Spillovers, Innovation Difficulty, and the Dynamics of Productivity
Utilizando un modelo DSGE de mediana escala estimado con datos de EE. UU. de 1984 a 2019, este artículo encuentra que, si bien la dificultad de la innovación es un factor persistente que influye en la probabilidad de una innovación exitosa, las fluctuaciones de la productividad agregada son impulsadas primordialmente por choques de desbordamiento más que por cambios en la dificultad de innovar.
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Durante décadas, Estados Unidos ha sido una potencia de la invención. Nuevas tecnologías, desde plataformas digitales hasta inteligencia artificial, han surgido a un ritmo vertiginoso, prometiendo remodelar cómo vivimos y trabajamos. Sin embargo, una contradicción desconcertante se ha asentado sobre la economía: mientras que la tasa de nuevas ideas e inversiones ha aumentado, la velocidad general con la que la economía produce bienes y servicios se ha ralentizado. Este desencuentro ha dejado a los economistas buscando una explicación. ¿Se está quedando sin combustible el motor del crecimiento, o es que el combustible simplemente no está llegando a los lugares adecuados? Para entender esto, uno debe observar dos formas distintas en las que la investigación y el desarrollo, o I+D, realmente se traducen en progreso en el mundo real. La primera es el poder puro del esfuerzo colectivo: ¿qué tan bien el monto total de dinero y tiempo dedicado a la investigación impulsa hacia adelante el mismísimo límite de lo posible? La segunda es el desafío del intento individual: ¿qué tan probable es que la investigación de una empresa específica tenga éxito en la creación de un nuevo producto útil? Distinguir entre estas dos fuerzas es crucial porque una desaceleración en una no significa necesariamente una desaceleración en la otra, y la solución al enigma económico depende enteramente de cuál sea el problema.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Milano-Bicocca se propuso desentrañar estas dos fuerzas utilizando un modelo computacional detallado de la economía estadounidense. Construyeron una simulación que rastrea cómo fluye el dinero hacia la investigación, cómo esa investigación crea nuevas tecnologías y cómo esas tecnologías se propagan a través del mercado. El modelo separa el proceso en dos canales. Un canal mide el efecto de "derrame" (spillover), que es la idea de que cuando muchas empresas investigan juntas, empujan colectivamente la frontera tecnológica hacia adelante, facilitando el próximo gran avance para todos. El otro canal mide la "dificultad de innovación", que representa la probabilidad de que el esfuerzo de investigación de una sola empresa tenga éxito en la creación de un nuevo producto. Los investigadores alimentaron su modelo con datos reales de 1984 a 2019, incluyendo cifras económicas estándar como el PIB y la inversión, así como una medida de creatividad tecnológica única y recientemente desarrollada, derivada del texto de las patentes. Estos datos de patentes actúan como una ventana directa hacia qué tan seguido se están generando realmente nuevas ideas con éxito, en lugar de solo cuántos intentos se están realizando.
Los resultados de esta simulación ofrecen una respuesta clara al misterio de la desaceleración de la productividad. El estudio encuentra que el declive en la velocidad del crecimiento económico no es causado primordialmente por una caída en la tasa de éxito de las invenciones individuales. En cambio, el principal motor de la desaceleración es un debilitamiento en el canal de derrame. En términos más sencillos, el esfuerzo colectivo de toda la investigación que ocurre en el país se ha vuelto menos eficiente para empujar el límite absoluto de la tecnología hacia adelante. El modelo muestra que los choques en esta eficiencia colectiva son responsables de la gran mayoría de las fluctuaciones en el crecimiento de la productividad, explicando aproximadamente del 88 al 97 por ciento de la varianza en el crecimiento de la PTF (Productividad Total de los Factores) en el modelo aumentado. Por el contrario, la dificultad de lograr que una sola invención tenga éxito juega un papel mucho menor en la velocidad general de la economía. Aunque la probabilidad de éxito fluctúa, estos cambios no impulsan las tendencias principales de la productividad.
Sin embargo, la historia cambia ligeramente cuando los investigadores observan la naturaleza de la dificultad misma. Cuando incluyeron los datos de creatividad basados en patentes, el modelo reveló que la "dificultad" de la innovación no es una fuerza rápida y errática que cambia cada pocos meses. En cambio, se comporta como una corriente de movimiento lento. Una vez que el modelo contabiliza las tasas de éxito del mundo real encontradas en las patentes, el choque de dificultad aparece como una fuerza persistente y de largo plazo que moldea el panorama de la innovación a lo largo de los años, en lugar de una perturbación del ciclo económico de corto plazo. Esto sugiere que, si bien hacer una nueva invención se ha vuelto más difícil con el tiempo, esta mayor dificultad es una presión constante y lenta, más que el sacudida repentina que causó la reciente desaceleración económica. El estudio indica que la desaceleración de la productividad no es impulsada principalmente por un declive en la innovación exitosa. Los datos indican que las empresas siguen encontrando formas de innovar, pero el motor colectivo que convierte esas innovaciones en un crecimiento económico amplio ha perdido parte de su impulso.
Las implicaciones de este hallazgo son significativas para la forma en que vemos la economía y cómo podríamos intentar arreglarla. La investigación sugiere que simplemente fomentar que más empresas intenten inventar cosas nuevas, o verter más dinero en la investigación sin abordar cómo esa investigación se conecta con la economía en general, puede no ser suficiente. Si el problema es que el derrame colectivo del conocimiento es débil, entonces las políticas deben enfocarse en cómo se propagan las ideas y cómo avanza la frontera tecnológica para todos, no solo en cuántos intentos individuales se realizan. El estudio concluye que la desaceleración de la productividad no es un fallo de los propios innovadores, sino un fallo en el mecanismo que traduce su trabajo colectivo en un crecimiento económico más rápido. Al separar los dos canales, los investigadores han demostrado que la economía no se está quedando sin ideas, sino que el camino desde esas ideas hacia la prosperidad generalizada se ha vuelto más difícil de navegar.
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