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The Impact of Emotions Stimulated by Sensory Marketing Events on Customers’ Perception of Prices in Price-Setting

Este artículo investiga cómo los eventos de marketing sensorial influyen en las respuestas emocionales de los consumidores hacia los precios, ofreciendo un marco conceptual y recomendaciones prácticas para mejorar las estrategias de fijación de precios mediante la integración de perspectivas de marketing, del comportamiento y de la neurociencia.

Autores originales: Ihor Balandin

Publicado 2026-09-23
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Ihor Balandin

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el bullicioso mundo del comercio, una etiqueta de precio suele tratarse como un número frío y racional, un simple cálculo de coste y beneficio. Sin embargo, para la persona que se encuentra en el pasillo de una tienda, ese número rara vez se procesa de forma aislada. Se filtra a través de una compleja red de sentimientos, recuerdos y sensaciones físicas inmediatas. Este es el reino del marketing sensorial, un campo que explora cómo las vistas, los sonidos, los olores y las texturas de un entorno de compra moldean nuestras decisiones. Cuando una tienda reproduce una canción específica, aromatiza el aire con un aroma particular o ofrece un tacto suave de un producto, no está simplemente decorando el espacio; está intentando influir activamente en el estado emocional del cliente. La pregunta central que impulsa la investigación empresarial moderna es si estos cambios emocionales, desencadenados por los sentidos, pueden realmente cambiar la forma en que una persona percibe el coste de un artículo. Si una atmósfera agradable hace que un cliente se sienta bien, ¿hace ese buen sentimiento que un precio alto parezca más razonable, o que un descuento se sienta más valioso? Comprender este vínculo es crucial para las empresas que intentan navegar en un mercado competitivo donde los clientes están cada vez más impulsados por la experiencia más que por la lógica.

Un estudio reciente de Ihor Balandin, de la Universidad Babeș-Bolyai, profundiza en esta conexión, proponiendo una forma estructurada de medir cómo los eventos sensoriales alteran el paisaje emocional de un comprador y, a su vez, su disposición a pagar. La investigación no se basa en conjeturas o suposiciones generales sobre la naturaleza humana. En su lugar, construye un modelo de tres etapas para rastrear el camino desde un estímulo sensorial hasta una decisión de precio final. La primera etapa examina cómo herramientas específicas, como un aroma o un sonido, generan una reacción emocional. La segunda etapa investiga cómo ese estado emocional específico cambia la forma en que una persona ve un precio. La etapa final utiliza estos hallazgos para construir una estrategia de precios que se alinee con la realidad emocional del cliente. El autor sugiere que, al comprender esta cadena de eventos, las empresas pueden ir más allá de los modelos de precios estáticos y adoptar estrategias que respondan al clima emocional que crean en sus tiendas.

Para ilustrar este marco, el investigador diseñó una serie de experimentos conceptuales utilizando un concesionario de automóviles como laboratorio teórico. El objetivo era demostrar cómo la manipulación del entorno sensorial podría cambiar la forma en que los visitantes sienten respecto a los coches y sus precios. El equipo introdujo cinco elementos sensoriales distintos en la sala de exhibición: difundir el aroma de cuero nuevo, reproducir contenido de radio típico de una experiencia de conducción, entregar recuerdos suaves y agradables al tacto a cada visitante, instalar iluminación de neón que imitara los tableros de coches clásicos y colocar pequeños piruletas con forma de coche en la zona de exhibición. Estos elementos no solo se encendieron o apagaron; se aplicaron a diferentes niveles de intensidad, que iban desde una presencia sutil de fondo hasta una fuerza fuerte y perceptible. El estudio describe cómo las respuestas emocionales podrían rastrearse mediante encuestas y mediciones fisiológicas como la frecuencia cardíaca, aunque los datos específicos presentados en el documento son ejemplos condicionales y cálculos modelados en lugar de resultados de un seguimiento fisiológico real.

Los resultados ilustrativos de esta prueba sensorial revelan un patrón claro en el modelo. No todos los estímulos sensoriales funcionan igual de bien en el ejemplo. Las reacciones emocionales positivas más poderosas en los datos modelados provienen de dos fuentes específicas: los recuerdos suaves y táctiles entregados a cada visitante y las pequeñas piruletas con forma de coche. Cuando estos artículos se presentan con una intensidad media a alta en el ejemplo, los datos modelados indican que los visitantes reportan estados de ánimo significativamente mejores. Curiosamente, los otros elementos, como el fuerte aroma a cuero o las brillantes luces de neón, no producen el mismo efecto positivo constante en el modelo y, en algunos casos, incluso provocan reacciones negativas cuando se fuerzan demasiado. Este hallazgo sugiere que el enfoque de "más es mejor" no siempre se aplica; lo que importa es la herramienta sensorial adecuada con la intensidad adecuada. El estudio identifica que un llavero suave o un pequeño juguete de peluche, entregado gratuitamente, es la forma más efectiva de elevar el estado emocional del cliente en este escenario teórico.

Con las herramientas sensoriales más efectivas identificadas en el modelo, la investigación pasa a la segunda fase: probar cómo estos estados de ánimo mejorados afectan la percepción del precio. Los investigadores aplican los elementos sensoriales exitosos —los recuerdos suaves y las piruletas— a un nuevo grupo de visitantes en el ejemplo mientras les presentan diferentes escenarios de precios. Miden cómo reaccionan estos visitantes al precio de mercado actual, a un precio más bajo y a un precio más alto. Los datos modelados muestran un cambio distintivo en la percepción. Los visitantes que están expuestos a los estímulos sensoriales positivos, particularmente los recuerdos suaves, ven el precio actual del coche de manera mucho más favorable que aquellos que no lo han sido. En el ejemplo, bajo la influencia de este estado emocional positivo, los clientes están dispuestos a considerar la compra incluso cuando el precio es más alto de lo habitual. Perciben el coste como más aceptable y su disposición a la compra aumenta. Por el contrario, cuando el entorno sensorial no está estimulando emociones positivas en el modelo, los clientes son mucho más sensibles a los aumentos de precio y tienen menos probabilidades de comprar.

El estudio concluye que las emociones no son solo un efecto secundario de las compras; son una palanca que se puede accionar para influir en el poder de fijación de precios. La investigación propone un nuevo conjunto de estrategias para las empresas basadas en estos hallazgos. Si una empresa puede crear con éxito una atmósfera emocional positiva a través del marketing sensorial, puede ser capaz de implementar una "estrategia de precios orientada a la emoción", donde los precios pueden establecerse más altos porque los sentimientos positivos del cliente hacen que el coste parezca más justo. Alternativamente, si la respuesta emocional es mixta o negativa, los datos sugieren que los descuentos y las promociones se vuelven necesarios para compensar esos sentimientos y fomentar una venta. La investigación también destaca que estas estrategias deben adaptarse a grupos específicos de personas y entornos específicos. Lo que puede funcionar en un concesionario de coches puede no funcionar en un supermercado, y lo que crea alegría para un grupo puede causar irritación para otro.

En última instancia, este trabajo ofrece una hoja de ruta para que las empresas pasen de la intuición a la toma de decisiones basada en la evidencia. Al probar sistemáticamente qué herramientas sensoriales crean las mejores respuestas emocionales y luego medir cómo esas respuestas cambian la percepción del precio, las empresas pueden optimizar sus estrategias de precios con mayor precisión. El estudio no pretende haber resuelto el misterio del comportamiento humano con datos empíricos, sino que proporciona un marco claro y medible para comprender el vínculo invisible entre un juguete de peluche en la mano y la decisión de firmar un contrato. Sugiere que el futuro de los precios no reside solo en los números de una hoja de cálculo, sino en las experiencias sensoriales cuidadosamente curadas que dan forma a cómo se siente un cliente en el momento de la compra.

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