial. El escaneo también mostró que las venas profundas que drenan la sangre del cerebro eran más anchas de lo normal, un signo de que la sangre estaba luchando por encontrar su camino habitual de salida. Esto confirmó que la niña tenía una forma rara de la enfermedad, conocida como Tipo III, que se presenta sin la clásica mancha de nacimiento roja ni problemas oculares.

El descubrimiento cambió el curso de su atención. Una vez que los médicos comprendieron que el problema era un defecto vascular de nacimiento en lugar de una infección, cambiaron hacia un manejo de apoyo. Durante la siguiente semana, la fuerza de la niña regresó gradualmente. No sufrió convulsiones, una complicación común de la forma clásica de la enfermedad, y finalmente se recuperó lo suficiente como para volver a la escuela y jugar de forma independiente. Su caso sirve como un recordatorio crítico de que cuando un niño presenta debilidad repentina y fiebre, pero las pruebas estándar son confusas, los médicos deben mirar más profundamente. El escaneo inicial había sido engañoso, mostrando solo las secuelas del problema en lugar de la causa. Solo la RM detallada pudo revelar la verdadera naturaleza de la condición.

Este caso resalta un desafío significativo en la medicina pediátrica: el peligro de confiar únicamente en los signos más obvios. En la versión clásica del síndrome de Sturge–Weber, la mancha de nacimiento roja actúa como una bandera que guía a los médicos hacia el diagnóstico correcto rápidamente. En el caso de esta niña, la ausencia de esa bandera condujo a un periodo de incertidumbre y a un diagnóstico erróneo de infección. Los investigadores enfatizan que para los niños que muestran déficits neurológicos repentinos sin los signos cutáneos o oculares habituales, una RM detallada con contraste es esencial. Es la única forma de ver las anomalías vasculares ocultas que definen esta rara condición. Al reconocer este patrón tempranamente, los médicos pueden evitar tratamientos innecesarios para infecciones y enfocarse en el cuidado específico necesario para el problema vascular, lo que conduce a mejores resultados para los niños que de otro modo podrían ser pasados por alto.

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