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Differential performance of Bacillus and Trichoderma against olive-associated Colletotrichum and Fusarium: from in vitro antagonism to anthracnose suppression in fruits

Este estudio demuestra que, si bien los aislados de *Bacillus* suprimen eficazmente la antracnosis del olivo causada por *Colletotrichum* spp. en el fruto, las especies de *Trichoderma* muestran un antagonismo superior contra patógenos de *Fusarium* transmitidos por el suelo in vitro, lo que sugiere un enfoque dirigido y sostenible para el manejo de estas distintas enfermedades del olivo.

Autores originales: Bruno Ferreira Kramer, Andréia Mara Rotta de Oliveira, Beatriz Lara, Marilene Ribeiro Betencourt, NATALIA SANTOS DA ROCHA, Edson Bertolini

Publicado 2026-10-16
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Autores originales: Bruno Ferreira Kramer, Andréia Mara Rotta de Oliveira, Beatriz Lara, Marilene Ribeiro Betencourt, NATALIA SANTOS DA ROCHA, Edson Bertolini

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Los olivos, esos antiguos centinelas del paisaje mediterráneo, están echando raíces ahora en nuevos suelos, incluyendo las regiones del sur de Brasil. A medida que los agricultores expanden sus huertos para satisfacer la creciente demanda mundial de aceite y fruta de mesa, se enfrentan a un enemigo familiar: la enfermedad. Dos tipos de hongos son particularmente problemáticos. Uno, conocido como antracnosis, ataca al fruto mismo, convirtiendo las aceitunas sanas en masas blandas y podridas que arruinan la calidad del aceite. El otro, una enfermedad de marchitamiento, invade las raíces y el sistema vascular, asfixiando lentamente al árbol desde adentro hacia afuera. Durante décadas, los cultivadores han dependido de aerosoles químicos para combatir a estos invasores. Sin embargo, estos productos químicos pueden dejar metales pesados en el suelo, dañar los microbios beneficiosos y, eventualmente, dar lugar a hongos que ya no responden al tratamiento. Esto ha impulsado a los científicos a buscar un tipo diferente de escudo: uno hecho de organismos vivos que luchen naturalmente contra los patógenos.

En un estudio reciente, investigadores de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul se propusieron probar dos grupos específicos de estos microbios beneficiosos contra los hongos que amenazan a los olivos brasileños. Se centraron en bacterias de la familia Bacillus y hongos de la familia Trichoderma. Ambos grupos son conocidos en el mundo científico por su capacidad para suprimir patógenos dañinos, pero los investigadores querían ver si podían funcionar eficazmente en el contexto específico de los olivos, pasando de simples pruebas de laboratorio a frutos reales. El objetivo era determinar qué microbio podría proteger mejor las aceitunas de la podredumbre y cuál podría ser más adecuado para proteger el suelo y las raíces.

El equipo comenzó cultivando los hongos dañinos en placas de Petri junto con los microbios beneficiosos para ver quién ganaría la batalla por el espacio y los nutrientes. Probaron varias cepas de Bacillus y Trichoderma contra los hongos específicos que causan la antracnosis del olivo y el marchitamiento de la raíz. En estos entornos controlados, los resultados fueron prometedores para ambos grupos, pero con una clara división del trabajo. Los hongos Trichoderma demostraron ser oponentes formidables contra los hongos que causan la podredumbre de la raíz, deteniendo su crecimiento en casi la mitad de los casos. Las bacterias Bacillus también mostraron una fuerte actividad, particularmente contra los hongos que causan la podredumbre del fruto. Sin embargo, el entorno de laboratorio es un mundo simplificado, y los investigadores sabían que lo que funciona en una placa de gel podría no funcionar en un fruto vivo.

Para cerrar esta brecha, los científicos tomaron aceitunas sanas de un huerto comercial y realizaron una prueba más realista. Les hicieron pequeñas heridas en la piel para imitar los puntos de entrada naturales de la enfermedad, luego las trataron con los microbios beneficiosos antes de introducir los hongos dañinos. Los resultados aquí contaron una historia diferente. Cuando el fruto fue inoculado con el hongo de la antracnosis, la bacteria Bacillus actuó como una defensa poderosa. Cepas específicas de la bacteria redujeron significamente la severidad de la podredumbre, manteniendo el fruto firme y sano por más tiempo. En contraste, los hongos Trichoderma, que habían funcionado tan bien en las placas de Petri, no lograron proteger el fruto. No detuvieron la propagación de la podredumbre, y las aceitunas tratadas con ellos no resultaron mejores que las no tratadas.

Esta discrepancia resalta una lección crucial sobre cómo viven estos organismos. Las bacterias Bacillus poseen un rasgo de supervivencia único: pueden formar esporas resistentes y durmientes que les permiten soportar condiciones duras como la desecación o la exposición a la luz solar. Esto probablemente las ayudó a sobrevivir en la superficie del fruto y a continuar combatiendo la infección. Los hongos Trichoderma, sin embargo, están adaptados naturalmente para vivir en el suelo, donde la humedad es constante y el entorno es estable. En la superficie seca y expuesta de un fruto, tuvieron dificultades para establecerse y competir con los microbios existentes, lo que los hizo ineficaces contra la podredumbre del fruto.

El estudio concluye que, si bien ambos tipos de microbios son herramientas valiosas, no son intercambiables. Para proteger el fruto del olivo de la antracnosis, las bacterias Bacillus, específicamente las cepas probadas en esta investigación, ofrecen una alternativa viable y sostenible a los aerosoles químicos. Pueden aplicarse directamente al fruto para prevenir la podredumbre. Los hongos Trichoderma, mientras tanto, siguen siendo un fuerte candidato para gestionar las enfermedades del suelo y proteger los árboles jóvenes en los viveros, donde su hábitat natural y modo de acción son más adecuados. Al emparejar el microbio adecuado con la parte correcta del árbol, los agricultores pueden reducir su dependencia de los productos químicos, proteger el suelo de la acumulación de metales pesados y cultivar aceitunas de una manera más segura para el medio ambiente y más resiliente para el futuro.

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