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Overcoming Blind Spots in Humanitarian Needs Assessments: Interview Insights regarding Constraints and Solutions for Qualitative Methods

Basado en entrevistas con 23 expertos de 17 organizaciones humanitarias, este estudio identifica las limitaciones operativas que favorecen los métodos cuantitativos en las evaluaciones de necesidades humanitarias y recomienda la adopción de un enfoque híbrido multimétodo potenciado por la inteligencia artificial para integrar y analizar mejor los datos cualitativos cruciales.

Autores originales: Tino Kreutzer, James Orbinski, Lora Appel, Aijun An, Jerome Marston, Salomé Garnier, Patrick Vinck

Publicado 2026-09-07
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Tino Kreutzer, James Orbinski, Lora Appel, Aijun An, Jerome Marston, Salomé Garnier, Patrick Vinck

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En medio del caos que sigue a un desastre, ya sea un terremoto, una guerra o un brote de una enfermedad, la primera y más crítica tarea para los trabajadores humanitarios es comprender qué necesitan realmente las personas. Este proceso se conoce como una evaluación de necesidades humanitarias. Es la diferencia entre enviar un camión de abrigos de invierno a una región que sufre una ola de calor o proporcionar agua potable a una comunidad que tiene mucha, pero carece de medicinas. Durante décadas, la forma estándar de recopilar esta información ha sido hacer a un gran número de personas un conjunto fijo de preguntas con respuestas fijas, como marcar casillas en un formulario. Este método produce números que son fáciles de contar y comparar, lo que ayuda a los donantes a decidir a dónde enviar el dinero. Sin embargo, los números por sí solos a menudo no logran capturar la historia completa. No pueden explicar fácilmente por qué una familia rechaza la ayuda alimentaria, qué siente una comunidad sobre una nueva clínica o las barreras específicas que enfrenta una persona con discapacidad al intentar llegar a un refugio. Para obtener estas respuestas más profundas, los trabajadores humanitarios necesitan escuchar las propias palabras de la gente, un método llamado investigación cualitativa. Pero escuchar toma tiempo, y en una crisis, el tiempo es un lujo que a menudo parece imposible de permitirse.

Un nuevo estudio publicado en 2026 investiga por qué el sector humanitario lucha por utilizar estos métodos de escucha, a pesar de saber que son esenciales. Los investigadores, un equipo de expertos de universidades y organizaciones humanitarias, realizaron veintitrés entrevistas en profundidad con profesionales experimentados que han gestionado estas evaluaciones en diecisiete organizaciones diferentes. Estos expertos provienen de una amplia gama de entornos, incluyendo las Naciones Unidas, la Cruz Roja y diversos grupos no gubernamentales, y han trabajado en crisis que van desde Siria hasta Etiopía. El objetivo no era solo enumerar problemas, sino comprender las barreras reales que impiden a los trabajadores humanitarios capturar la voz humana y encontrar formas prácticas de solucionarlas. Lo que encontraron fue un sector atrapado en un dilema difícil: se está ahogando en datos pero muriendo de hambre de comprensión.

El estudio revela que el enfoque predeterminado de la mayoría de las organizaciones se ha inclinado fuertemente hacia los datos cuantitativos. Este cambio es impulsado por varias fuerzas poderosas. Los donantes, que proporcionan la financiación, suelen preferir los números duros porque son más fáciles de comparar entre diferentes crisis y parecen más "científicos" para el liderazgo. El uso generalizado de herramientas digitales como KoboToolbox, que permite a los equipos recopilar miles de respuestas de encuestas en dispositivos portátiles y ver los resultados instantáneamente, ha hecho que este enfoque numérico sea aún más dominante. La facilidad de obtener un gráfico que muestre que el "sesenta por ciento de las personas necesita alimentos" es seductora. Permite una toma de decisiones rápida, lo cual es vital en los primeros días de un desastre. Sin embargo, los expertos entrevistados argumentaron que esta velocidad tiene un alto costo. Al forzar las complejas experiencias humanas en cajas predefinidas, los trabajadores humanitarios a menudo pierden el matiz que explica el "por qué" y el "cómo" detrás de los números. Un entrevistado señaló que, si bien una encuesta puede mostrar una alta necesidad de alimentos, no puede explicar que la comida está siendo interceptada por grupos armados en el camino, un detalle que sería crucial para planificar una ruta de entrega segura.

Las barreras para utilizar los métodos de escucha no se deben solo a una preferencia por los números; están profundamente arraigadas en limitaciones prácticas. El obstáculo más significativo es el tiempo y la capacitación. Analizar palabras habladas o notas escritas toma mucho más tiempo que contar marcas en un formulario. En una emergencia, donde las decisiones deben tomarse en horas, la idea de transcribir entrevistas o traducir notas de lenguas locales al inglés o al francés puede sentirse como un lujo que ralentiza todo. Además, muchos equipos carecen de las habilidades específicas para realizar este trabajo adecuadamente. El estudio encontró que los entrevistadores a menudo reciben muy poca capacitación, a veces de tan solo una hora, antes de ser enviados al campo. No se les enseña cómo escuchar profundamente, cómo hacer preguntas de seguimiento o cómo tomar notas que capturen el verdadero significado de lo que una persona está diciendo. Como resultado, las notas que se toman son a menudo de mala calidad, llenas de abreviaturas o errores tipográficos que las hacen inútiles más adelante.

El idioma añade otra capa de complejidad. En muchas crisis, los trabajadores humanitarios no hablan la lengua local, y los pocos traductores disponibles suelen estar sobrecargados de trabajo o no están capacitados en los matices específicos de la terminología humanitaria. Esto conduce a una situación en la que el significado de la historia de una persona se pierde en la traducción, o peor aún, se ignora por completo porque el equipo no puede procesar el texto a tiempo. El estudio también destacó un sesgo sistémico donde los datos cualitativos son tratados frecuentemente como secundarios o "anecdóticos". Si una encuesta de mil personas dice una cosa, pero unas pocas entrevistas sugieren algo diferente, las entrevistas son frecuentemente descartadas como casos aislados en lugar de ser investigadas como una señal de alerta. Esto crea un punto ciego donde las voces más vulnerables, que podrían no encajar en las categorías estándar de una encuesta, nunca son escuchadas.

A pesar de estos desafíos, los expertos del estudio no están pidiendo el fin de las encuestas. En su lugar, sugieren un enfoque híbrido que combine la velocidad de los números con la profundidad de las historias. Proponen que las organizaciones dejen de intentar forzar cada respuesta en una caja y, en su lugar, permitan que las personas hablen libremente sobre sus prioridades. Los investigadores sugieren que los entrevistadores podrían grabar el audio de estas conversaciones abiertas directamente en sus dispositivos digitales. Esto capturaría el detalle completo de la respuesta sin que el entrevistador tenga que escribir frenéticamente mientras intenta mantener la conversación.

El artículo sostiene que la solución a las barreras de tiempo y lenguaje reside en la tecnología, específicamente en la inteligencia artificial. Los autores sugieren que las herramientas capaces de convertir automáticamente el habla en texto, traducir ese texto a un idioma común y luego resumir los temas clave podrían revolucionar la forma en que se entrega la ayuda. Imaginen un sistema donde un entrevistador graba una conversación en un dialecto local y, en cuestión de minutos, un equipo en una sede central puede leer un resumen traducido de lo que esa persona dijo, resaltando las necesidades más urgentes. Esto permitiría a las organizaciones reunir la información rica y detallada que necesitan sin el retraso masivo de la transcripción y traducción manual. El estudio señala que estas tecnologías ya están comenzando a aparecer en el sector, con algunas organizaciones realizando pruebas piloto con herramientas de voz a texto y análisis impulsados por IA. Sin embargo, los expertos advierten que estas herramientas deben apoyar el juicio humano, no reemplazarlo. Un algoritmo podría pasar por alto el contexto cultural o el peso emocional de una historia, por lo que los expertos humanos aún deben revisar los resultados.

El camino a seguir, según el estudio, requiere un cambio de mentalidad tanto como un cambio de tecnología. Las organizaciones deben valorar el tiempo que toma escuchar y capacitar a su personal en el arte de la indagación cualitativa. Los donantes deben estar dispuestos a financiar el tiempo y los recursos adicionales requeridos para procesar este tipo de datos. Los investigadores concluyen que, si bien el volumen de datos en el mundo humanitario está creciendo, la brecha en la comprensión se está ampliando. Al adoptar una mezcla de métodos y utilizar nuevas herramientas para ayudar a procesar la voz humana, el sector puede ir más allá de las simples estadísticas para comprender verdaderamente a las personas a las que pretende ayudar. El objetivo no es solo contar las necesidades, sino comprenderlas, asegurando que la ayuda proporcionada no solo sea eficiente, sino también profundamente relevante para las vidas de quienes más la necesitan.

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