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Symptomatic and Asymptomatic Dislocation of a Levonorgestrel-Releasing Intrauterine Device in Breastfeeding Women: Two Case Reports and a Brief Literature Review

Este artículo presenta dos reportes de caso de migración de un dispositivo intrauterino liberador de levonorgestrel en mujeres en periodo de lactancia —uno sintomático y uno asintomático — para demostrar que cuando la ecografía transvaginal no logra visualizar el dispositivo, una radiografía abdominopélvica es esencial para confirmar la migración extrauterina y guiar la remoción laparoscópica oportuna.

Autores originales: Kristina Norvilaitė-Žymančienė, Nikolė Bolzan, Unė Baranauskaitė, Diana Ramašauskaitė

Publicado 2026-10-23
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Kristina Norvilaitė-Žymančienė, Nikolė Bolzan, Unė Baranauskaitė, Diana Ramašauskaitė

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La anticoncepción es un pilar de la salud reproductiva moderna, ya que ofrece formas fiables de prevenir el embarazo sin un esfuerzo diario. Entre las herramientas más eficaces se encuentran los dispositivos intrauterinos, pequeños objetos en forma de T colocados dentro del útero que liberan hormonas o cobre para detener la fertilización. Estos dispositivos son generalmente seguros y duraderos, pero como cualquier procedimiento médico que involucra al cuerpo, conllevan un pequeño riesgo de complicaciones. Una de dichas complicaciones es la perforación uterina, un evento poco común en el que el dispositivo atraviesa la pared muscular del útero y entra en la cavidad abdominal. Esto puede suceder inmediatamente durante la inserción o desarrollarse lentamente con el tiempo a medida que el útero se contrae. Aunque a menudo es silencioso, un dispositivo desplazado puede causar dolor o migrar a otros órganos, lo que hace crucial que los médicos sepan cómo encontrarlo y extraerlo cuando desaparece.

Dos investigadores de la Universidad de Vilna, en Lituania, compartieron recientemente las historias de dos mujeres que experimentaron este mismo problema mientras amamantaban. Ambas mujeres habían recibido un dispositivo intrauterino liberador de hormonas poco después de dar a luz, un momento en el que el útero aún se está recuperando y el cuerpo está produciendo leche. En el primer caso, una mujer de treinta y cinco años sintió un dolor persistente en la parte inferior del abdomen justo después de que se le colocara el dispositivo. Aunque un escaneo inicial por ultrasonido mostró que el dispositivo estaba dentro del útero, su dolor no desapareció. Un seguimiento posterior mostró que el dispositivo ya no estaba en el útero, lo que llevó a los médicos a creer que había sido expulsado de forma natural. Sin embargo, debido a que su dolor continuaba, buscó una segunda opinión. Una simple radiografía de su abdomen reveló la verdad: el dispositivo no había salido de su cuerpo en absoluto. Se había atravesado la pared uterina y se encontraba en su cavidad pélvica. Los cirujanos lo extrajeron mediante una pequeña incisión utilizando una cámara, y ella se recuperó sin más problemas.

La segunda historia ofrece un contraste marcado. Una mujer de veintinueve años recibió el mismo tipo de dispositivo tres meses después de su parto. Un año después, durante un chequeo de rutina, un médico no pudo ver los hilos del dispositivo y un ultrasonido no pudo encontrarlo dentro del útero. A diferencia de la primera paciente, esta mujer se sentía perfectamente bien y no tenía dolor ni molestias. Debido a que el dispositivo no estaba en la ubicación esperada, se realizó una radiografía. La imagen mostró que el dispositivo había migrado fuera del útero y se encontraba apoyado contra el tejido adiposo que cubre los intestinos. Al igual que la primera paciente, el dispositivo fue extraído con éxito mediante cirugía mínimamente invasiva, y la mujer permaneció asintomática durante todo el proceso.

Estos dos casos resaltan una lección crítica para la práctica médica: la ausencia de dolor no garantiza la seguridad, y la presencia de dolor no siempre significa que el dispositivo haya sido expulsado. Cuando un dispositivo no se puede ver dentro del útero mediante un ultrasonido, los médicos no deben asumir que simplemente se ha caído. Los autores explican que una radiografía simple es un siguiente paso esencial para determinar si el dispositivo todavía está dentro del cuerpo pero en el lugar equivano, o si realmente se ha perdido. Esta distinción es vital porque un dispositivo dejado dentro del abdomen puede causar problemas graves a largo plazo, como infecciones, obstrucciones o daños en órganos cercanos como los intestinos o la vejiga.

El artículo también revisa por qué este riesgo es mayor para las mujeres que están amamantando. Durante la lactancia, el cuerpo produce niveles altos de una hormona llamada prolactina, la cual suprime el estrógeno y mantiene el revestimiento uterino delgado. Al mismo tiempo, la hormona oxitocina, que ayuda a liberar la leche, hace que los músculos uterinos se contraigan con más frecuencia. Esta combinación de una pared más delgada y contracciones más fuertes puede facilitar que un dispositivo trabaje lentamente a través del músculo uterino hacia la cavidad abdominal. Los autores señalan que, si bien el riesgo general de que esto ocurra sigue siendo bajo, es significativamente mayor en los meses posteriores al parto, particularmente para las mujeres que están lactando.

En última instancia, el informe sirve como un recordatorio de que las herramientas médicas no son infalibles y que el cuerpo puede reaccionar de maneras inesperadas. Los investigadores concluyen que, cuando un dispositivo no se encuentra en su lugar habitual, una radiografía rápida es la única forma de estar seguros de que no ha migrado al abdomen. Al detectar estos casos silenciosos o confusos a tiempo, los médicos pueden extraer el dispositivo antes de que cause daño, asegurando que una forma altamente efectiva de anticoncepción no se convierta en una fuente de peligro oculto.

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