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🧠 neuroscience

Sensing the heart, seeing the world: Neural mechanisms of attentional allocation between interoception and exteroception

Mediante el uso de fMRI, este estudio demuestra que el cerebro humano asigna la atención de manera flexible entre las señales corporales internas y la información sensorial externa a través de redes neuronales competitivas y mayoritariamente distintas que suprimen mutuamente la actividad en el sistema opuesto para priorizar el procesamiento dirigido a objetivos.

Autores originales: Kumar, S., Winston, J. S., Critchley, H. D., Griffiths, T. D.

Publicado 2026-09-28
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Kumar, S., Winston, J. S., Critchley, H. D., Griffiths, T. D.

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada momento de nuestras vidas, nuestros cerebros están haciendo malabares con dos tipos de información muy diferentes. Una corriente proviene del mundo exterior: la visión de un árbol, el sonido de un coche, la sensación del viento en nuestra piel. La otra corriente proviene de lo más profundo de nuestros propios cuerpos: el ritmo de nuestro latido cardíaco, la plenitud de nuestro estómago, la tensión en nuestros músculos. Llamamos al primer tipo de percepción "exterocepción" y al segundo "interocepción". Aunque estamos acostumbrados a prestar atención al mundo que nos rodea, las señales de nuestros propios cuerpos suelen funcionar en segundo plano, pasando desapercibidas. Sin embargo, estas señales internas son vitales. Moldean cómo nos sentimos, cómo tomamos decisiones y cómo mantenemos nuestros cuerpos funcionando sin problemas. La gran pregunta para los científicos es cómo decide el cerebro en cuál de estas dos corrientes enfocarse cuando compiten por nuestra atención. ¿Simplemente aumenta el volumen de una mientras baja el de la otra, o utiliza una estrategia más compleja para equilibrar ambas?

Un equipo de investigadores se propuso responder a esto observando los cerebros de adultos sanos mientras alternaban su enfoque entre sus propios latidos y una tarea visual. Querían ver si el cerebro utiliza diferentes redes para mirar hacia adentro frente a mirar hacia afuera, y si enfocarse en una realmente silencia las partes del cerebro que gestionan la otra. Para lograrlo, diseñaron un experimento ingenioso donde el mundo exterior lucía exactamente igual, sin importar lo que se le pidiera a la persona hacer. Los participantes yacían dentro de un escáner de imágenes por resonancia magnética, una máquina que toma imágenes de la actividad cerebral. A través de un espejo, veían una pantalla llena de un flujo de ruido visual de movimiento rápido. Ocultas dentro de ese ruido, había pequeñas formas rayadas que aparecían y desaparecían en un ritmo que coincidía con un latido cardíaco humano normal.

Los participantes tenían dos tareas diferentes para realizar en bloques de tiempo alternos. En una tarea, se les decía que contaran cuántas de esas pequeñas formas visuales veían. En la otra, se les decía que ignoraran las formas por completo y, en su lugar, contaran cuántas veces sentían su propio corazón latir en su pecho. Crucialmente, el flujo visual de formas y ruido seguía reproduciéndose a la misma velocidad y volumen durante ambas tareas. Lo único que cambiaba era hacia dónde se le decía a la persona que dirigiera su atención. Esta configuración permitió a los investigadores aislar la respuesta del cerebro a la dirección de la atención, en lugar de a los cambios en lo que los ojos estaban viendo o en la dificultad de la tarea. El resultado mostró que los participantes eran igualmente buenos en ambas tareas, contando las formas visuales y los latidos con una precisión y confianza similares, lo que confirmó que el cerebro realmente solo estaba cambiando su enfoque, no luchando con una tarea más difícil que la otra.

Cuando los investigadores analizaron los escaneos cerebrales, descubrieron que el cerebro utilizaba dos conjuntos de vecindarios completamente diferentes para manejar estos dos trabajos. Cuando las personas contaban las formas visuales, se activaba una red de áreas en la parte posterior y superior del cerebro. Esto incluía la corteza visual en la parte más posterior de la cabeza, que es responsable de la visión, y una región más arriba llamada lóbulo parietal superior, que ayuda a guilar la atención. Curiosamente, el cerebro no solo encendía las áreas visuales; también reducía la actividad en las partes de la corteza visual que representan los bordes de nuestra visión, mientras aumentaba la actividad en el centro donde estaban las formas. Era como si el cerebro pusiera un reflector en el centro de la pantalla y atenuara el resto.

En contraste, cuando las personas cambiaban a contar sus latidos, se volvía activa una red de regiones cerebrales distinta. Esta red se centraba en la ínsula, un pliegue profundo de tejido en el lateral del cerebro que actúa como un centro para sentir el estado interno del cuerpo. Los escaneos mostraron una fuerte actividad tanto en las partes anterior como posterior de la ínsula, así como en áreas cerca de la parte superior del cerebro que ayudan con el pensamiento y el control. Esto sugiere que prestar atención al cuerpo requiere un sistema dedicado que es distinto al que utilizamos para observar el mundo.

Quizás el hallazgo más revelador fue lo que sucedió cuando el cerebro cambiaba de marcha. El estudio mostró que cuando las personas se enfocaban en las formas visuales, la actividad en la ínsula —el centro de detección corporal— en realidad caía por debajo de su nivel de reposo normal. No era solo que el cerebro no estuviera usando la ínsula; estaba suprimiéndola activamente. Del mismo modo, cuando las personas se enfocaban en sus latidos, las partes de la corteza visual que usualmente procesan los bordes de la pantalla permanecían inactivas, a pesar de que el ruido visual seguía allí. Esto indica que el cerebro no solo añade atención a una cosa, sino que mitiga activamente el procesamiento de la fuente competidora. Es un proceso competitivo donde los recursos se desplazan aumentando un sistema y disminuyendo el otro.

Los investigadores también descubrieron un vínculo entre qué tan bien las personas podían contar sus latidos y cómo se comportaba sus cerebros. Aquellos que eran más precisos al contar sus latidos mostraban menos actividad en un área específica en el lado derecho del cerebro llamada lóbulo parietal inferior. Esta región es conocida por ayudarnos a notar cosas en el mundo exterior. El hallazgo sugiere que ser bueno escuchando a tu propio cuerpo podría depender de tu capacidad para acallar las partes de tu cerebro que están constantemente escaneando el mundo exterior. En otras palabras, los mejores interoceptores podrían ser aquellos que pueden silenciar más eficazmente el ruido del entorno externo para escuchar las señales silenciosas del interior.

Este estudio proporciona una imagen clara de cómo el cerebro gestiona el delicado equilibrio entre los mundos interior y exterior. Muestra que la atención no es un interruptor único, sino una danza coordinada de activación y supresión a través de diferentes redes cerebrales. Cuando miramos hacia afuera, silenciamos los sensores internos; cuando miramos hacia adentro, acallamos los sensores externos. Esta asignación competitiva de recursos asegura que podamos enfocarnos en lo que más importa en el momento, ya sea navegar por una calle concurrida o sentir el ritmo sutil de nuestra propia vida. Los hallazgos sugieren que la capacidad de sentir nuestros cuerpos no es solo una recepción pasiva de señales, sino una habilidad activa que implica gestionar los recursos de atención del cerebro para evitar que los mundos interno y externo se vuelvan abrumadores.

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