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📄 ciencias de la Tierra

Flyers can identify the most-warming flights when booking

Este estudio demuestra que las aerolíneas y los viajeros pueden reducir significativamente el calentamiento inducido por la aviación utilizando únicamente información de los horarios de vuelo previa a la reserva para predecir y evitar una pequeña fracción de los vuelos que son responsables de la mayor parte del forzamiento climático inducido por las estelas de condensación.

Autores originales: Steven Davis, Silas Whiteson, Xavier Bonnemaizon, Ken Caldeira, Roger Teoh, Marc Shapiro

Publicado 2026-10-08
📖 8 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Steven Davis, Silas Whiteson, Xavier Bonnemaizon, Ken Caldeira, Roger Teoh, Marc Shapiro

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cuando pensamos en el impacto climático de los aviones, la imagen que suele venir a la mente es la estela invisible de dióxido de carbono gaseoso que queda tras la quema de combustible de aviación. Este gas atrapa el calor en la atmósfera y permanece allí durante siglos, calentando lentamente el planeta. Sin embargo, existe un segundo efecto, más inmediato, que ocurre en las alturas, a menudo inadvertido para los pasajeros que miran por la ventanilla. Cuando los aviones vuelan a través de aire frío y húmedo, dejan tras de sí largas estelas blancas de cristales de hielo conocidas como estelas de condensación o contrails. Estas estelas pueden extenderse y formar nubes delgadas y altas que actúan como una manta, atrapando el calor que irradia la Tierra desde abajo. A diferencia del dióxido de carbono, que perdura durante generaciones, estas nubes pueden desaparecer en cuestión de horas. Si pudiéramos evitar que se formen, el calentamiento que causan desaparecería con la misma rapidez. El problema es que no todos los vuelos crean estas nubes que atrapan el calor, y aquellos que las crean no son todos igualmente perjudicialos. Algunos vuelos crean una cantidad masiva de calentamiento, mientras que otros crean muy poco o incluso tienen un ligero efecto de enfriamiento, dependiendo de la hora del día, la ruta y el tipo de aeronave.

Un equipo de investigadores ha demostrado ahora que es posible predecir qué vuelos serán los peores culpables de este tipo de calentamiento, incluso antes de que un pasajero compre un billete. Al analizar datos de millones de vuelos comerciales, desarrollaron un método para identificar los viajes específicos que tienen más probabilidades de crear nubes que atrapan el calor utilizando únicamente la información disponible en un horario de vuelo estándar. Su trabajo sugiere que si los viajeros y las empresas pudieran simplemente elegir evitar estos vuelos específicos en favor de alternativas similares, podrían reducir significativamente la contribución de la industria de la aviación al calentamiento global sin necesidad de cambiar las aeronaves o las rutas mismas.

Los investigadores comenzaron construyendo una base de datos masiva de datos de vuelos de 2019 y 2021, que cubría más de 52 millones de vuelos comerciales. Utilizaron un modelo computacional sofisticado que simula cómo se forman y evolucionan las estelas de condensación, alimentándolo con datos meteorológicos reales para calcular exactamente cuánto calentamiento causó cada vuelo individual. Este proceso reveló un patrón sorprendente: el efecto de calentamiento no se distribuye uniformemente entre todos los vuelos. En cambio, está altamente concentrado. El estudio encontró que una pequeña fracción de los vuelos es responsable de la gran mayoría del calentamiento. Específicamente, el peor 5% de los vuelos representaba aproximadamente el 95% del calentamiento total causado por las estelas de condensación. Los vuelos restantes contribuían muy poco, y algunos incluso tenían un efecto de enfriamiento neto porque se formaban durante el día, cuando los cristales de hielo reflejan la luz solar hacia el espacio.

La clave de este descubrimiento fue comprender qué hace que un vuelo sea "malo" para el clima. Los investigadores identificaron que los vuelos más dañinos tienden a compartir características específicas que son visibles en un sitio web de reserva de vuelos. Los vuelos que recorren largas distancias, especialmente aquellos que vuelan en latitudes altas como sobre Europa o el norte de Estados Unidos, tienen más probabilidades de crear nubes de calentamiento. La hora de salida importa inmensamente; los vuelos que despegan por la tarde o noche son mucho más dañinos que los vuelos de la mañana. Esto se debe a que los vuelos de la tarde y la noche dejan estelas que persisten hacia la noche, cuando los cristales de hielo solo pueden atrapar el calor sin reflejar la luz solar. Los vuelos de la mañana, por el contrario, suelen formar estelas que existen solo durante el día, donde el efecto de enfriamiento de reflejar la luz solar puede compensar el calentamiento. El tipo de aeronave también juega un papel, ya que ciertos motores más antiguos o menos eficientes producen más hollín, lo que conduce a la formación de cristales de hielo más persistentes.

Con estos patrones en mente, el equipo entrenó un programa informático para actuar como predictor. Enseñaron al programa a observar solo los detalles básicos disponibles cuando se compra un billete: el origen y el destino, la hora de salida programada, el tipo de aeronave y la distancia del viaje. Excluyeron deliberadamente cualquier dato meteorológico en tiempo real, porque esa información no está disponible con semanas o meses de antelación cuando la gente reserva sus viajes. El objetivo era ver si el horario por sí solo podía predecir qué vuelos serían los peores. Los resultados fueron sorprendentemente efectivos. El modelo identificó con éxito el 10% de los vuelos que causarían más calentamiento, capturando aproximadamente el 68% del efecto de calentamiento total. Incluso más impresionante, pudo señalar un grupo más pequeño de solo el 5% de los vuelos que eran responsables de casi la mitad de todo el calentamiento. Esto significa que un viajero no necesita conocer la compleja ciencia de la física atmosférica para tomar una mejor decisión; simplemente necesita saber qué número de vuelo específico evitar.

Para probar cómo funcionaría esto en el mundo real, los investigadores aplicaron su modelo a los registros de viaje de dos grandes corporaciones. Analizaron los vuelos reales realizados por los empleados de estas empresas y calcularon cuánto calentamiento causaron esos vuelos. Luego, simularon un escenario en el que las empresas evitaban los vuelos que su modelo señalaba como los peores. Si las empresas simplemente hubieran cambiado esos malos vuelos por otros vuelos en la misma ruta que se predijo que serían menos dañinos, podrían haber reducido su calentamiento total por estelas de condensación entre un 14% y un 29%. Esta reducción se logró con una restricción práctica: el vuelo de reemplazo tenía que salir dentro de las 16 horas posteriores al original. Si las empresas hubieran estado dispuestas a aceptar cualquier vuelo en la misma ruta independientemente de la hora, la reducción podría haber sido de hasta un 54%. El estudio demostró que para muchas rutas concurridas, a menudo hay múltiples vuelos disponibles a tiempos similares, lo que facilita el intercambio de un vuelo de alto calentamiento por uno de bajo calentamiento sin cambiar significamente el itinerario.

Los investigadores también exploraron por qué algunos vuelos son peores que otros analizando las características específicas en las que se basaba su modelo. El factor más importante fue la distancia del vuelo, seguido de cerca por el tipo de aeronave y la cantidad de luz solar que el vuelo encontraría. Los vuelos que pasan una gran parte de su trayecto en la oscuridad, particularmente sobre latitudes altas durante el invierno, son los más propensos a crear nubes persistentes que atrapan el calor. El modelo también destacó que la fracción de la ruta que transcurre sobre tierra frente a agua era el factor menos importante. Esto sugiere que la geografía de la ruta importa menos que el tiempo y la maquinaria del avión. El estudio confirmó que las predicciones del modelo se mantuvieron constantes a través de diferentes años y diferentes patrones meteorológicos, lo que da confianza en que estos son patrones estructurales fiables en cómo la aviación afecta al clima.

Este trabajo desafía la idea de que todos los vuelos son igualmente malos para el clima y que la única solución es volar menos o esperar a nueva tecnología. En cambio, sugiere que reducciones inmediatas y significativas del calentamiento son posibles mediante elecciones más inteligentes en el momento de la reserva. Mientras que las aerolíneas ya están explorando formas de redirigir los aviones en tiempo real para evitar el mal tiempo, esta investigación muestra que los pasajeros y los gestores de viajes corporativos pueden desempeñar un papel con semanas o meses de antelación. Al elegir un vuelo que parta por la mañana o seleccionar un tipo de aeronave diferente, los viajeros pueden evitar las condiciones específicas que conducen a las nubes más dañinas. Los investigadores incluso han comenzado a desarrollar herramientas para poner esta información a disposición del público, como una extensión de navegador que podría mostrar el potencial de calentamiento de un vuelo directamente en los sitios web de reservas.

El estudio tiene sus límites. Las predicciones se basan en simulaciones y datos históricos, no en mediciones directas del impacto futuro de cada vuelo individual. El modelo funciona mejor cuando hay muchos vuelos alternativos para elegir, lo cual es cierto para las rutas principales, pero podría ser más difícil para conexiones más pequeñas o menos frecuentes. Además, los investigadores señalan que el calentamiento por las estelas de condensación es temporal, durando solo mientras el vuelo continúa creándolas, mientras que las emisiones de dióxido de carbono duran siglos. Esto significa que, si bien evitar las estelas de condensación proporciona un beneficio de enfriamiento inmediato, no sustituye la necesidad de reducir las emisiones de carbono. Sin embargo, la capacidad de identificar y evitar los peores vuelos ofrece una palanca poderosa e inmediata para reducir el impacto total de la industria de la aviación en el clima. Convierte el acto de reservar un vuelo en una oportunidad para marcar una diferencia específica y medible, demostrando que los vuelos que más calientan no son un misterio, sino una parte predecible del horario que se puede evitar.

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