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Modernisation and Femicide in Italy (2018–2022): An Exploratory Analysis of Gendered Violence

Este estudio desafía la visión dominante del feminicidio como una consecuencia inmutable del patriarcado al analizar datos italianos de 2018–2022 para demostrar que aspectos específicos de la modernización, tales como el desarrollo socioeconómico y la evolución de las dinámicas familiares, están asociados con una reducción de la violencia de género.

Autores originales: Ettore Scappini

Publicado 2026-09-08
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Autores originales: Ettore Scappini

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el estudio de por qué ocurre la violencia, los sociólogos han observado durante mucho tiempo la estructura de la propia sociedad. Examinan cómo se reparte el poder entre hombres y mujeres, un concepto a menudo descrito como patriarcado, donde los hombres ostentan tradicionalmente la autoridad principal en las familias y las comunidades. Cuando esta dinámica de poder es extrema, puede crear un entorno donde la violencia contra las mujeres no sea solo un acto individual de ira, sino un síntoma de un sistema que ve a las mujeres como propiedad o subordinadas. Sin embargo, a medida que las sociedades cambian y se vuelven más modernas, con las mujeres ganando más derechos, empleos y voz política, se espera que la naturaleza de esta violencia cambie. La pregunta que ha desconcertado a los investigadores es si la modernización actúa como un escudo, protegiendo a las mujeres al reducir estas desigualdades profundamente arraigadas, o si de alguna manera provoca una reacción violenta, agravando la violencia a medida que las estructuras de poder tradicionales son desafiadas. Comprender esta relación es crucial porque ayuda a las sociedades a saber si su progreso hacia la igualdad está haciendo que las mujeres sean realmente más seguras o si el camino hacia adelante requiere estrategias diferentes para detener la muerte de las mujeres.

Un nuevo estudio de Ettore Scappini, de la Universidad de Bolonia, analiza de cerca esta cuestión en Italia entre 2018 y 2022. El investigador se propuso ver si existe un vínculo entre qué tan moderna es una región y la frecuencia con la que los hombres matan a las mujeres. Para hacer esto, primero tuvo que aclarar cierta confusión sobre las palabras que se utilizan. Argumentó que Italia ya no es una sociedad estrictamente patriarcal donde los hombres lo gobiernan todo, pero sigue siendo una sociedad con una desigualdad de género significativa, donde las mujeres a menudo tienen menos libertad para actuar que los hombres. También se dio cuenta de que no todo asesinato de una mujer es igual. Algunos son impulsados por un odio profundo hacia las mujeres o un deseo de controlarlas, mientras que otros surgen de enfermedades mentales, desesperación financiera o discusiones familiares que no tienen nada que ver con el poder de género. Para obtener una imagen clara, el estudio tenía que separar estos diferentes tipos de asesinatos.

El investigador construyó una base de datos detallada de 6ق10 casos en los que una mujer fue asesinada en Italia durante esos cinco años. Revisó cuidadosamente los detalles de cada crimen, observando quién era el asesino, quién era la víctima y por qué ocurrió el asesinato. Encontró que solo alrededor del 40 por ciento de estos asesinatos, o 246 casos, cumplían con una definición estricta de feminicidio. Estos fueron los casos en los que un hombre mató a una mujer específicamente para dominarla, castigarla por intentar ser independiente o porque ella se negó a someterse a su control. Los otros casos fueron excluidos porque el motivo era algo completamente distinto, como un hombre que mata a una pareja enferma por un sentido retorcido de la misericordia, un hijo que mata a un progenitor por una disputa de herencia, o un crimen cometido por alguien con problemas de salud mental graves. Al filtrar estos otros tipos de violencia, el estudio se centró únicamente en los asesinatos que se trataban verdaderamente de poder y control de género.

El análisis comparó entonces dos partes muy diferentes de Italia: el Norte-Centro, que es más rico y moderno, y el Sur e Islas, que están menos modernizados y tienen tasas más altas de desigualdad de género. El estudio también hizo una distincción crítica entre los asesinos nacidos en Italia y aquellos nacidos en otros lugares. Cuando el investigador observó a todos los asesinos juntos, las cifras eran confusas y parecían no mostrar un patrón claro. Sin embargo, una vez que separó los datos para observar únicamente a los hombres italianos, surgió una historia clara. En el Sur e Islas, menos modernizados y con mayor desigualdad de género, la tasa de hombres italianos que mataban a mujeres por razones de control era significamente más alta. En el Norte-Centro, más modernizado, donde las mujeres tienen más libertad económica y representación política, esa tasa cayó aproximadamente a la mitad.

El estudio sugiere que la modernización en Italia está vinculada, de hecho, a una reducción en el feminicidio, pero solo cuando se observa el contexto cultural específico de los hombres italianos. Los datos indican que, a medida que una sociedad se vuelve más moderna y las mujeres ganan independencia, los hombres que crecen en esa sociedad son menos propensos a matar mujeres para afirmar su dominio. El investigador señala que esto no significa que el problema esté resuelto, ya que la desigualdad de género todavía existe, pero sugiere que el camino de la modernización está haciendo que la sociedad sea más segura para las mujeres. El estudio también destacó que observar a todos los asesinos juntos puede ocultar esta verdad, porque los patrones de violencia entre hombres de otras culturas, que pueden provenir de entornos donde las estructuras de poder tradicionales siguen siendo muy fuertes, son diferentes y pueden sesgar las cifras generales. Al centrarse en el grupo específico de perpetradores italianos, la investigación ofrece una visión más clara de cómo el progreso social puede reducir directamente el riesgo de asesinato basado en el género.

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