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Death, Games and Play: A Metaphorical-Relational Model

Este artículo sostiene que el entrelazamiento metafórico entre los juegos y la muerte ofrece un marco relacional para comprender la muerte como un sistema dinámico, sugiriendo que aprovechar esta conexión puede superar las limitaciones actuales tanto en los cuidados paliativos como en el diseño de juegos al reimaginar el juego como una práctica vital de cuidado.

Autores originales: Laura Davies, Emma Reay

Publicado 2026-09-22
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Laura Davies, Emma Reay

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

A menudo hablamos de la vida como un viaje o una historia, pero cuando nos enfrentamos al final, esas narrativas familiares a veces pueden parecer demasiado rígidas para contener la complejidad de lo que está sucediendo. En los campos de la medicina y las humanidades, los académicos han intentado durante mucho tiempo encontrar mejores formas de hablar sobre la muerte, yendo más allá de los simples hechos médicos para comprender la experiencia humana. Una herramienta clave en este esfuerzo es la metáfora: una forma de describir algo difícil comparándolo con algo que ya entendemos. Durante siglos, las personas han utilizado imágenes de los deportes, el juego y la competición para describir la muerte, como decir que alguien "tiró la toalla" o "se quedó sin ases". Estas frases moldean nuestra forma de pensar sobre el final de la vida, enmarcándolo a menudo como una batalla que se gana o se pierde. Sin embargo, existe otro mundo de la actividad humana donde las reglas, el azar y los resultados se negocian constantemente: el mundo de los juegos. Aunque los juegos suelen verse como triviales en comparación con la gravedad de la muerte, los investigadores están empezando a ver una profunda conexión entre ambos, sugiriendo que la forma en que jugamos podría ayudarnos a comprender cómo morimos.

En un nuevo estudio, las investigadoras Laura Davies y Emma Reay exploran este inesperado vínculo entre la muerte, los juegos y el juego. Argumentan que los juegos hacen más que solo entretener; hacen visibles las reglas ocultas de la vida y la muerte. Cuando jugamos a un juego, entramos en un espacio donde las consecuencias de nuestras acciones son claras, donde podemos volver a intentarlo tras un error y donde aprendemos a navegar sistemas de azar y elección. Las autoras sugieren que, al observar cómo los juegos gestionan el concepto de la muerte, podemos obtener nuevas perspectivas sobre cómo cuidar a las personas que están muriendo. Proponen que la relación entre estas dos ideas no es solo una coincidencia del lenguaje, sino un entrelazamiento fundamental que, si se comprende correctamente, podría cambiar la forma en que abordamos los cuidados al final de la vida.

Las investigadoras comienzan examinando cómo hablamos de la muerte en la actualidad. Observan que muchas frases comunes tratan la muerte como una competición. Hablamos de "luchar" contra una enfermedad o "vencer" al cáncer, lo que implica que la muerte es un enemigo al que hay que derrotar. Si una persona muere, la lógica de estas metáforas sugiere que no luchó con suficiente fuerza o que recibió una mala mano. Esta forma de pensar puede ser perjudicial. Sitúa toda la carga de la supervivencia en el individuo y enmarca la muerte como un fracaso personal en lugar de como una parte natural de la vida. Las autoras señalan que esta mentalidad se ha filtrado en la medicina moderna, donde la muerte se ve cada vez más como un problema que resolver o un error en el sistema, en lugar de como una etapa inevitable de la existencia. Esta perspectiva puede dificultar que los pacientes y sus familias encuentren la paz, ya que están constantemente midiendo su progreso contra un estándar de supervivencia que tal vez ya no sea posible.

Para ofrecer una forma diferente de pensar, las autoras recurren a la mecánica de los juegos. En muchos videojuegos y juegos de mesa, la muerte es una parte estándar de la experiencia. A menudo es un "estado de fallo", una señal de que el jugador ha cometido un movimiento erróneo o se ha quedado sin recursos. Sin embargo, a diferencia de la vida real, este fallo rara vez es el final de la historia. En un juego, un personaje puede morir y luego empezar de nuevo, permitiendo al jugador aprender del error e intentar un enfoque diferente. Este ciclo de ensayo y error no trata de rendirse; trata de aprender. Las investigadoras sugieren que este "aprender a través del fallo" es una poderosa metáfora del proceso de morir. En lugar de ver el final de la vida como una derrota final, podríamos verlo como un periodo de ajuste y crecimiento, donde el objetivo cambia de ganar a comprender. Al interactuar con las reglas de un juego, los jugadores aprenden a aceptar la incertidumbre y a navegar por circunstancias cambiantes. Las autoras argumentan que podemos aplicar esta misma mentalidad a la muerte en la vida real, ayudando a las personas a encontrar un sentido de agencia y significado incluso cuando no pueden cambiar el resultado.

El estudio también introduce una nueva forma de pensar en el papel de quienes cuidan de los moribundos. Las autoras proponen imaginar al cuidador no solo como un médico o un enfermero, sino como un "maestro de juego" (game master). En un juego de rol, el maestro de juego no controla cada movimiento que hacen los jugadores, ni escribe la historia por ellos. En su lugar, establece la escena, explica las reglas y ayuda a los jugadores a navegar por el mundo en el que se encuentran. Mantienen la estructura del juego mientras permiten que los jugadores toقا sus propias decisiones. Del mismo modo, un cuidador puede ayudar a una persona moribunda a navegar por las complejas y a menudo temibles reglas de sus últimos días. Pueden explicar qué está sucediendo, ofrecer apoyo y crear un espacio seguro para que la persona tome decisiones, sin intentar forzar un resultado específico. Este enfoque respeta la autonomía de la persona que muere, permitiéndole seguir siendo un participante activo en su propia vida hasta el final. Desplaza el enfoque de intentar arreglar lo irreparable hacia el ayudar a alguien a vivir bien dentro de los límites de su situación.

Las investigadoras son cuidadosas al señalar que no están sugiriendo que debamos tratar literalmente la muerte como un juego o pretender que morir es divertido. No argumentan que podamos "ganar" contra la muerte o que simplemente podamos reiniciar el proceso si algo sale mal. La distinción entre el mundo real y un juego es absoluta; en la realidad, la muerte es final y no puede deshacerse. En cambio, sugieren que la lógica de los juegos ofrece una herramienta útil para pensar. Los juegos proporcionan un espacio seguro para practicar el lidiar con la pérdida, la incertidumbre y los límites del control. Nos muestran que es posible encontrar significado y conexión incluso cuando el resultado no es el que esperábamos. Al utilizar el lenguaje y las estructuras del juego, podemos crear nuevas formas de hablar sobre la muerte que sean menos sobre el miedo y el fracaso y más sobre la relación y la aceptación.

En última instancia, este trabajo sugiere que el juego es una forma valiosa de cuidado. No se trata de escapar de la realidad, sino de interactuar con ella de una manera que permita la flexibilidad y la creatividad. Cuando jugamos, aprendemos a trabajar con otros, a adaptarnos a reglas cambiantes y a encontrar alegría en el proceso más que solo en el resultado. Las autoras creen que traer este espíritu de juego a la conversación sobre la muerte puede ayudarnos a construir mejores relaciones entre pacientes, familias y cuidadores. Nos anima a ver el final de la vida no como una lucha solitaria contra un cuerpo que falla, sino como una experiencia humana compartida donde aún se pueden encontrar la conexión y el significado. Al reconocer los profundos vínculos entre cómo jugamos y cómo morimos, abrimos nuevas posibilidades para cómo apoyarnos mutuamente a través de los momentos más difíciles de la vida.

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