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Structural deprivation gradients in energy poverty across four Jordanian household surveys

Al armonizar cuatro encuestas de hogares jordanas (2022–2025) mediante un marco de indicadores consensuados, este estudio revela que, si bien las tasas de pobreza energética absoluta varían debido a diferencias metodológicas, los gradientes de privación estructural a través de las brechas de ingresos y de lo rural-urbano permanecen estables, lo que respalda intervenciones focalizadas basadas en los ingresos sobre los subsidios universales.

Autores originales: Mohammad M. Jaber

Publicado 2026-08-18
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Autores originales: Mohammad M. Jaber

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En muchas partes del mundo, mantener un hogar cálido en invierno o fresco en verano es una expectativa básica, no un lujo. Sin embargo, para millones de familias, el coste de la energía crea una tensión constante entre pagar las facturas y mantener las luces encendidas. Los investigadores llaman a esta situación pobreza energética. No se trata simplemente de tener un ingreso bajo; se trata de la incapacidad específica de costear los servicios energéticos que permiten que un hogar funcione normalmente, como mantener una temperatura confortable o pagar las facturas de los servicios públicos a tiempo. Mientras que los científicos en Europa han pasado décadas desarrollando formas precisas de medir esta lucha, el panorama en Oriente Medio y el Norte de África ha permanecido borroso. Diferentes estudios en la región han utilizado diferentes métodos, lo que hace imposible comparar los resultados o comprender la verdadera escala del problema. Sin un mapa claro de quién está sufriendo y por qué, es difícil para los gobiernos diseñar una ayuda eficaz.

Un investigador llamado Mohammad Jaber se propuso despejar esta niebla analizando cuatro encuestas independientes realizadas en Jordania entre 2022 y 2025. Estas encuestas no fueron diseñadas originalmente para ser un único estudio; eran proyectos independientes que hacían preguntas diferentes a grupos de personas distintos. Algunos se centraban en la energía solar, otros en la conservación de la electricidad, y uno se enfocaba específicamente en una región con muchas familias de bajos ingresos. Jaber se dio cuenta de que, aunque las encuestas hacían preguntas diferentes, todas contenían pistas sobre si las personas estaban pasando dificultades con la energía. Desarrolló un método cuidadoso para traducir las respuestas de estas cuatro encuestas diferentes a un lenguaje común y único. Al hacer esto, pudo mirar más allá de las diferencias en cómo se hacían las preguntas y centrarse en los patrones que emergían en todos los datos.

El descubrimiento más sorprendente fue que la lucha por costear la energía sigue un camino muy consistente, independientemente de qué grupo de personas se les preguntara. En cada una de las encuestas, los hogares con menores ingresos reportaron significativamente más problemas de energía que aquellos con ingresos más altos. La brecha era grande y constante: las familias de bajos ingresos tenían entre 26 y 39 puntos porcentuales más de probabilidades de padecer pobreza energética que las familias de ingresos altos. Este patrón se mantuvo incluso aunque las encuestas se realizaron en diferentes años, en diferentes partes del país y con diferentes conjuntos de encuestados. Esto sugiere que el vínculo entre los bajos ingresos y las dificultades energéticas es una característica estructural profunda de la vida en Jordania, no un fallo temporal o el resultado de la mala suerte.

Un segundo patrón, igualmente claro, surgió respecto a dónde vive la gente. En cada encuesta, las familias que vivían en zonas rurales reportaron más privación energética que las de las ciudades. La diferencia osciló entre aproximadamente 9 y 22 puntos porcentuales, siendo los hogares rurales los que enfrentaron consistentemente mayores dificultades. Esta brecha persistió incluso en la encuesta que incluyó al grupo más educado y centrado en lo urbano. El hecho de que la desventaja rural permaneciera visible, e incluso creciera en algunos casos, apunta a una división fundamental en la calidad de la vivienda y el acceso a los servicios entre el campo y la ciudad. Indica que los hogares rurales pueden ser menos eficientes para mantener el calor dentro o el aire fresco fuera, obligando a las familias a gastar más o sufrir más incomodidad solo para estar cómodas.

Para entender la gravedad de la presión financiera, el investigador analizó de cerca la primera encuesta, que fue la única que incluyó cifras específicas sobre cuánto dinero gastaban las familias en energía. En la gobernación de Zarqa, donde tuvo lugar esta encuesta, el hogar promedio gastó casi el 18 por ciento de sus ingresos anuales en energía. Esta es una carga pesada; para contextualizar, los hogares en la Unión Europea suelen gastar una fracción mucho menor de su presupuesto en energía. En Zarqa, más del 72 por ciento de todos los hogares gastó más del 10 por ciento de sus ingresos en energía, un nivel que los expertos consideran un signo de pobreza energética severa. Entre las familias de ingresos más bajos en esa región, cada uno de los hogares superó este umbral.

El estudio también encontró que observar únicamente cuánto dinero gasta la gente en energía cuenta solo parte de la historia. Muchas familias que lograron mantener sus facturas de energía por debajo del umbral del 10 por ciento seguían reportando que tenían frío, que no podían dormir debido al calor o que tenían que restringir su uso de calefacción y aire acondicionado para ahorrar dinero. Este comportamiento, conocido como racionamiento energético, significa que una familia puede parecer financieramente segura sobre el papel mientras en realidad sufre una falta de confort. Las encuestas mostraron que, incluso entre las familias que técnicamente no calificaban como pobres energéticas basándose en su gasto, una gran mayoría todavía reportaba estas dificultades. Esto sugiere que confiar únicamente en los datos de gastos pasaría por alto la verdadera extensión del problema.

Estos hallazgos tienen implicaciones claras sobre cómo debe brindarse la ayuda. Debido a que la lucha está tan fuertemente ligada a los ingresos, el investigador argumenta que los subsidios universales, que otorgan el mismo apoyo a todos independientemente de su riqueza, no son la solución más eficiente. En su lugar, el apoyo debería dirigirse directamente a los hogares de bajos ingresos. Del mismo modo, la persistente brecha entre las zonas rurales y urbanas sugiere que el dinero por sí solo no es suficiente; existe la necesidad de inversiones específicas para mejorar la calidad física de las viviendas rurales, como un mejor aislamiento y sistemas de calefacción más eficientes. El estudio concluye que para entender verdaderamente y resolver la pobreza energética en Jordania, el país necesita comenzar a recopilar datos consistentes sobre estas dificultades específicas en sus encuestas nacionales cada año. Al hacerlo, los responsables políticos pueden rastrear el progreso a lo largo del tiempo y asegurar que la ayuda llegue a las familias que más la necesitan.

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