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Disturbances Increase Net Carbon Emissions in the Arctic-Boreal Zone - An Expert Assessment

Una evaluación experta revela que el aumento de las perturbaciones en la zona Ártico-Boreal impulsará emisiones netas de carbono adicionales significativas durante el próximo siglo, persistiendo mucho después de que se alcancen los objetivos globales de cero emisiones netas y permaneciendo en gran medida sin contabilizar en los presupuestos actuales debido a la insuficiencia de datos y modelos.

Autores originales: Heidi Rodenhizer, Rachael Treharne, Mathias Göckede, Marguerite Mauritz, Anna-Maria Virkkala, Juha Aalto, Inge H.J. Althuizen, Jarle W. Bjerke, Stef Bokhorst, Anders Bryn, Arden Burrell, Elizabeth Cam
Publicado 2026-09-18
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Autores originales: Heidi Rodenhizer, Rachael Treharne, Mathias Göckede, Marguerite Mauritz, Anna-Maria Virkkala, Juha Aalto, Inge H.J. Althuizen, Jarle W. Bjerke, Stef Bokhorst, Anders Bryn, Arden Burrell, Elizabeth Campbell, Xavier Cavard, Yaping Chen, Dong Chen, Anna Dabros, Scott J. Davidson, Howard Epstein, Eugenie S. Euskirchen, Mike Flannigan, Winslow D. Hansen, Lorna I. Harris, Iain P. Hartley, Elizabeth E. Hoy, Evan Kane, Mary Kang, Jeffrey Kerby, John Kimball, McKenzie Kuhn, Elena Kukavskaya, Melissa Lafreniere, Mark J. Lara, Hanna Lee, Mike Loranty, Dave Lutz, Avni Malhotra, Jessica L. McCarty, Arjan J.H. Meddens, Zelalem A. Mekonnen, Kimberley R. Miner, Martin A. Mörsdorf, Julian Murton, Lars Nieradzik, David Olefeldt, Frans-Jan W. Parmentier, Carly A. Phillips, Gareth K. Phoenix, Deepa S. Pureswaran, William J. Riley, Adrian Rocha, A. Britta K. Sannel, Christina Schädel, Edward A.G. Schuur, Sarah Shakil, Tatiana A. Shestakova, James D. M. Speed, Maria Strack, Anna C. Talucci, Ken D. Tape, Hans Tømmervik, Claire Treat, Merritt R. Turetsky, Maria Väisänen, Sander Veraverbeke, Jonathan A. Wang, Sophie Wilkinson, Scott Zolkos, Sue Natali, Brendan Rogers

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El Ártico y los vastos bosques del norte, conocidos colectivamente como la Zona Ártico-Boreal, albergan una enorme cantidad de carbono atrapado en el suelo congelado y la vegetación antigua. Esta región actúa como un congelador gigante, evitando que la materia orgánica se pudra y libere su carbono almacenado a la atmósfera. Durante mucho tiempo, los científicos han sabido que, a medida que el planeta se calienta, este suelo congelado se descongelará lentamente, liberando parte de ese carbono. Sin embargo, la historia es más compleja que un deshielo lento y constante. El paisaje también está sujeto a perturbaciones repentinas y agudas —eventos como incendios forestales, brotes de insectos, tormentas extremas y la construcción humana— que pueden atravesar el ecosistema en una sola temporada. Estos eventos repentinos se denominan perturbaciones. Mientras que el deshielo lento es un proceso de fondo, estas perturbaciones son los picos agudos que pueden liberar enormes cantidades de carbono de una sola vez. Comprender cómo cambiarán estos eventos repentinos en el futuro es crítico porque, si liberan suficiente carbono, podrían convertir a toda la región de una unidad de almacenamiento de carbono en una fuente de emisiones, acelerando el calentamiento global de una manera que los modelos climáticos actuales no capturan por completo.

Para entender qué podría suceder durante el próximo siglo, un gran grupo de científicos reunió su conocimiento colectivo para mirar más allá de los límites de los modelos informáticos actuales. Debido a que es difícil recopilar mediciones directas de estos eventos repentinos en todo el norte congelado, y debido a que las interacciones entre diferentes tipos de perturbaciones son complecas, los investigadores recurrieron a una evaluación de expertos. Invitaron a 180 especialistas en campos que van desde la ecología hasta la teledetección para responder a una serie de preguntas detalladas sobre cinco tipos específicos de perturbaciones: cambios provocados por el hombre como la minería y la tala, eventos biológicos como las plagas de insectos, incendios forestales, colapsos repentinos del terreno causados por el derretimiento del hielo y eventos climáticos extremos. Se les pidió a los expertos que predijeran cómo la frecuencia, el tamaño y la severidad de estos eventos cambiarían para el año 2100 e incluso para el 2300, bajo diferentes escenarios de calentamiento global. También se les pidió que estimaran cuánto carbono adicional liberarían estas perturbaciones a la atmósfera en comparación con la actualidad.

El consenso entre los expertos fue claro y consistente: se espera que cada tipo de perturbación sea más común, cubra más terreno y sea más severa a medida que el clima se calienta. Este aumento no es solo un bache a corto plazo; los expertos coincidieron en que estos cambios persistirán durante siglos, continuando mucho después de que la humanidad pueda dejar de añadir nuevo carbono a la atmósfera proveniente de la quema de combustibles fósiles. Cuando los investigadores combinaron las estimaciones de todos los expertos, encontraron que, para el año 2100, estas perturbaciones podrían causar que la Zona Ártico-Boreal libere entre 154 y 427 unidades de carbono adicionales por año, dependiendo de cuánto se caliente el planeta. En el escenario de calentamiento más extremo, donde las temperaturas globales aumentan significativamente, las emisiones adicionales podrían alcanzar el extremo superior de ese rango. Los contribuyentes más significativos a esta liberación adicional de carbono fueron identificados como los colapsos repentinos del terreno, donde el derretimiento del hielo hace que la tierra se hunda y se pudra, y los incendios forestales, que consumen la vegetación y el suelo. Los eventos biológicos, como las infestaciones de insectos, y las actividades humanas también añaden al total, aunque en menor grado que el colapso físico del terreno y el fuego.

Lo que hace que estos hallazgos sean particularmente urgentes es que estas emisiones faltan actualmente en los cálculos globales utilizados para establecer metas climáticas. Los expertos señalaron que, incluso si el mundo tiene éxito en reducir las emisiones humanas a cero, el carbono liberado por estas perturbaciones naturales y causadas por el hombre seguirá fluyendo hacia la atmósfera durante mucho tiempo. Esto significa que los objetivos actuales para limitar el calentamiento global podrían ser más difíciles de alcanzar de lo que se pensaba anteriormente, porque el planeta seguirá emitiendo carbono debido a estas perturbaciones. Los investigadores también encontraron que las interacciones entre estos eventos hacen que el problema sea más difícil de predecir. Por ejemplo, un incendio forestal puede eliminar la capa protectora de plantas y suelo, haciendo que el terreno esté más caliente y sea más propenso a colapsar, lo que a su vez libera más carbono. Del mismo modo, una sequía extrema puede hacer que los bosques sean más propensos a arder. Aunque los expertos estaban seguros de la tendencia general hacia mayores emisiones, admitieron que todavía existen brechas significativas en su conocimiento. Aún no cuentan con suficientes datos sobre exactamente dónde ocurrirán estos eventos o con qué rapidez se recuperará la tierra, particularmente en áreas remotas como Siberia.

Para mejorar estas predicciones, el grupo identificó tres prioridades principales para la investigación futura. Primero, se necesitan mejores mapas que muestren exactamente dónde y con qué frecuencia ocurren estas perturbaciones en toda la región. Segundo, los científicos necesitan medir el flujo de carbono durante y de inmediato después de estos eventos, ya que los datos actuales provienen principalmente de áreas no perturbadas. Finalmente, los modelos informáticos utilizados para predecir el clima futuro deben actualizarse para incluir estos eventos repentinos y disruptivos en lugar de solo cambios lentos y graduales. Hasta que estas brechas se llenen, la evaluación de expertos sirve como una advertencia crucial: el norte congelado se está volviendo más volátil, y el carbono almacenado allí corre el riesgo de ser liberado de formas que los planes climáticos actuales no contemplan plenamente. La región no solo se está calentando lentamente; se está volviendo cada vez más propensa a cambios repentinos y a gran escala que podrían alterar el sistema climático global durante siglos.

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