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Enzymatic Debridement as a Tissue-Sparing Wound Bed Preparation Strategy in a Preterm Newborn With Postoperative Wound Dehiscence: An Off-Label Case Report

Este reporte de caso demuestra que el desbridamiento enzimático basado en bromelina fuera de indicación es una estrategia de preservación de tejidos segura y eficaz para el manejo de la dehiscencia de herida posoperatoria compleja en un recién nacido pretérmino, lo que conduce a un cierre rápido de la herida sin eventos adversos.

Autores originales: Biagio Nicolosi, Greta Ghizzardi, Benedetta Virginia Difalco, Bettina Violini, Enrico Ciardini, Marco Moroni, Alessandra Martin, Flavio Facchini, Guido Ciprandi, Enrica La Rosa, Zaccaria Ricci

Publicado 2026-10-19
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Biagio Nicolosi, Greta Ghizzardi, Benedetta Virginia Difalco, Bettina Violini, Enrico Ciardini, Marco Moroni, Alessandra Martin, Flavio Facchini, Guido Ciprandi, Enrica La Rosa, Zaccaria Ricci

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La curación de una herida es una delicada negociación biológica, especialmente cuando el paciente es un recién nacido nacido demasiado pronto. En estos cuerpos diminutos, la piel no es solo delgada; es estructuralmente inmadura, con capas que aún no se mantienen unidas firmemente y un sistema de defensa que reacciona de manera distinta ante una lesión en comparación con el de un adulto. Cuando una incisión quirúrgica no cierra adecuadamente —una complicación conocida como dehiscencia de la herida— la situación se vuelve crítica. El cuerpo no puede simplemente parchar el hueco; primero debe eliminar el tejido muerto o dañado para hacer espacio al nuevo crecimiento. Sin embargo, eliminar este tejido muerto es un acto de equilibrio de alto riesgo. Si un médico raspa con demasiada fuerza, corre el riesgo de desgarrar la frágil piel viva que se encuentra debajo, causando más daño. Si es demasiado suave, el tejido muerto permanece, bloqueando la curación e invitando a la infección. Durante décadas, el enfoque estándar ha sido utilizar instrumentos afilados o dejar que los propios fluidos del cuerpo hagan el trabajo lentamente, pero en los casos más complejos, ninguna de las dos opciones es lo suficientemente segura o rápida.

Este desafío llegó a su punto crítico en el caso de una niña prematura tardía, nacida a las 33 semanas, que enfrentó una complicación grave tras una cirugía para extirpar un gran tumor cerca de la base de su columna vertebral. La cirugía había salido según lo previsto, pero seis días después, la incisión se había abierto por completo. La herida era un hueco profundo de espesor total, de aproximadamente tres centímetros de largo y doce centímetros de ancho, situado peligrosamente cerca del ano de la bebé. Esta ubicación hacía que los tratamientos estándar fueran imposibles; el riesgo de contaminación fecal era demasiado alto para utilizar dispositivos de cierre asistido por vacío, y la piel de la bebé era demasiado frágil para el raspado quirúrgico agresivo. La herida estaba cubierta por una capa gruesa de tejido fibrinoso muerto, inflamada y roja, sin signos de nuevo crecimiento. El equipo médico se enfrentaba a un dilema: la herida necesitaba ser limpiada para sanar, pero las herramientas que se usan habitualmente para limpiarla podrían destruir el tejido sano restante de la bebé.

El equipo médico, un grupo de cirujanos, neonatólogos y especialistas en el cuidado de heridas, decidió probar un camino diferente. Recurrieron a un tratamiento basado en enzimas, un método que ya ha demostrado ser eficaz para la limpieza de quemaduras graves, pero que rara vez se utiliza en heridas quirúrgicas, y nunca antes en un recién nacido prematuro. El ingrediente activo era la bromelina, una enzima derivada de la piña que tiene la capacidad única de digerir la proteína muerta sin dañar las células vivas. En un entorno controlado dentro de la unidad de cuidados intensivos neonatales, el equipo aplicó un gel que contenía esta enzima directamente sobre el lecho de la herida. Cubrieron el área con una película transparente para mantenerla sellada y lo dejaron durante cuatro horas. Durante este tiempo, la bebé fue sedada para asegurar que no sintiera dolor, y sus constantes vitales fueron monitorizadas constantemente.

Cuando el equipo retiró el gel y enjuagó el área, la transformación fue inmediata y precisa. La enzima había disuelto selectivamente la capa gruesa de tejido muerto que había estado bloqueando la herida, dejando intacta la piel sana y viva que se encontraba debajo. En veinticuatro horas, el lecho de la herida estaba limpio, mostrando pequeños puntos de sangrado que indicaban la presencia de tejido sano listo para repararse a sí mismo. El enrojecimiento y la inflamación comenzaron a disminuir rápidamente. Tras esta limpieza, el equipo apoyó el proceso de curación con terapias suaves y no invasivas, incluyendo tratamiento de luz para calmar la inflamación e inyecciones de sustancias que ayudan a las células a moverse y reconstruirse. Durante las siguientes tres semanas, la herida se fue llenando lentamente con tejido nuevo y cerró por completo.

El resultado sugiere que este método de limpieza basado en enzimas puede ser una forma segura y eficaz de preparar una herida para la curación en recién nacidos cuando otras opciones son demasiado peligrosas. El equipo no observó efectos secundarios negativos del procedimiento, y la bebé se recuperó sin más complicaciones. Si bien este es un caso único y no puede tomarse como una regla universal, demuestra que en situaciones altamente específicas donde una herida está estancada en un ciclo de inflamación y tejido muerto, un agente químico puede hacer el trabajo de un bisturí sin el riesgo de cortar la piel viva. Ofrece una nueva posibilidad para que los médicos despejen el camino hacia la curación en los pacientes más vulnerables, siempre que el tratamiento se realice con extremo cuidado y en un entorno especializado. El éxito de este enfoque depende de la capacidad única de la enzima para distinguir entre lo que está muerto y lo que está vivo, una precisión que las herramientas mecánicas a menudo tienen dificultades para lograr en un tejido tan frágil.

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