The future fate of groundwater-dependent wetlands globally driven by groundwater dynamics and land cover change
Este estudio proyecta que los humedales globales dependientes de las aguas subterráneas disminuirán hacia mediados de siglo bajo todos los escenarios de clima y uso de la tierra, con la magnitud y los principales impulsores de la pérdida (la dinámica de las aguas subterráneas frente a la conversión de la tierra) variando significamente a través de diferentes trayectorias socioeconómicas.
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Los humedales se encuentran entre los ecosistemas más vitales de la Tierra, actuando como las esponjas de la naturaleza que filtran el agua, almacenan carbono y proporcionan un hogar para innumerables especies. Aunque mucha gente piensa en los humedales como lugares definidos por el agua superficial —pantanos, marismas y llanuras aluviales visibles al ojo—, una parte significativa de estos ecosistemas depende de algo oculto: el agua subterránea. Estos son humedales dependientes de las aguas subterráneas, áreas donde el suelo permanece saturado porque el nivel freático, la capa de agua subterránea, se sitúa justo debajo de la superficie. Si ese nivel de agua subterránea baja demasiado, el humedal se seca, incluso si la lluvia por encima parece normal. A medida que el planeta se calienta y la demanda humana de agua crece, los científicos están cada vez más preocupados por cómo cambiarán estas reservas de agua invisibles y qué significa esto para los humedales que dependen de ellas.
Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Utrecht y la Universidad de Radboud en los Países Bajos ofrece una mirada exhaustiva al futuro de estos humedales ocultos. Utilizando un sofisticado modelo computacional que simula el movimiento del agua subterránea en todo el globo, el equipo proyectó cómo les irá a estos ecosistemas desde finales del siglo XX hasta mediados de este siglo. Realizaron sus simulaciones bajo tres escenarios futuros diferentes, cada uno representando un camino distinto que la humanidad podría tomar con respecto al desarrollo económico, el crecimiento de la población y las emisiones de gases de efecto invernadero. El objetivo no era solo ver si los humedales desaparecerían, sino entender exactamente por qué: ¿es porque el clima está cambiando el ciclo del agua, o es porque las personas están convirtiendo tierras de humedales en granjas y ciudades?
Los investigadores comenzaron estableciendo una línea base, estimando que entre 2005 y 2014, el mundo contenía aproximadamente 3,43 millones de kilómetros cuadrados de humedales dependientes de las aguas subterráneas. Esta vasta área está repartida por todas las regiones principales del planeta. Cuando miraron hacia adelante al periodo entre 2041 y 2050, las simulaciones mostraron una tendencia constante: bajo los tres escenarios futuros, se espera que la superficie total global de estos humedales se reduzca. El declive no es uniforme, sin embargo, y las razones de la pérdida cambian dependiendo del camino que elija la humanidad. En el escenario en el que el mundo se vuelve fragmentado, con una alta competencia entre regiones y una extensa expansión agrícola, la pérdida de humedales es más severa. En este futuro específico, la conversión de tierras naturales en tierras de cultivo y zonas urbanas es el motor principal de la desaparición de los humedales, representando la mayor parte del declive.
No obstante, la historia cambia al observar otros futuros. En los escenarios que representan un mundo sostenible y de bajas emisiones, o un mundo de altas emisiones impulsado por los combustibles fósiles, el principal culpable de la pérdida de humedales se desplaza de la conversión de la tierra hacia el agua misma. En estos casos, los cambios en la dinámica de las aguas subterráneas —como los cambios en los patrones de lluvia, el aumento de la evaporación y el bombeo de agua para riego— se convierten en la fuerza dominante que hace que los humedales se sequen. Este hallazgo es crucial porque sugiere que, incluso si dejamos de convertir las tierras de los humedales en ciudades o granjas, los humedales podrían desaparecer si los niveles de agua subterránea bajan demasiado. Por el contrario, las simulaciones también mostraron que en algunas regiones, particularmente en las altas latitudes del norte y partes de África, el aumento de los niveles freáticos podría crear nuevas áreas de humedales. Sin embargo, los investigadores advierten que estas ganancias potenciales suelen verse compensadas por pérdidas en otros lugares, y la creación de nuevos humedales depende en gran medida de las decisiones locales de gestión de la tierra que no se capturan completamente en los modelos globales.
El estudio también destacó que el impacto no se siente de manera igual en todo el mundo. El reino Neotropical, que incluye gran parte de América del Sur, enfrenta las pérdidas absolutas más significativas en todos los escenarios. Aquí, la combinación de los cambios en los niveles de agua subterránea y la expansión de la agricultura crea una doble amenaza. En contraste, el reino Indo-Malayo muestra una diferencia marcada dependiendo del camino futuro tomado; bajo un escenario, los humedales se reducen debido a la expansión agrícola, mientras que bajo otro, en realidad se expanden porque la agricultura se vuelve más eficiente y requiere menos tierra. Esto sugiere que las decisiones que las sociedades toman sobre cómo producen alimentos y gestionan sus economías pueden ser tan importantes como el nivel de emisiones de carbono para determinar el destino de estos ecosistemas.
En última instancia, la investigación indica que proteger estos vitales ecosistemas requerirá un enfoque dual. En las regiones donde la conversión de la tierra es la principal amenaza, la conservación estricta de las áreas de humedales sigue siendo esencial. Pero en muchas otras partes del mundo, donde el nivel freático es el vínculo frágil, la gestión del uso del agua subterránea se vuelve tan crítica como la protección de la superficie de la tierra. El estudio concluye que una estrategia exitosa para el futuro debe integrar la gestión de las aguas subterráneas con la planificación del uso del suelo. No podemos simplemente salvar los humedales cercándolos; también debemos asegurar que el agua invisible debajo de ellos permanezca disponible, reconociendo que la salud de estos ecosistemas depende de un equilibrio entre lo que sucede en el suelo y lo que sucede en los campos y las ciudades arriba.
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