The Superpile Cycle: the reorganisation of basal mantle structures coupled to the supercontinent cycle
A través de 24 modelos de circulación del manto tridimensional, este estudio propone la hipótesis del "ciclo de superpila", demostrando que el ensamblaje y la ruptura de los supercontinentes impulsan una reorganización cíclica de las estructuras basales del manto (LLSVPs), alternando entre pilas antipodales estables y una actividad de plumas transitoria y generalizada durante la dispersión.
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Bajo nuestros pies, la Tierra no es una bola de roca estática, sino un motor que se agita en cámara lenta. En lo más profundo del manto terrestre, donde la roca caliente se encuentra con el núcleo sólido, los sismólogos han descubierto dos masas gigantescas de material, del tamaño de continentes, que mueven el calor de manera distinta al resto de la roca circundante. Estas son conocidas como provincias de baja velocidad de cizalla, o LLSVP por sus siglas en inglés, y se encuentran bajo África y el Océano Pacífico. Aunque sabemos que existen, su origen y comportamiento han seguido siendo un misterio. ¿Son acumulaciones antiguas de material sobrante de la formación del planeta, o son estructuras dinámicas que se remodelan constantemente por el movimiento de la superficie terrestre? Comprender estas estructuras profundas es crucial porque probablemente controlan por dónde escapa el calor interno de la Tierra, lo que a su vez impulsa el movimiento de las placas tectónicas y la formación de volcanes. Si estos montículos profundos son estables, actúan como anclas permanentes para el motor interno del planeta; si son móviles, sugieren una relación mucho más caótica e interconectada entre la superficie y el interior profundo.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Cardiff ha propuesto ahora una nueva forma de entender estas estructuras profundas, sugiriendo que no son estáticas, sino que forman parte de un ciclo grandioso y repetitivo vinculado al ensamblaje y la ruptura de los supercontinentes. Para probar esta idea, los científicos no excavaron en el suelo ni esperaron a que un volcán hiciera erupción. En su lugar, construyeron veinticuatro modelos digitales diferentes del interior de la Tierra, ejecutándolos en potentes supercomputadoras para simular cómo se mueve el manto a lo largo de cientos de millones de años. Cada modelo comenzó con condiciones ligeramente diferentes, como variar la temperatura en el borde del núcleo o cambiar la velocidad con la que se movían las placas superficiales, para asegurar que sus hallazgos fueran robustos y no solo un golpe de suerte de una configuración específica. Al observar cómo se comportaban estos montículos virtuales de roca caliente a lo largo del tiempo, los investigadores descubrieron un patrón que llaman el "Ciclo de la Superpila".
La historia que cuentan los modelos comienza con la formación de un supercontinente, un tiempo en el que todas las masas de tierra de la Tierra están unidas. Durante esta fase de ensamblaje, las placas oceánicas frías y pesadas que se hunden en el manto —conocido como subducción— tienden a formar un anillo alrededor de los bordos de la gigantesca masa de tierra. Este anillo de placas que se hunden actúa como una escoba gigante, barriendo el material a lo largo del fondo del manto hasta que se acumula en dos ubicaciones distintas en lados opuestos del globo. Estos montículos, que los investigadores llaman "superpilas", se vuelven estables y permanecen en su lugar mientras el supercontinente se mantiene unido. En estas simulaciones, los montículos se parecen notablemente a las LLSVP del mundo real bajo África y el Pacífico, lo que sugiere que la ubicación de estas estructuras profundas está dictada por dónde se encuentran los continentes en la superficie.
Sin embargo, el ciclo no permanece inmóvil para siempre. Cuando el supercontinente finalmente se separa, el patrón de las placas que se hunden cambia. Se forman nuevas zonas de subducción en diferentes lugares y el antiguo anillo estable de placas que se hunden se ve interrumpido. Es aquí cuando el interior profundo de la Tierra experimenta un "evento de reordenamiento". En los modelos informáticos, esta interrupción provoca que los montículos, una vez estables, pierdan su forma y migren. El material que se había reunido ordenadamente en dos pilas es barrido alrededor del límite núcleo-manto, volviéndose más caótico y disperso. Los investigadores descubrieron que esta reorganización toma tiempo; después de que las placas superficiales comienzan a desplazarse, pasan unos 160 millones de años para que las placas que se hunden alcancen el fondo y comiencen a mover los montículos, y otros 40 millones de años para que los montículos cambien completamente su forma a gran escala.
Este reordenamiento profundo tiene un impacto directo en la superficie. Los modelos muestran que, cuando los montículos son estables, las plumas calientes de roca que ascienden desde el manto profundo para crear volcanes tienden a agruparse estrechamente alrededor de los bordes de los montículos. Pero durante la fase de reordenamiento, cuando los montículos están siendo barridos y remodelados, estas plumas ascendentes se vuelven mucho más numerosas y dispersas por todo el globo. Las simulaciones sugieren que esta distribución dispersa podría, de hecho, dificultar la formación de eventos volcánicos masivos, conocidos como Provincias Ígneas Grandes. En lugar de una erupción gigante y enfocada, el calor se libera en muchos lugares más pequeños y dispersos. Esto implica que la actividad volcánica más dramática de la Tierra podría estar vinculada a periodos en los que el manto profundo se encuentra en un estado de flujo, en lugar de cuando está en calma.
Los investigadores enfatizan que su conclusión se basa en estas simulaciones, que son las mejores herramientas que tenemos para ver en el interior profundo de la Tierra, pero no son un mapa perfecto de la realidad. El tiempo exacto de estos eventos en el mundo real podría diferir porque aún no conocemos la viscosidad, o grosor, precisa del manto profundo. Sin embargo, la secuencia de eventos parece consistente en los veinticuatro modelos, independientemente de las condiciones específicas utilizadas. El estudio sugiere una relación estrechamente acoplada: los continentes se ensamblan, las pilas profundas se forman y se estabilizan; los continentes se separan, las pilas profundas se ven interrumpidas y se reordenan; y a medida que los continentes comienzan a juntarse de nuevo, las pilas regresan a sus posiciones estables. Este ciclo vincula el movimiento de las placas superficiales directamente con el comportamiento de las partes más profundas del planeta, mostrando que la superficie de la Tierra y su núcleo están comprometidos en una conversación lenta de miles de millones de años.
En última instancia, este trabajo ofrece una nueva perspectiva sobre la historia de la Tierra. Sugiere que los montículos gigantes en la base del manto no son reliquias antiguas e inalterables, sino características dinámicas que evolucionan al compás del ciclo de los supercontinentes. La estabilidad de estas estructuras profundas, y la actividad volcánica que alimentan, está gobernada por las mismas fuerzas que impulsan a los continentes a colisionar y separarse. Aunque el artículo no afirma haber resuelto todos los misterios del interior de la Tierra, proporciona un marco convincente para comprender cómo la superficie y el interior del planeta están conectados, convirtiendo al manto profundo de un telón de fondo estático en un participante activo en la evolución a largo plazo de la Tierra.
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