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Assessing the Feasibility of VRAPT in Prison: A Qualitative Study of Therapists and Ward Staff

Este estudio cualitativo de 17 profesionales de prisiones suecas encuentra que, si bien el Entrenamiento de Prevención de la Agresión mediante Realidad Virtual (VRAPT, por sus siglas en inglés) es una herramienta viable y emocionalmente poderosa para reducir la agresión reactiva, su implementación exitosa depende del apoyo organizacional, la selección de clientes a medida y una colaboración efectiva entre los terapeutas y el personal de los pabellones.

Autores originales: David Ivarsson, Andreas Söderberg, Pia Enebrink, Carl Delfin, Märta Wallinius

Publicado 2026-09-25
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Autores originales: David Ivarsson, Andreas Söderberg, Pia Enebrink, Carl Delfin, Märta Wallinius

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el entorno de alto riesgo de una prisión, el objetivo de la rehabilitación es ayudar a los delincuentes violentos a aprender a controlar sus impulsos antes de que vuelvan a causar daño. Los métodos tradicionales suelen basarse en hablar sobre los problemas, pero para muchos, discutir la ira en una habitación silenciosa se siente desconectado de la realidad caótica de sus vidas. Para cerrar esta brecha, los investigadores han recurrido a la realidad virtual, una tecnología que utiliza un visor para sumergir a una persona en un mundo generado por computadora. Esta inmersión crea una sensación de "presencia", donde el cerebro acepta el entorno digital como real, permitiendo a los individuos practicar cómo reaccionar ante situaciones peligrosas sin el riesgo real de violencia física. La esperanza es que, al ensayar estos momentos en un espacio seguro y controlado, las personas puedan desarrollar la memoria muscular necesaria para mantener la calma al enfrentar desencadenantes similares en el mundo real.

Un estudio reciente se propuso ver cómo esta tecnología, específicamente un programa llamado Entrenamiento de Prevención de la Agresión mediante Realidad Virtual, encaja en la compleja vida diaria de una prisión sueca. Los investigadores no se limitaron a preguntar a los prisioneros cómo se sentían; dirigieron su atención al personal que hace que el sistema funcione. Entrevistaron a diecisiete personas: siete terapeutas que guiaban las sesiones y diez miembros del personal de la sección que actuaban como personas de contacto, viviendo y trabajando junto a los prisioneros cada día. El objetivo era comprender si esta solución de alta tecnología podría funcionar realmente dentro de la rígida realidad, a menudo con falta de personal, de un centro penitenciario, y si el personal se sentía capacitado para apoyarla.

Las entrevistas revelaron que el personal veía la realidad virtual como una herramienta poderosa y casi sorprendentemente real. Cuando los prisioneros se ponían el visor, eran transportados a escenarios diseñados para imitar los momentos exactos que suelen conducir a la violencia. Los terapeutas señalaron que esta configuración obligaba a los prisioneros a confrontar sus reacciones de inmediato, en lugar de simplemente hablar de ellas más tarde. Un terapeuta describió cómo la tecnología les permitía ser más directos y auténticos en su rol de juego, mientras que un miembro del personal de la sección explicó que ver el mundo a través de los ojos del prisionero les ayudó a comprender los desencadenantes que causaban los arrebatos. La tecnología parecía cerrar una brecha, permitiendo que el personal y los prisioneros compartieran una experiencia común que se sintiera genuina, en lugar de abstracta.

Sin embargo, el estudio también destacó que la tecnología por sí sola no era una solución mágica. El personal encontró que el programa era algo rígido. Las sesiones eran cortas, los escenarios de rol se sentían repetitivos y las tareas para realizar en casa eran a menudo demasiado difíciles de completar para los prisioneros en sus celdas abarrotadas. Los terapeutas, que dirigían las sesiones, expresaron la necesidad de tener más tiempo para comprender la historia personal de cada prisionero y que el programa fuera más flexible. Querían profundizar en el porqué de la reacción de un prisionero, en lugar de simplemente seguir un guion estándar. El personal de la sección, que observaba a los prisioneros en su vida diaria, a menudo sentía que carecía de suficientes conocimientos sobre el programa para ayudar a los prisioneros de manera efectiva entre sesiones. Querían comprender mejor los objetivos para poder reforzar lo aprendido en el mundo virtual cuando regresaran a la sección de la prisión.

Un hallazgo significativo fue que el éxito del programa dependía en gran medida de qué tan bien trabajaran juntos los diferentes miembros del personal. Los terapeutas y el personal de la sección necesitaban comunicarse más abiertamente, compartiendo ideas sobre el progreso y las dificultades del prisionero. Sin esta conexión, las lecciones aprendidas en el mundo virtual corrían el riesgo de permanecer aisladas de la realidad de la prisión. Los investigadores también señalaron que el programa fue diseñado específicamente para la agresión reactiva, que es la ira que estalla rápidamente en respuesta a un desencadenante. Muchos prisioneros, sin embargo, mostraban agresión proactiva, donde la violencia se utiliza como una herramienta calculada. El personal sugirió que el programa podría necesitar expandirse para abordar estos diferentes tipos de comportamiento, o que los prisioneros deberían ser seleccionados con más cuidado para asegurar que fueran aptos para este tipo específico de entrenamiento.

El estudio concluyó que, si bien la realidad virtual alberga una gran promesa para ayudar a los delincuentes violentos a cambiar su comportamiento, su efectividad depende de algo más que el software. Requiere un entorno de apoyo donde el personal esté bien capacitado, donde el programa sea lo suficientemente flexible para satisfacer las necesidades individuales y donde todo el equipo de la prisión trabe en unísono. La tecnología puede crear un espacio único para el aprendizaje, pero debe estar tejida en la estructura de la vida diaria de la prisión para que realmente funcione. Los investigadores encontraron que el personal era generalmente positivo respecto al potencial de la herramienta, siempre y cuando esté respaldada por la estructura organizacional adecuada y una comprensión profunda de las personas a las que está destinada a ayudar.

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