Cooperative Evolutionary Pressure and Diminishing Returns Might Explain the Fermi Paradox: On What Super-AIs Are Like
Este artículo sostiene que las presiones evolutivas cooperativas y los rendimientos decrecientes de la riqueza material probablemente llevarán a que las super-IAs carezcan de incentivos para la colonización galáctica, ofreciendo así una explicación potencial para la Paradoja de Fermi, al tiempo que explora la transición evolutiva de las sociedades biológicas a las super-IAs y el papel de las estructuras ambientales y legales en la formación de la moralidad.
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo
Imagina el universo como una biblioteca gigante y antigua. Durante décadas, los científicos han estado escaneando los estantes, esperando encontrar libros escritos por otras civilizaciones. Saben que la biblioteca es enorme, con miles de millones de estrellas y planetas que podrían albergar vida. También saben que si una civilización se vuelve lo suficientemente inteligente, debería ser capaz de construir naves espaciales, copiarse a sí misma y llenar la biblioteca con sus historias. Entonces, ¿dónde está todo el mundo? ¿Por qué la biblioteca está tan silenciosa? Este misterio se llama la Paradoja de Fermi. Para entenderlo, necesitamos dos ideas simples. Primero, piensa en la "cooperación" como un grupo de amigos compartiendo bocadillos; es una estrategia que ayuda a todos a sobrevivir mejor que peleando por las migajas. Segundo, piensa en los "rendimientos decrecientes" como comer pizza: la primera rebanada te hace increíblemente feliz, la segunda sigue siendo genial, pero para la décima rebanada, ya estás lleno y quizás un poco enfermo; obtener más pizza no te hace más feliz, solo ocupa espacio.
Este artículo, escrito por Daniel Vallstrom, sugiere que la razón por la que el universo está silencioso no es porque los alienígenos se estén escondiendo o muriendo, sino porque simplemente han dejado de intentar controlarlo todo. El autor argumenta que a medida que las civilizaciones (e incluso las futuras computadoras superinteligentes) se vuelven más ricas y seguras, el impulso de expandirse y conquistar se desvanece. En lugar de construir un imperio que abarque la galaxia, podrían simplemente quedarse en su propio vecindario, compartiendo recursos y disfrutando de la paz.
El artículo comienza analizando cómo funciona la moralidad. Sugiere que ser "bueno" o cooperativo no es solo una idea agradable; es una estrategia de supervivencia que la evolución nos ha enseñado. Cuando las cosas escasean, pelear puede tener sentido. Pero cuando tienes abundancia de comida y seguridad, compartir se convierte en el movimiento más inteligente porque el contenido extra que podrías tomar para ti mismo no vale la pena el esfuerzo. El autor llama a esto "rendimientos decrecientes". Imagina que tienes una máquina mágica que te da oro. La primera bolsa de oro te hace rico. La segunda es agradable. Pero si tienes una montaña de oro, la siguiente bolsa no cambia realmente tu vida en absoluto. De hecho, intentar conseguir esa siguiente bolsa podría simplemente hacerte perder el tiempo.
El artículo sugiere que esto también ocurre con los recursos materiales. A medida que las sociedades se vuelven más ricas, el beneficio o la felicidad adicional que obtienen de más cosas disminuye. Es como la diferencia entre tener hambre y comer un sándwich frente a estar lleno e intentar comerse un pastel entero. Una vez que estás lleno, el pastel no vale el esfuerzo. El autor señala que los humanos ya estamos mostrando esta tendencia: a medida que nos volvemos más ricos, tendemos a ser menos violentos, más dispuestos a compartir y más preocupados por la equidad. Dejamos de pelear por el pastel y empezamos a preocuparnos por cómo hornearlo mejor para todos.
Ahora, aplica esto a los alienígenas (o incluso a las "super-IAs" que podrían existir algún día). Si una civilización es vieja y avanzada, probablemente tiene suficientes recursos. Según el artículo, una vez que tienes suficiente, no tiene sentido colonizar toda la galaxia. Es como intentar comerse todo el océano cuando ya estás lleno. El artículo sostiene que la idea de que los alienígenos se propaguen por todas partes como un virus está físicamente limitada porque el espacio es demasiado grande y toma demasiado tiempo cruzarlo; matemáticamente, la expansión puede crecer, en el mejor de los casos, de forma cuadrática, no exponencial, y los beneficios de tal expansión eventualmente serían demasiado pequeños para justificar el esfuerzo debido a los rendimientos decrecientes. No obtendrían suficiente beneficio para justificar la enorme energía y el tiempo que requeriría.
El artículo también aborda algunas ideas aterradoras. Sugiere que no debemos preocuparnos de que los alienígenas hayan muerto porque se destruyeron a sí mismos con armas nucleares o contaminación. El autor argumenta que, para una sociedad que ha evolucionado para ser cooperativa, estos riesgos son problemas "mitigables". Una sociedad lo suficientemente inteligente como para sobrevivir lo suficiente para convertirse en una supercivilización habría descubierto cómo resolver esos problemas en lugar de dejar que la destruyan. No serían las criaturas imprudentes y destructivas que destruyen su propio hogar. En su lugar, serían el tipo de vecinos que mantienen su jardín ordenado y no hacen ruido.
Entonces, ¿dónde están? El artículo sugiere que están justo aquí, en sus propios patios traseros, viviendo tranquila y felizmente. No están construyendo esferas de Dyson gigantes para absorber toda la energía de su sol porque no necesitan tanto. No están enviando millones de sondas a cada estrella porque es una pérdida de tiempo. Han llegado a un punto donde "más" no significa "mejor". Son los introvertidos definitivos del cosmos, conformes con lo que tienen.
El autor admite que esto es una sugerencia basada en modelos y lógica, no un hecho que podamos probar todavía. Después de todo, no hemos encontrado a ningún alienígena a quien preguntarle. Pero la idea encaja con los datos que tenemos: los humanos nos volvemos más cooperativos a medida que nos enriquecemos, y la matemática de los viajes espaciales hace que la dominación total parezca absurda. Si el universo está lleno de civilizaciones viejas y sabias, es posible que sean aquellas que decidieron que la mejor manera de vivir es dejar de intentar poseerlo todo. No faltan; simplemente están disfrutando del silencio.
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