Characterization of the Moreras Fault Zone and related faults (Águilas Arc, Eastern Betic Cordillera)
Este estudio proporciona una nueva caracterización estructural de la Zona de Falla de Moreras en el Arco de Águilas, revelándola como una estructura oblicua de desgarre derecho de aproximadamente 10 km que termina contra el sistema de fallas de Peñas Blancas y que ha experimentado una marcada disminución de la actividad tectónica desde el Plioceno, lo cual es consistente con una migración hacia el norte de la deformación en la Cordillera Bética Oriental.
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Bajo la costa soleada del sureste de España, la corteza terrestre está siendo comprimida lentamente. Esta región se encuentra donde dos enormes placas tectónicas, las placas Nubia y Euroasiática, están presionando una contra la otra. Cuando estas gigantescas losas de roca colisionan, la tierra entre ellas se arruga, se pliega y se rompe, creando un paisaje de montañas y valles. En esta zona específica, conocida como la Cordillera Bética Oriental, la presión ha creado una zona curva de deformación que los geólogos llaman un arco tectónico. Durante décadas, los científicos han mapeado las principales grietas, o fallas, en esta zona, tratando de comprender cómo se mueve la tierra y de dónde podría provenir el próximo terremoto. Saber qué fallas están activas y qué tan largas son es crucial para evaluar el riesgo de futuros terremotos, ya que las fallas más largas generalmente pueden producir sismos más grandes y destructivos.
En la parte sur de este arco tectónico se encuentra una región llamada el Arco de Águilas, hogar de una importante característica geológica conocida como la Falla de Moreras. Mapas y estudios previos habían sugerido que esta falla era parte de un sistema mucho más grande y continuo que se extendía por más de cien kilómetros, conectando la tierra con el lecho marino y actuando potencialmente como un único y masivo motor para terremotos. Sin embargo, un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Alicante y la Universidad de Jaén ha realizado una mirada fresca y de cerca a esta zona. Al recorrer el terreno, mapear las rocas con gran detalle y analizar cómo se ha desplazado el suelo a lo largo de millones de años, han reescrito la historia de esta falla. Su trabajo revela que la Falla de Moreras no es la estructura gigante y continua que se pensaba anteriormente, sino una zona más corta y distinta que se ha calmado considerablemente en tiempos geológicos recientes.
Los investigadores centraron sus esfuerzos en la Zona de la Falla de Moreras, un área compleja de roca fracturada que recorre el paisaje aproximadamente de este a oeste. Utilizando mapas detallados y fotografías aéreas de alta resolución, trazaron la trayectoria exacta de la falla, midiendo su longitud y anchura con una precisión que no era posible en los sondeos anteriores más amplios. Descubrieron que la zona de la falla tiene unos 23 kilómetros de largo y hasta 2,8 kilómetros de ancho. No es una sola grieta en el suelo, sino una zona compleja compuesta por dos hilos principales paralelos y muchas grietas secundarias más pequeñas que se retuercen y giran entre sí. A medida que los investigadores examinaban las rocas, buscaban "estriaciones", que son surcos pulidos en las superficies de las rocas que actúan como huellas dactilares, mostrando la dirección en la que se movió el suelo cuando la falla se deslizó. Estas marcas, junto con la forma en que las diferentes capas de roca se han desplazado, contaron una historia clara: la falla se ha movido lateralmente, con el terreno de un lado deslizándose al lado del otro en un movimiento de desplazamiento lateral derecho. A lo largo de millones de años, este movimiento ha desplazado la tierra aproximadamente 10 kilómetros.
Uno de los descubrimientos más significativos de este estudio concierne a la conexión de la falla con el mar. Durante años, los geólogos creyeron que la Falla de Moreras continuaba hacia el este bajo el agua, uniéndose a una serie de fallas a lo largo del Escarpe de Mazarrón y el sistema de fallas del Cabo Tiñoso para formar una estructura masiva de 100 kilómetros de largo. El nuevo trabajo de campo, sin embargo, muestra que esta conexión no existe. Los investigadores encontraron que la Falla de Moreras en realidad se detiene abruptamente cuando encuentra otro conjunto de fallas que corren en dirección noreste-suroeste, conocidas como el sistema de fallas de Peñas Blancas. Estas fallas vecinas actúan como un muro, cortando la Falla de Moreras y desplazando su extremo oriental. Además, las fallas encontradas bajo el agua cerca de Cabo Tiñoso corren en una dirección diferente y se comportan de manera distinta a la Falla de Morera, demostrando que son estructuras completamente separadas. Esto significa que la Falla de Moreras es un sistema aislado, de aproximadamente 23 kilómetros de largo, en lugar de ser una pieza de una máquina de terremotos mucho más grande y continua.
El estudio también investigó qué tan activas son estas fallas hoy en día. Si bien la Falla de Moreras fue un actor principal durante el Mioceno, hace millones de años, la evidencia de un movimiento reciente es sorprendentemente escasa. Los investigadores buscaron signos de deformación en las capas más jóvenes de roca, específicamente en los depósitos de grava y arena dejados por antiguos ríos y inundaciones de los últimos cientos de miles de años. Encontraron solo perturbaciones sutiles y menores en algunas áreas pequeñas, principalmente en la parte oriental de la falla. En contraste, las fallas más al norte de la región muestran evidencias mucho más fuertes de actividad reciente y producen terremotos más frecuentes, aunque pequeños. Esto sugiere que el centro de la actividad tectónica en esta parte de España se ha desplazado lentamente hacia el norte con el tiempo. La Falla de Moreras, que alguna vez fue un motor primario del cambio en el paisaje, parece haber disminuido su actividad significativamente, con su movimiento mayormente detenido en los últimos pocos millones de años.
Estos hallazgos tienen implicaciones importantes para nuestra comprensión del riesgo sísmico en la región. Si la Falla de Moreras fuera parte de un sistema continuo de 100 kilómetros, teóricamente podría generar un terremoto muy grande. Al redefinirla como una estructura más corta de 23 kilómetros que ya no es el foco principal del estrés tectónico, el tamaño potencial de un futuro terremoto en esta falla específica se reduce. El estudio no dice que la falla esté completamente muerta; puede seguir moviéndose ligeramente, quizás como una falla inversa donde un lado empuja sobre el otro, pero el masivo deslizamiento lateral que dio forma al paisaje en el pasado ha cesado en gran medida. Los investigadores concluyen que la deformación causada por la colisión de las placas tectónicas se ha desplazado lejos de este arco meridional y hacia la Zona de Cizalla Bética Oriental, al norte. Este nuevo entendimiento, construido mediante la observación cuidadosa de las propias rocas, proporciona una imagen más clara y precisa de las fuerzas geológicas en juego bajo la costa española.
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