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Recurrence of an odontogenic keratocyst in the zygomatic bone with orbital floor involvement: a case report

Este reporte de caso describe la rara recurrencia de un quiste queratoquístico odontogénico en el hueso cigomático y el piso orbital de una mujer de 32 años con antecedentes de múltiples cirugías, la cual fue manejada con éxito mediante enucleación del quiste, osteotomía periférica, cauterización química y reconstrucción orbital, resultando en la ausencia de recurrencia en el seguimiento de siete meses.

Autores originales: Vishwak S, Ravi Veeraraghavan, Jaeson Mohanan Painatt], Girisankar M

Publicado 2026-09-08
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Autores originales: Vishwak S, Ravi Veeraraghavan, Jaeson Mohanan Painatt], Girisankar M

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el rostro humano, bajo la piel y el músculo, se encuentra un complejo paisaje de hueso que sostiene nuestros ojos, mejillas y dientes. A veces, un tipo específico de saco lleno de líquido, conocido como queratoquiste odontogénico, puede formarse dentro de estos huesos. Estos sacos se originan a partir de diminutos fragmentos remanentes del tejido que una vez formó nuestros dientes. Aunque no son cancerosos, se comportan con una persistencia obstinada, creciendo silenciosamente hasta que causan hinchazón o dolor. Tienen el hábito notorio de regresar después del tratamiento, escondiéndose a veces en pequeños bolsillos de tejido que los cirujanos pasan por alto durante la extracción inicial. Debido a que estos quistes suelen aparecer en la mandíbula inferior, encontrar uno en el pómulo o cerca de la cuenca del ojo es un evento inusual y desafiante para los especialistas médicos.

Esta historia sigue el viaje de una mujer de treinta y dos años que había estado viviendo con una versión recurrente de esta condición durante casi dos décadas. Su historial médico comenzó en su adolescencia, cuando notó por primera vez que su ojo derecho se desplazaba hacia arriba y sintió una congestión constante en su nariz. Los médicos de aquel entonces identificaron un quiste asociado con un diente impactado en su maxilar superior y lo extrajeron. Sin embargo, el problema no desapareció. Durante los siguientes quince años, el quiste regresó múltiples veces, lo que llevó a varias cirugías más, incluyendo procedimientos de drenaje que trataron los síntomas pero no lograron detener el crecimiento subyacente. Para cuando llegó al Instituto de Ciencias Médicas Amrita, sufría de dolor, hinchazón y secreción de pus debajo de su ojo derecho, acompañada de una cicatriz visible de operaciones anteriores.

Cuando el equipo médico la examinó, descubrieron que el quiste había crecido mucho más allá de su ubicación original en el maxilar superior. Se había expandido hacia el hueso cigomático, que forma la prominencia de la mejilla, y había erosionado el piso de la cuenca del ojo. Las imágenes de las tomografías revelaron un área clara y oscura en el hueso donde el quiste había disuelto la estructura, presionando contra la órbita y amenazando la estabilidad del ojo. El equipo se dio cuenta de que los tratamientos previos probablemente habían dejado atrás diminutos fragmentos invisibles de la pared del quiste, que con los años habían crecido lentamente hacia esta zona de difícil acceso.

Para abordar esto, los cirujanos realizaron una operación delicada diseñada para remover el quiste completo mientras protegían el ojo. Realizaron una incisión justo debajo del párpado, separando cuidadosamente los tejidos para llegar al hueso sin perturbar el ojo mismo. Una vez expuesto el quiste, lo extrajeron completamente en una sola pieza. Para asegurar que no quedaran remanentes microscópicos, recortaron el hueso circundante y aplicaron una solución química en el área, un paso destinado a matar cualquier célula de quiste restante que pudiera causar que el problema regresara. Debido a que el quiste había destruido parte del hueso que sostiene el ojo, los cirujanos reconstruyeron el piso de la órbita utilizando una fina malla hecha de titanio, creando un nuevo y estable cimiento.

El tejido extraído durante la cirugía fue examinado bajo un microscopio, confirmando que, en efecto, se trataba de un queratoquiste odontogénico. Los patólogos notaron la presencia de pequeños quistes satélites dentro del tejido, lo que explicaba por qué la condición había regresado tantas veces en el pasado. Estos diminutos bolsillos son a menudo la razón por la cual las técnicas de extracción estándar fallan, ya que pueden quedar atrás y volver a crecer más tarde. La recuperación de la paciente fue fluida, y su visión y movimiento ocular se mantuvieron estables durante todo el proceso.

Siete meses después de la cirugía, las tomografías de seguimiento no mostraron signos de que el quiste hubiera regresado, y la malla de titanio mantenía la estructura ósea en su lugar. Cinco años después, las imágenes de seguimiento continuaron mostrando la malla en su sitio con una buena formación ósea y sin evidencia de recurrencia; la visión de la paciente permaneció inalterada y el movimiento ocular era plenamente funcional. Este caso resalta que, si bien estos quistes pueden ser agresivos y difíciles de manejar, especialmente cuando alcanzan ubicaciones inusuales como el pómulo, una combinación de extracción cuidadosa, tratamiento químico y reconstrucción estructural puede conducir a un resultado favorable. El éxito de este enfoque depende de reconocer el potencial de los remanentes ocultos y tomar medidas adicionales para asegurar que toda la lesión sea abordada, seguido de un monitoreo a largo plazo para detectar cualquier posible retorno temprano, ya que la recurrencia aún puede ocurrir incluso años después del tratamiento.

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