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Domestication of wild indigenous C.densifolius (Nzevedzambuya) mushroom mycelia and development of a system for cultivation on lignocellulosic agricultural waste.

Este estudio informa la primera domesticación y cultivo exitosos del hongo silvestre de Zimbabue *Cantherellus densifolius* (Nzevedzambuya), identificando las condiciones óptimas de crecimiento micelial en agar de dextrose de papa y logrando un rendimiento biológico del 9% en un sustrato de 50:50 de serrín y cascarilla de algodón.

Autores originales: Silivani Elyson, Nomathemba Loyce Chigu

Publicado 2026-09-24
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Autores originales: Silivani Elyson, Nomathemba Loyce Chigu

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En los bosques de Zimbabue, un tipo específico de hongo silvestre aparece solo cuando llegan las lluvias, creciendo entre hojas en descomposición y hierba. Este hongo, conocido localmente como Nzevedzambuya, es una preciada fuente de alimento que ha sustentado a las comunidades durante generaciones. Sin embargo, como muchas especies silvestres, enfrenta un futuro precario. A medida que las poblaciones crecen y los bosques son talados para la agricultura o la leña, los hábitats naturales donde estos hongos prosperan están desapareciendo. El hongo en sí es frágil, se rompe fácilmente, y su existencia está ligada estrictamente a la corta temporada de lluvias, lo que lo convierte en una fuente de nutrición poco fiable para el resto del año. Durante décadas, los científicos han comprendido cómo cultivar hongos comunes no nativos, pero las condiciones necesarias para cultivar estas variedades silvestres específicas en un entorno controlado seguían siendo un misterio. Sin saber cómo alimentarlos o qué temperaturas prefieren, estos valiosos hongos no podían ser rescatados de la naturaleza ni producidos en cantidades suficientes para apoyar las economías locales.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Tecnología de Chinhoyi se propuso resolver este enigma intentando domesticar el hongo Nzevedzambuya. Su objetivo era trasladar el hongo del suelo del bosque a un laboratorio y, eventualmente, a una granja, utilizando desechos agrícolas como alimento. El proceso comenzó con una delicada misión de rescate. Los científicos recolectaron hongos frescos del bosque y extrajeron cuidadosamente diminutos trozos de tejido del interior de los sombreros. Colocaron estas muestras en placas estériles que contenían diferentes tipos de gelatina rica en nutrientes, con la esperanza de ver si los hilos fúngicos, conocidos como micelios, comenzaban a crecer. Este paso era crítico; sin una cultura sana del hongo creciendo en el laboratorio, no habría forma de producir la "semilla" necesaria para iniciar un cultivo.

Los investigadores probaron diferentes fuentes de alimento para los micelios para ver cuál permitía que se propagara más rápido. Descubrieron que el hongo crecía mejor en un tipo específico de gelatina hecha de patatas y azúcar, mantenida en la oscuridad a una temperatura ambiente confortable de 28 grados Celsius. Bajo estas condiciones, los hilos fúngicos blancos se extendieron por toda la placa en solo cuatro días, moviéndose a una tasa de 22,5 milímetros por día. En contraste, otras fuentes de alimento eran mucho más lentas, y el hongo tenía dificultades para crecer a temperaturas más bajas. El equipo también descubrió que los micelios no necesitaban aire fresco para crecer en las placas, ni necesitaban luz; de hecho, mantenerlos en la oscuridad era el enfoque más efectivo. Una vez establecido el hongo en las placas, los científicos pasaron a la siguiente etapa: la creación de una semilla basada en granos, o semillero (spawn). Utilizaron granos de sorgo, que son ricos en nutrientes, e inocularon con la cultura fúngica sana. El micelio colonizó los granos de sorgo completamente en solo seis días, creando una semilla robusta lista para ser plantada en un medio de cultivo más grande.

Con una semilla fiable en mano, los investigadores centraron su atención en el desafío final: cultivar los hongos reales. En la naturaleza, estos hongos se alimentan de madera y hojas en descomposición, por lo que el equipo intentó imitar este entorno utilizando serrín y cascarilla de algodón, que son subproductos de la agricultura local. Probaron estos materiales por separado y también los mezclaron en partes iguales. Cuando utilizaron solo el serrín o solo la cascarilla de algodón, el hongo creció dentro de las bolsas pero nunca produjo un solo hongo. El micelio simplemente no sabía cómo formar el cuerpo fructífero con esos ingredientes individuales. Sin embargo, cuando combinaron el serrín y la cascarilla de algodón, los resultados cambiaron. La mezcla proporcionó el equilibrio adecuado de nutrientes y estructura. Después de aproximadamente un mes, pequeñas cabezas verdes empezaron a aparecer en la parte superior de las bolsas. Estas diminutas estructuras eventualmente maduraron en hongos que se parecían notablemente a los silvestres encontrados en el bosque, con sombreros marrones y tallos cortos.

El experimento arrojó un resultado modesto pero significativo. De las bolsas que contenían el sustrato mixto, el equipo cosechó un total de 21 hongos, con un peso promedio de 90 gramos por bolsa. Esto se tradujo en una eficiencia biológica del 9 por ciento, lo que significa que por cada kilogramo de material seco utilizado, produjeron 90 gramos de hongos frescos. Si bien este rendimiento es mucho menor que el de los hongos cultivados comercialmente como los hongos ostra, representa un gran avance para esta especie específica. Es la primera vez que alguien ha logrado cultivar con éxito el hongo Nzevedzumba desde una cepa silvestre rescatada utilizando desechos agrícolas. El estudio confirmó que el hongo puede ser domesticado, que prefiere una temperatura y una mezcla de nutrientes específicas, y que puede producir cuerpos fructíferos cuando se le proporciona la combinación adecuada de serrín y cascarilla de algodón.

El éxito de este proyecto ofrece un nuevo camino hacia la conservación y la seguridad alimentaria en Zimbabue. Al demostrar que este hongo silvestre puede cultivarse, los investigadores han proporcionado un método para reducir la presión sobre los bosques naturales. En lugar de depender únicamente de la corta temporada de lluvias para encontrar estos hongos, las comunidades podrían potencialmente cultivarlos durante todo el año utilizando materiales de desecho que de otro modo se descartarían. El estudio también destacó áreas para el trabajo futuro, señalando que el rendimiento actual es bajo y que añadir otros suplementos a la mezcla de alimento podría ayudar a que los hongos crezcan más grandes y abundantes. Por ahora, el trabajo constituye una prueba de concepto: un hongo silvestre y frágil que antes estaba en riesgo de desaparecer debido a la pérdida de hábitat ha sido puesto bajo el cuidado humano, abriendo la puerta a un futuro sostenible para este alimento único y valioso.

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