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Relationship between parenting stress and children’s emotional and behavioral problems: A cross-sectional study in Nepal

Este estudio transversal en Nepal revela una alta prevalencia de estrés parental, particularmente entre madres y cuidadores de niños con trastornos neurodesarrollativos o del comportamiento, e identifica una fuerte asociación entre los niveles elevados de estrés y los problemas emocionales y conductuales de los niños, subrayando la necesidad de intervenciones dirigidas a los cuidadores.

Autores originales: Rishika Pokharel, Narmada Devkota, Madhusudan Pokharel, Suraj Shakya

Publicado 2026-09-20
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Autores originales: Rishika Pokharel, Narmada Devkota, Madhusudan Pokharel, Suraj Shakya

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Criar a un niño es un viaje profundo, pero también es una tarea exigente que pone a prueba la paciencia, la energía y las reservas emocionales de un padre o madre. Cuando un niño enfrenta desafíos significativos en su comportamiento o emociones, este esfuerzo diario puede transformarse en una carga pesada y constante. En el mundo de la psicología, este sentimiento se conoce como estrés parental. No se trata simplemente de estar cansado; es la tensión específica que ocurre cuando las demandas de cuidar a un niño se sienten más pesadas que los recursos que un padre tiene para sobrellevarlas. Los científicos saben desde hace tiempo que este estrés no existe en el vacío. A menudo crea un ciclo donde un padre estresado puede tener dificultades para gestionar comportamientos difíciles, y esos comportamientos difíciles, a su vez, hacen que el padre se sienta aún más abrumado. Si bien esta conexión ha sido estudiada extensamente en naciones ricas, se sabe mucho menos sobre cómo se desarrolla en lugares como Nepal, donde las familias enfrentan diferentes expectativas culturales, presiones económicas y una falta de servicios de apoyo especializados. Comprender esta dinámica en un entorno de bajos recursos es crucial porque las soluciones que funcionan en una parte del mundo pueden no ajustarse a las realidades de otra.

Un equipo de investigadores se propuso mapear este panorama en Nepal, centrándose en la relación entre el estrés sentido por los cuidadores y los problemas emocionales o conductuales exhibidos por sus hijos. Realizaron un estudio que involucró a 334 cuidadores —principalmente madres, pero también padres y otros tutores— que visitaban dos hospitales importantes en el país. Estas familias estaban allí porque sus hijos, de seis a dieciséis años, recibían tratamiento para diversas condiciones de salud mental. Los investigadores pidieron a los cuidadores que completaran dos cuestionarios específicos. El primero medía qué tan estresados se sentían en su rol de padres, mientras que el segundo les pedía calificar las dificultades conductuales y emocionales específicas que enfrentaban sus hijos, tales como la agresión, la ansiedad o la tristeza. Al comparar estos dos conjuntos de respuestas, el equipo pudo ver qué factores hacían que la experiencia de la crianza fuera más difícil.

Los resultados pintaron un cuadro claro de quién está cargando con el peso más grande. El estudio encontró que las madres experimentaban significativamente más estrés que los padres. Aproximadamente dos quintas partes de los cuidadores reportaron sentirse con un nivel de estrés de moderado a severo, encontrándose los niveles más altos entre aquellos que cuidaban a niños con trastornos del neurodesarrollo, como el autismo o la discapacidad intelectual, y aquellos con trastornos del comportamiento, como el trastorno oposicionista desafiante. Curiosamente, el género del niño no marcó una diferencia; los padres de niños y niñas reportaron niveles de estrés similares. Sin embargo, el tipo de estructura familiar sí importó, y no de la manera que muchos esperarían. En Nepal, es común que múltiples generaciones vivan juntas en un mismo hogar, lo que se conoce como sistema de familia extendida o conjunta. La sabiduría convencional suele sugerir que tener más miembros de la familia cerca compartiría la carga y reduciría el estrés. Sin embargo, este estudio encontró lo contrario: los cuidadores que vivían en familias conjuntas reportaron niveles de estrés más altos que aquellos en familias nucleares, donde solo viven los padres y los hijos. Los investigadores sugieren que en estos hogares más grandes, el cuidador principal, a menudo la madre, puede seguir sintiéndose únicamente responsable del cuidado del niño mientras enfrenta críticas o una falta de comprensión por parte de los miembros de la familia extendida, en lugar de recibir el apoyo esperado.

La educación también jugó un papel significativo. Los cuidadores con niveles más bajos de educación formal reportaron mayor estrés que aquellos con títulos universitarios. Esto probablemente refleja los desafíos más amplios de navegar sistemas complejos de salud y educación con menos recursos y menos confianza. Quizás el factor más revelador fue el tiempo. El estudio mostró que el estrés aumentaba a medida que crecía la duración de los problemas del niño. Los cuidadores cuyos hijos habían estado luchando durante más de tres años reportaron los niveles de estrés más altos. Esto sugiere que el agotamiento del cuidado es acumulativo; cuanto más tiempo pasa una familia sin recibir un alivio o apoyo efectivo, más se acumula la tensión. Además, el comportamiento específico del niño importaba enormamente. Los padres reportaron el vínculo más fuerte entre su propio estrés y los comportamientos externalizantes de su hijo —acciones que se dirigen hacia afuera, como la agresión, el desafío o la hiperactividad—. Estos comportamientos visibles y demandantes parecen desgastar las reservas emocionales de un padre más rápidamente que las luchas internas como la tristeza o la ansiedad.

El estudio concluye que el sistema actual en Nepal impone una carga pesada y, a menudo, no compartida sobre las madres, particularmente aquellas que cuidan a niños con desafíos de desarrollo o de comportamiento de larga duración. Los hallazgos desafían la suposición de que vivir en una familia grande y tradicional proporciona automáticamente una red de seguridad para los padres estresados. En cambio, señalan la necesidad de un apoyo dirigido que reconozca las presiones únicas que enfrentan las madres y el costo específico de los comportamientos crónicos y difíciles. Los investigadores sugieren que las intervenciones deben enfocarse en ayudar a los cuidadores a desarrollar mejores habilidades de afrontamiento y brindarles el apoyo práctico que necesitan para romper el ciclo del estrés. Al abordar el bienestar del padre o la madre, la salud de toda la familia y el futuro del niño, las comunidades pueden comenzar a cambiar el equilibrio de una tensión abrumadora hacia un apoyo manejable.

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