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Visceral leishmaniasis associated with Ixekizumab therapy

Este artículo reporta el primer caso documentado en la región del Mediterráneo de leishmaniasis visceral complicada por linfohistiocitosis hemofagocítica en un paciente tratado con el inhibidor de la IL-17 ixekizumab, el cual fue manejado con éxito con anfotericina B liposomal antes de que el paciente fuera cambiado a guselkumab.

Autores originales: Ángela García-Oro, Amparo Puerta-García, Mónica García-Arpa, Manuel Vives-Soto, Javier Solera

Publicado 2026-07-10
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Autores originales: Ángela García-Oro, Amparo Puerta-García, Mónica García-Arpa, Manuel Vives-Soto, Javier Solera

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina que tu cuerpo es una ciudad bulliciosa con una fuerza policial súper segura llamada el sistema inmunitario. Entre sus escuadras, se encuentra la "Escuadra IL-17", que es la unidad especial encargada de evitar que un tipo específico de polizón invisible llamado Leishmania se cuele y tome el control. Normalmente, esta escuadra está en alerta máxima, especialmente en lugares como el Mediterráneo, donde estos parásitos rondan la arena y los perros.

Conoce a nuestra paciente: una mujer de 52 años con una condición complicada llamada artritis psoriásica, donde sus propias murallas de la ciudad atacaban sus articulaciones. Para calmar esto, los médicos le dieron una herramienta poderosa y nueva: ixekizumab. Piensa en el ixekizumab como un "mantenedor de la paz" que le dice a la Escuadra IL-17 que se retire y deje de luchar. Funcionó de maravilla para sus articulaciones y piel al principio.

Pero aquí está el giro: al decirle a la Escuadra IL-17 que se retirara, el mantenedor de la paz accidentalmente dejó las puertas de la ciudad abiertas de par en par. En febrero de 2025, sus síntomas regresaron, y ella reinició el ixekizumab en abril de 2025 (comenzando con una dosis de carga de 160 mg, luego 80 mg cada cuatro semanas). Para julio de 2025, los polizones invisibles habían organizado una fiesta masiva dentro de ella.

Los parásitos, Leishmania infantum, no solo se quedaron por ahí; causaron un motín caótico. La mujer desarrolló fiebre alta, cansancio extremo y un bazo masivo (el órgano que filtra la sangre) que creció hasta los 15 cm. Sus análisis de sangre mostraron una caída aterradora en todo: su hemoglobina bajó a 7.4 g/dL, sus glóbulos blancos a 3,760/mm³ y sus plaquetas a 54,000/mm³. La inflamación de su cuerpo era tan alta que su nivel de ferritina se disparó a 19,525 ng/mL, y sus triglicéridos alcanzaron los 272 mg/dL.

Esto no fue solo una infección; desencadenó una condición llamada Linfohistiocitosis Hemofagocítica (HLH). Puedes pensar en la HLH como si el departamento de bomberos de la ciudad se volviera loco y accidentalmente incendiara la ciudad mientras intenta apagar una pequeña chispa. Los médicos calcularon que ella tenía una probabilidad del 98% de tener este síndrome.

El artículo destaca que esto es un primicia: es el primer caso reportado de esta infección específica de parásitos vinculada al ixekizumab en la región del Mediterráneo, y solo la segunda vez que alguien ha visto esto con este tipo de fármaco (un inhibidor de IL-17). Los autores sugieren que, debido a que la IL-17 es tan importante para combatir la Leishmania, apagarla con fármacos como el ixekizumab podría despertar una infección dormida o permitir la entrada de una nueva.

¿La buena noticia? Los médicos la detectaron. Detuvieron al mantenedor de la paz y le administraron anfotericina B liposomal (un fuerte medicamento antiparasitario) durante cinco días, seguido de cinco dosis semanales. Para octubre de 2025, la fiebre desapareció, sus cifras sanguíneas volvieron a la normalidad y el ADN del parásito desapareció de su sangre.

Sin embargo, su artritis reapareció. Así que, en noviembre de 2025, los médicos la cambiaron a un tipo diferente de mantenedor de la paz llamado guselkumab. Este apunta a una escuadra diferente (IL-23) y se cree que tiene menos probabilidades de dejar entrar a los parásitos. Antes de comenzar, la testearon de nuevo y el parásito había desaparecido. Ella se mantuvo sana, aunque su prueba de anticuerpos (la prueba rK39) permaneció positiva hasta abril de 2026, lo que muestra que su cuerpo aún recordaba la batalla.

Los autores señalan que Europa solo tiene alrededor del 2% de los casos de leishmaniasis en el mundo, pero representa casi el 80% de los casos en personas con el sistema inmunológico debilitado. Sugieren que, para pacientes en estas áreas, los médicos podrían querer buscar este parásito antes de comenzar estos potentes fármacos nuevos, solo para asegurarse de que las puertas de la ciudad no estén ya vulneradas.

Lo que el artículo descarta:
El artículo deja claro que esto no fue causado por sus tratamientos previos (corticosteroides y ciclosporina) ni por otros virus comunes como el Citomegalovirus o el virus de Epstein–Barr, que ella ya había combatido en el pasado. También confirma que la infección no fue un accidente nuevo y aleatorio, sino que probablemente estuvo vinculada a la forma específica en que actúa el ixekizumab.

¿Qué tan seguros están?
Los autores están muy seguros del diagnóstico porque encontraron el ADN del parásito en su sangre mediante una prueba de PCR y lo confirmaron con una prueba de anticuerpos positiva. Están sugiriendo (no probando para siempre, pero insinuando fuertemente) que los inhibidores de IL-17 son un factor de riesgo para esta infección en estas áreas. No están diciendo que esto le pase a todos, sino que puede suceder, y que los médicos deben estar atentos.

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