Shorter fire-return intervals rearrange fuel arrays in dry forests of southeastern Australia
El acortamiento de los intervalos de retorno de incendios en los bosques secos del sureste de Australia impulsa un cambio hacia estados de vegetación alternativos que exhiben puntuaciones de peligro de combustible y alturas de llama mayores, pero una inflamabilidad de combustible superficial menor y un potencial de saltos de fuego reducido en comparación con los estados de referencia.
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El fuego es una fuerza fundamental en el paisaje australiano, moldeando los bosques de la misma manera que los bosques moldean al fuego. En muchos ecosistemas, las plantas han evolucionado rasgos específicos para sobrevivir e incluso depender de las quemas regulares, como semillas que solo germinan tras la exposición al calor o árboles que pueden rebrotar desde sus troncos después de un incendio. Esta relación suele mantener al bosque en una condición estable, regresando a un estado familiar después de un fuego. Sin embargo, cuando los incendios ocurren con demasiada frecuencia, pueden empujar estos sistemas resilientes más allá de su punto de ruptura. En lugar de recuperarse como un bosque alto, la tierra puede cambiar hacia un estado completamente diferente y persistente, dominado por arbustos bajos y densos. Este fenómeno, conocido como un estado de ecosistema alternativo, es cada vez más común a medida que las temporadas de incendios se vuelven más largas e intensas. La pregunta crítica para los gestores de tierras y científicos es si estos nuevos paisajes llenos de arbustos se comportan de manera diferente cuando arden. ¿Se incendian más fácilmente? ¿Se propagan más rápido? ¿O arden con menos intensidad? Comprender estas diferencias es vital para predecir cómo se moverán los futuros incendios a través del campo y para gestionar la seguridad de las comunidades que viven cerca de estos bosques.
Los investigadores se propusieron responder a estas preguntas estudiando un área específica en el sureste de Australia, dentro del Parque Nacional Wilsons Promontory. Aquí, una serie de incendios intensos a mediados del siglo veinte destruyeron los altos árboles de eucalipto en ciertas parcelas, impidiendo que volvieran a crecer. A lo largo de las décadas, estas áreas se transformaron en densos matorrales de arbustos y árboles más pequeños, mientras que los bosques cercanos con suelos y climas similares mantuvieron su dosel de eucaliptos altos. El equipo comparó estos dos entornos distintos: los bosques "de referencia" que aún conservaban sus árboles altos, y los estados "alternativos" donde los árboles altos habían desaparecido. No se limitaron a suponer cómo arderían estos bosques; midieron el combustible físico en el suelo, probaron qué tan fácilmente ese combustible se prendía en un laboratorio y utilizaron modelos informáticos para simular cómo se comportaría un incendio a través del paisaje bajo diversas condiciones meteorológicas, desde quemas controladas leves hasta días de incendios forestales extremos.
La estructura física de los dos tipos de bosque resultó ser bastante diferente. En los estados alternativos, el suelo estaba cubierto con una capa gruesa de hojas finas y ramitas, similar a los bosques de referencia, pero la vegetación por encima del suelo era un muro denso y alto de arbustos que alcanzaba casi los cinco metros. En contraste, los bosques de referencia tenían un sotobosque más abierto con un dosel alto de eucaliptos por encima. Crucialmente, los bosques de referencia estaban cubiertos de corteza fibrosa y suelta de los árboles de eucalipto, la cual puede desprenderse y volar por el aire como brasas, mientras que los estados alternativos no tenían casi nada de corteza. Cuando los investigadores midieron el peligro que representaban estos combustibles utilizando protocolos de campo estándar, encontraron un panorama complejo. Los estados alternativos puntuaron más alto en la altura y densidad de los arbustos, pero los bosques de referencia puntuaron más alto en la cantidad de corteza suelta y la densidad de las gramíneas bajas.
Para ver cómo se manifestaban estas diferencias en un fuego real, el equipo tomó muestras de las hojas secas y las ramitas del suelo en ambos tipos de bosques y las probó en un entorno controlado de laboratorio. Descubrieron que el combustible de los estados alternativos era sorprendentemente más difícil de encender. Cuando se dejó caer un pequeño trozo de algodón ardiendo sobre las muestras para imitar una brasa arrastrada por el viento, el combustible de los bosques alternativos era menos propenso a prenderse, ardía más lentamente y consumía menos de su propia masa que el combustible de los bosques de referencia. Esto sugiere que las hojas densas y estrechamente agrupadas de los arbustos en los estados alternativos no permiten suficiente flujo de aire para soportar una ignición rápida y fácil. Sin embargo, una vez que un fuego logra iniciarse en estos arbustos densos, la historia cambia. Debido a que la vegetación es alta y está muy compacta, las llamas pueden crecer mucho más. En las simulaciones por computadora, los incendios en los estados alternativos produjeron llamas significativamente más altas en todas las condiciones meteorológicas, alcanzando alturas que podrían alcanzar fácilmente las copas de los árboles altos cercanos.
Las simulaciones también revelaron una diferencia marcada en la distancia que un fuego podía saltar. En los bosques de referencia, la corteza suelta de los eucaliptos actuaba como una fuente de brasas voladoras, permitiendo que el fuego generara focos de incendio cientos de metros por delante y comenzara nuevos focos. En los estados alternativos, la falta de corteza significaba que estas brasas voladoras eran virtualmente inexistentes, manteniendo el fuego contenido en el suelo donde ardía. La velocidad a la que el fuego se movía a través del suelo fue similar en ambos bosques bajo condiciones normales, pero bajo los escenarios meteorológicos más extremos y catastróficos, el fuego en los estados alternativos se propagó más rápido. Esto sugiere que, aunque los bosques alternativos son más difíciles de iniciar, una vez que arden, pueden volverse más intensos y propagarse más rápidamente en climas severos, principalmente porque el combustible denso y alto permite que el fuego ascienda y se mueva con gran energía.
Estos hallazgos dibujan un panorama matizado del riesgo de incendio en estos paisajes cambiantes. Los estados alternativos no son necesariamente más peligrosos en todos los sentidos; de hecho, son menos propensos a ser encendidos por brasas voladoras y su combustible terrestre es menos inflamable. Sin embargo, si un fuego llega a iniciarse, la estructura única de estos bosques permite que arda con mayor intensidad y con llamas más altas, lo que podría encender los árboles altos de los bosques circundantes. Esto crea un ciclo de retroalimentación donde la vegetación alterada dificulta que el bosque regrese a su estado original, ya que los incendios intensos que produce impiden que los árboles altos se recuperen. La investigación destaca que simplemente observar cuánto combustible hay en el suelo no es suficiente para entender el peligro de incendio; la forma y el tipo de ese combustible importan tanto, creando una firma de fuego distinta para estos paisajes alternativos que requiere un enfoque diferente para la gestión y la seguridad.
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